Primera Guerra Mundial


Causas:
Introducción: En los siglos XVII y XVIII el escenario europeo tuvo cuatro protagonistas: Inglaterra, Francia, Austria y Rusia. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX se incorporaron otros dos actores, que reclamaban un rol de importancia. Se trata de Italia y Alemania, que lograron, en corto tiempo, un espectacular desarrollo económico y humano. La situación había cambiado en el continente, cosa que no agradaba mucho a las potencias tradicionales como Francia y Rusia, quienes no querían ver su posición disminuida.

La paz armada: 1885-1914
Durante un largo período, entre 1885 y 1914 reinó la “paz armada “en la mayor parte de Europa. La excepción fue la región de los Balcanes, la más oriental de las penínsulas europeas de Mar Mediterráneo. Al mencionado intervalo se le llamó paz armada porque entre las naciones europeas existían muchas rivalidades en materia económica, y las pretensiones colonialistas de unas y otras chocaban en múltiples oportunidades. El auge de los sentimientos nacionalistas en diversas regiones aportaba su cuota de tensión.

Durante el enfrentamiento franco-prusiano de 1870, quedo claro que las batallas no involucrarían sólo a los militares, como ocurría en la antigüedad. Serían naciones completas las que se verían envueltas en la movilización bélica. Los progresos en el campo de las máquinas de combate hacía que la guerra cobrara un rostro cada vez más amenazador, capaz de poner en jaque el porvenir de toda una nación.

Las potencias se vieron embarcadas en la carrera armamentista. Alemania, temerosa de sufrir un ataque francés de revancha, contaba con más de 600 mil hombres de armas a fines del siglo XIX. El ejército francés tenía unos 550 mil soldados, el austriaco casi 400 mil y el ruso superaba el millón trescientos mil efectivos.

A esto hay que sumar el arsenal militar: fusiles, cañones, ametralladoras, acorazados y buques torpederos llenaban el inventario, que cada día lucía nuevas piezas como submarinos, dirigibles y aeroplanos. Como este material bélico debía ser renovado y actualizado permanentemente, absorbía una tajada considerable de los presupuestos de las naciones.

Liderazgo alemán
Otto von Bismarck, canciller alemán, fue la figura más destacada e influyente del período situado entre 1870 y 1890. Los éxitos guerreros habían dado al joven Imperio Alemán la categoría de primera potencia militar en Europa. Sin embargo, este prestigio traía aparejadas algunas dificultades. Francia, derrotada, comenzó a alimentar un hondo resentimiento y un gran deseo de revancha.

Para mantener el liderazgo, Alemania necesitaba contar con buenos aliados. Bismarck usó su formidable genio diplomático, propiciando un acercamiento hacia Austria. Años atrás, en 1866, el ejército prusiano había vencido a los austríacos, pero había tenido el buen tino de no imponer condiciones demasiado humillantes a los derrotados. De esta forma, la Alemania unificada, que contaba con Prusia como núcleo principal, tenía la puerta abierta para entenderse con su antiguo enemigo. En 1872 se celebró una entrevista en Berlín, entre los emperadores Guillermo I de Alemania y Francisco José, del Imperio Austro-Húngaro. También el zar de Rusia, Alejandro II, quiso participar en el encuentro y así nació lo que se conoce como la “armonía de los tres emperadores”. En esta liga, Alemania tuvo el rol predominante y Bismarck, muy satisfecho, declaró que “la Europa reconocía al nuevo imperio alemán como el baluarte de la paz general”.

La disidencia rusa y la “Triple Alianza”
La armonía de los tres emperadores duró hasta que estalló el conflicto en los Balcanes. En la actualidad se encuentran allí los estados de Rumania, Albania, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Kosovo, Macedonia, Bulgaria, Grecia y parte de Turquía.

En 1877, Rusia entró en guerra con los turcos que dominaban la península, logrando la victoria. Tras el enfrentamiento, se firmó el Tratado de Berlín. En dicho acuerdo, a pesar de que Rusia ostentaba la calidad de vencedora, no obtuvo todas las ventajas que esperaba. Durante la conferencia de paz, Bismarck no hizo nada por apoyar las pretensiones rusas. El zar, resentido, acusó a Bismarck de haber “olvidado sus compromisos”. La armonía de los tres emperadores se había trizado.

A partir de ese momento, Bismarck comprendió que debía preocuparse no sólo de Francia, sino también de Rusia. La salida más aconsejable fue reforzar su amistad con Austria, con la que firmó un nuevo tratado secreto, de carácter defensivo. A este pacto se incorporó, posteriormente, Italia, con lo que nació la Triple Alianza, firmada en Viena, el 20 de mayo de 1882.

Alianza entre Francia-Rusia-Inglaterra
Francia y Rusia quedaron aisladas, luego de la constitución de la Triple Alianza.
El astuto canciller alemán Bismarck fue alejado de su cargo en 1890, lo que alegro a Francia y a Rusia, pues le quitaba fuerza a Alemania, donde había subido un nuevo emperador, Guillermo II, que encarnaba la ambición imperialista que alimentaba el pueblo alemán.
Francia y Rusia no tardaron en estrechar sus lazos de amistad. Llegaron así a pactar una alianza en 1892, la cual tenía un carácter puramente defensivo. Inglaterra se adhirió años más tarde, preocupada por el creciente poder de Alemania. Así surgió este segundo pacto conocido como la Triple Entente, o Triple Entendimiento, entre Francia, Rusia e Inglaterra.

El nacionalismo alemán y las guerras de los Balcanes
Los sentimientos nacionalistas eran un elemento importante en el panorama político. Los alemanes consideraban la nacionalidad como la agrupación étnica de los pueblos, aun cuando éstos estuvieran divididos por diversas fronteras políticas. Esto es lo que se conoce como la doctrina del pangermanismo. Pero los alemanes no eran los únicos que alimentaban ideas de este tipo. Entre los rusos existían corrientes similares, las paneslavistas que pretendían unir al Imperio Ruso las naciones eslavas de Europa y los Balcanes.

Los Balcanes y sus pueblos cristianos habían sido dominados durante mucho tiempo por los turcos musulmanes. Turquía se había debilitado y los cristianos ansiaban liberarse.
En 1912, Serbia, Montenegro, Grecia y Bulgaria aunaron sus fuerzas para combatir a los turcos. En tres semanas habían vencido a Turquía. Europa quedó sorprendida con la fulminante derrota turca. Se produjo un vacío de poder que muchos quisieron aprovechar.

Serbia reclamó la zona que hoy es Albania. También Austria tenía pretensiones sobre ese territorio, de modo que se opuso vehementemente a los deseos servios. Para ello contaba con el apoyo de sus aliados alemanes e italianos.

Serbia obtuvo el respaldo de Rusia, que le dio su respaldo y, finalmente, los países balcánicos se dieron cita en Londres para dictar la paz a Turquía.

Bulgaria decidió tomar la iniciativa de apoderarse del territorio sin dueño y sin previo aviso atacó a Grecia y Serbia, dando comienzo a la segunda guerra balcánica.

Alemania y el Imperio Austro-Húngaro brindaron sus simpatías a Bulgaria, mientras Rusia y Francia se inclinaron por Serbia. El conflicto acabó con la derrota búlgara. La paz se firmó en Bucarest, en agosto de 1913.

El Tribunal de La Haya
Hacia fines del siglo XIX, el zar Nicolás II de Rusia invitó a los representantes de 26 gobiernos, que se dieron cita en la ciudad de La Haya (Holanda) para buscar la forma de reducir los armamentos. Esta conferencia internacional se realizó en 1899 e instituyó un tribunal permanente de arbitraje, ante el cual se han ventilado muchos casos y que continúa vigente hasta nuestros días.

Estas iniciativas pacifistas no fueron suficientes para evitar que los países recurrieran al viejo método de la violencia.

Asesinato, en Sarajevo, del heredero al trono de Austria
Francisco Fernando (sobrino del emperador Francisco José y heredero del trono de Austria-Hungría) había viajado a los Balcanes para participar en las maniobras militares del ejercito austríaco en Bosnia, territorio de población eslava anexionado por Austria en 1908.
El 28 de junio, ya finalizadas las maniobras, el archiduque y su esposa asistieron a una ceremonia en la alcaldía de Sarajevo, capital de la provincia de Bosnia. Cuando el cortejo que lo acompaña cruzaba la ciudad en dirección a ese lugar, un nacionalista servio infiltrado en Bosnia lanzó una bomba contra el carruaje que lo conducía, pero sólo dañó al coche que iba tras el del archiduque. El agresor fue detenido mientras gritaba: “¡Soy un héroe, soy un héroe!”

En la alcaldía, durante la ceremonia, el alcalde leyó un discurso donde cantó la lealtad de los bosnios al imperio. El archiduque no se contuvo y le interrumpió: “¿Cómo? ¡Vengo como visitante y se me recibe con bombas! ”

Para prevenir otro atentado, se cambió la trayectoria de regreso de Francisco Fernando. A pesar de ello, otro nacionalista servio disparó contra el archiduque y su esposa, logrando su cometido mortal. El crimen fue obra de un grupo terrorista servio conocido como “La Mano Negra”, cuya cabeza principal era el jefe del Servicio de Inteligencia del Estado Mayor servio.
Sarajevo recibió la noticia del atentado con estupor, sin alegrarse por la muerte del archiduque. Tanto fue así que el asesino casi fue linchado por la multitud, debiendo ser rescatado por la policía. En Viena, la noticia fue recibida con alivio, pues nadie quería al archiduque. Hasta muerto, el odio de la corte se ensañó con él. Como último gesto de menosprecio, se le organizó “un entierro principesco de tercera clase”.

Acontecimientos

Introducción: El asesinato de Francisco Fernando, heredero del trono del Imperio Austro-Húngaro, cometido por simpatizantes de los eslavos del sur, fue, para los gobiernos de Austria y Alemania, pretexto para la guerra, encaminada a afirmar la influencia de Austria en los Balcanes.

Los Balcanes se caracterizan por una gran complejidad política, étnica y religiosa. Serbia se esforzó en prevalecer la unión de sus pueblos eslavos del sur (o yugoslavos) y controlar el territorio situado entre el Mar Negro y El Mar Mediterráneo
Las aspiraciones de Austria-Hungría se opusieron a las de Rusia: el imperio trató de llegar a Salónica. Con esta intención ya se anexó Bosnia-Herzegovina en 1908. La casa de Habsburgo temió los proyectos servios, que pondrían en peligro la integridad de sus dominios y le obstaculizarían la ruta del mar Egeo.

El 23 de julio, el gobierno austro-húngaro envió al de Serbia una serie de demandas humillantes, con la amenaza de invadirla si no eran aceptadas al término de 48 horas. Los servios aceptaron las severísimas condiciones de Austria, excepto dos, que habrían significado el fin de su independencia. Sin embargo, estuvieron dispuestos a someter esos dos puntos al Tribunal Internacional de La Haya.

Austria rechazó la respuesta de Serbia, y el 28 de julio de 1914, le declaró la guerra. El sistema de alianzas militares entró en funcionamiento. Rusia ordenó la movilización de sus ejércitos contra Austria, por afinidad con sus hermanos eslavos. Alemania, aliada del Imperio Austro-Húngaro, pidió a Rusia que detuviera sus maniobras contra Francia, en la que se concentraría el máximo de fuerzas disponibles para lograr rápidamente una victoria que permitiera al ejército dirigirse contra Rusia.

El plan fue ejecutado por el general Helmuth von Moltke, que dejó al ejército austríaco encargado de contener a los rusos en el frente oriental y dirigió la mayor parte de sus tropas contra Francia. El ejército francés, al mando del general Joseph-Jacques-Césaire Joffre, se dispuso a su vez a aplicar el plan XVII, contraataque centrado en el Marne.

El Continente en llamas
La Primera Guerra Mundial duró 4 años; desde 1914 hasta 1918, y se debió básicamente a la superproducción industrial europea y al nacionalismo fanático. El enfrentamiento puso término a un largo período de tranquilidad conocido como la “paz armada”, que descansaba sobre dos cimientos: el potencial bélico y una intrincada red de pactos secretos entre los Estados. Iniciada por consideraciones de seguridad nacional y de prepotencia individual, terminó siendo un conflicto ideológico entre países agrupados llamados “frentes”, con una visión democrática del mundo, e imperios hostiles a estos ideales.

Los escenarios principales son: el del Oeste, con la lucha entre los Aliados (Alemania y Austria-Hungría) y los miembros de la Entente (Francia, Gran Bretaña, Rusia y Serbia), y el del Este, o el conflicto germano-ruso.

Luego de cuatro años de sufrimiento, que dejaron por lo menos diez millones de muertos y más de veinte millones de heridos, se alcanzó una paz inestable, que llevaba en su seno los gérmenes de la Segunda Guerra Mundial.

Ofensiva alemana
El 1º de agosto de 1914, Alemania declaró la guerra a Rusia, aliada de Serbia.
El 2 de agosto, las tropas germanas entraron en territorio francés, aunque la guerra fue declarada al día siguiente. La actitud adoptada por Gran Bretaña en el conflicto se decidió por el comportamiento de Alemania frente a Bélgica.

Alemania estaba obligada a respetar la neutralidad de Bélgica en cualquier guerra europea. Los franceses, en la creencia de que no podían ser atacados por ese lado, no tenía protegida su frontera belga con defensas tan fuertes como las construidas en la frontera alemana.
El plan de campaña germano consistía en cruzar Francia antes de que los rusos se aprestasen a entrar en lucha, y el camino más fácil para lograr este objetivo pareció ser la invasión de Francia a través de Bélgica.

El 4 de agosto Alemania invadió Bélgica, la que, se suponía, iba a ser derrotada en corto plazo. El rey de los belgas pidió la protección británica y el gobierno inglés envió un ultimátum a Alemania, amenazando ir a la guerra si los alemanes rehusaban dar una garantía de que respetarían la neutralidad de Bélgica. Como respuesta, Alemania entregó sus pasaportes al embajador británico, y el 4 de agosto, a medianoche, se entró en conflicto.

El 20 de agosto de este año, los alemanes entraron en Bruselas y tomaron Namur. En un principio, franceses, ingleses y belgas retrocedieron. Los alemanes llegaron a tan corta distancia de París, que el gobierno francés debió trasladarse a la ciudad de Burdeos.
El 23 de Agosto, Japón declaró la guerra a Alemania y atacó sus intereses en China. En octubre, los turcos entraron a la guerra en favor de los imperios centrales.

El 6 de septiembre, batalla de Marme, cuando la balanza parecía inclinarse del lado alemán, los soldados franceses, al mando del comandante Joffre, detuvieron la ofensiva enemiga gracias a los refuerzos enviados en los taxis de Paris, utilizados para transportar las tropas. Esto frustró el plan germano, pues retrasó su avance en la frontera francesa. Los rusos invadieron las provincias alemanas del oriente en los primeros días de la guerra.

Guerra de las Trincheras. Frente occidental
A fines de 1914, el frente del Oeste era una larga franja que se extendía desde Suiza al Mar del Norte, frente a las costas de Inglaterra. Acababa de empezar la guerra de trincheras que, durante tres años, consumiría hombres, dolor y municiones.

Separados a veces por una franja, a un lado y a otro del río Aisne, a lo largo de 500 Km, conocida como “tierra de nadie”, las tropas enemigas permanecieron meses y meses observándose, hostilizándose, avanzando unos pocos kilómetros al costo de miles de muertos que se podrían en el barro y millares de proyectiles gastados, para retroceder luego a los puntos originales.

El 22 de abril de 1915, los alemanes estrenaron un arma desconocida: los gases asfixiantes. Seis mil cilindros con gas cloro, venenoso, fueron lanzados contra las posiciones francesas. Una nube verdosa, de tres kilómetros de longitud y treinta metros de altura, avanzó empujada por el viento, arrastrándose a ras del suelo e invadiendo las trincheras.

Los hombres empezaron a caer en medio de terribles dolores. Se practicó la autopsia a los cadáveres de las víctimas, para ver los efectos de los gases: “edemas pulmonares que acarrean una muerte atroz” fue el dictamen de los médicos.

Tan pronto como pasaron los efectos de la nube, los alemanes se lanzaron al ataque de las posiciones francesas, conquistando algunos pequeños pueblos. Pero en cuanto el aire estuvo limpio, los franceses contraatacaron y recuperaron lo perdido.

Como producto de este tipo de ataques, miles de hombres encontraron la muerte, con los pulmones destrozados; otros quedaron ciegos y con los ojos desorbitados.

1915 será también el año de la aviación, de los zeppelines y el de las primeras experiencias con un extraño aparato que luego se popularizaría en los arsenales bélicos: el tanque.
En 1915, Italia, asociada con Alemania y Austria, se unió a la Entente y luego declaró la guerra a Austria. El avance italiano hacia el este pronto fue detenido, lo que supuso el inicio de una guerra de trincheras en torno al río Isonzo. Pero los imperios centrales consiguieron un nuevo aliado: Bulgaria. Serbia, motivo inicial del conflicto, cayó, junto a Montenegro, en manos de los ejércitos imperiales.

En 1916 tuvieron lugar dos grandes luchas en el frente occidental:

Los alemanes al frente del comandante Falkenhayn, intentaron tomar los fuertes franceses de Verdún; fueron contenidos antes de lograr sus propósitos. Sin embargo, perseveraron. La Batalla de Verdún duró desde el 21 de febrero a junio de 1916. En ella murieron, aproximadamente, 700.000 personas.

La ofensiva de la Entente empezó con un ataque franco-británico en la región del Somrne. La primera Batalla del Somrne se libró desde junio hasta septiembre de 1916. Las fuerzas franco-inglesas avanzaron con demasiada lentitud para alcanzar un resultado decisivo. Murieron, aproximadamente, 1.100.000 personas.

De enero a mayo de 1917, la estrategia aliada en el frente occidental consistía en que el ejército británico hiciese ataques preparatorios, reservándose a los franceses una ofensiva mayor en la región de Champagne. La batalla de Arrás, con la que se inició la ofensiva británica el 9 de abril de 1917, fracasó totalmente, y los aliados adoptaron una estrategia defensiva elaborada por Pétain

Guerra en el frente oriental
Desde fines de 1914, demostrada la inviabilidad del plan de Schlieffen, Falkenhayn vio la conveniencia de desarrollar las operaciones en el frente oriental. Los alemanes se mantuvieron, en general, a la defensiva en el frente occidental y concentraron sus esfuerzos contra los rusos.

En el frente oriental, el ejército ruso se dirigió al este de Prusia. Allí los generales A.V. Samsonov y P.K. Rennenkampf derrotaron al ejército austríaco.

Los generales alemanes Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff lograron una gran victoria sobre el ejército ruso en las batallas de Tannenberg (26 de agosto de 1914) y de los lagos Masurianos (febrero de 1915), obligando a los rusos a retirarse en una línea que iba desde el mar Báltico hasta Chernovtsi, en la frontera rumana.

El imperio Otomano (Turquía) entró en la guerra el 10 de agosto de 1914, al acoger en sus aguas territoriales a dos barcos de guerra alemanes.

A comienzos de 1915, los rusos, amenazados por los turcos en el Cáucaso, pidieron a los británicos una acción rápida contra Turquía. En el Reino Unido, y poco después en Francia, se aprobó el plan de ataque de Winston Churchill. En febrero, una expedición naval tomó las fortalezas situadas en la entrada de los Dardanelos. Sin embargo, los turcos resistieron en el interior, con lo que también aquí se estabilizó el frente.

En 1916, los rusos derrotaron a los turcos y a los austríacos librando a los italianos de una poderosa ofensiva de estos últimos. Pero antes de finalizar el año, las potencias centrales obtuvieron un gran éxito con la conquista de Rumania, unida a la Entente en agosto.

Entrada de los Estados Unidos y retirada de Rusia.
Hasta 1916 la forma en que se agrupaban los dos lados en guerra no permitía deducir ninguna consecuencia ideológica clara. Los estados parlamentarios y democráticos (Gran Bretaña, Francia y Bélgica) estaban aliados al más reaccionario de todos los imperios dinásticos (la Rusia zarista). A su vez, Alemania tenía por aliados a Hungría, a su antiguo enemigo y rival, Austria, y a su víctima en potencia, el Imperio Turco.

En 1917 se produjeron dos hechos que permiten hablar de un conflicto de ideologías: el retiro de Rusia de la Entente, y el ingreso de los Estados Unidos a este grupo. Desde este momento, la guerra se trató como un conflicto entre las potencias occidentales marítimas, que también eran potencias coloniales con visión democrática, y las potencias dinásticas centrales hostiles a los ideales democráticos.

En abril de 1917, Estados Unidos declaró la guerra a Alemania.
En 1917, Francia e Inglaterra habían planeado un ataque simultáneo en el Este y el Oeste. Pero la situación cambió totalmente de aspecto por el estallido de la Revolución Rusa, que culminó con el ascenso al poder del grupo de bolcheviques encabezado por Lenín. Este firmó con Alemania el tratado de paz de Brest-Litovsk, separándose de la Entente y dedicando sus esfuerzos a solucionar los problemas del frente doméstico.

El retiro de Rusia alteró el aspecto general de la guerra en Europa. Alemania pudo retirar fuerzas del frente este y trasladarlas al frente oeste para reforzar su línea de defensa. Durante el resto del año se sucedieron una serie de acciones que no variaron la situación de los contendientes. La acción más “afortunada”, librada por la Entente en el oeste, fue un ataque por sorpresa contra las posiciones alemanas cerca de Cambrai (Francia). En este ataque, los ingleses emplearon, por primera vez, los tanques.

Los turcos, entretanto, comenzaban a desmoronarse aceleradamente por el levantamiento de los pueblos árabes, acaudillados por el aventurero oficial inglés Thomas Edwards Lawrence, mejor conocido como Lawrence de Arabia.

En 1918, los alemanes, desentendiéndose del frente ruso, volcaron la mayor parte de sus tropas al frente occidental, tratando de obtener una victoria decisiva antes de que llegaran los refuerzos americanos.

Alto al fuego
En julio de 1918, cuando comenzaron a llegar los contingentes de ultramar, la suerte se volvió en contra de Alemania. Las tropas de la Entente empezaron a presionar en todos los frentes. Las plazas trabajosamente ganadas por los germanos fueron cayendo una a una en manos de sus adversarios. Los países que apoyaban a Alemania comenzaron a desmoronarse: Bulgaria se rindió y Turquía pidió la paz.

El 3 de noviembre, Austria se sometió a la paz impuesta por los socios de la Entente.

La situación de Alemania es desesperada: la flota se subleva, la revolución estalla en Baviera. El 10 de noviembre de 1918, el emperador Guillermo II abdica y huye a Holanda. El 11 de noviembre, los mismos alemanes firman en Francia el armisticio dictado por los vencedores. Este es el fin de la Primera Guerra Mundial.

Consecuencias de la primera guerra:

Políticas-Geográficas:
Desaparecieron el imperio de Austria-Hungría y el imperio turco. Surgieron los estados de: Yugoslavia, por la unión de Serbia, Montenegro y los territorios eslavos separados de Austria-Hungría; Checoslovaquia, integrado por los territorios de Bohemia, Eslovenia y otros territorios de Austria-Hungría.
Polonia resurgió uniendo su territorio repartido en siglos anteriores entre Alemania, Rusia y Austria. En los territorios que Rusia perdió en 1917, se formaron Repúblicas nuevas: Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania.
Italia se anexa la península de Istria antes en poder austriaco. Las posesiones Alemanas en el Lejano Oriente y el Pacífico pasaron al poder de Japón, Estados Unidos y Gran Bretaña.
Desaparecieron dinastías europeas como: los Romanov en Rusia, los Hohenzollern de Alemania y los Habsburgo de Austria. En Turquía fue destronado el Sultán y el país se convirtió en república.
Estados Unidos se afianzó como gran potencia mundial. Gran Bretaña conservó la supremacía marítima y Francia aumentó su poder.

Económicas y sociales:
Durante la guerra las mujeres tuvieron que reemplazar a los hombres en las oficinas y en las fábricas, esto les concedió derecho al voto y a ser consideradas dentro del parlamento en Gran Bretaña y otros países. Desde entonces la mujer participa en los estudios, las profesiones y la política.
Los obreros de los países vencidos y vencedores obtuvieron el reconocimiento de sus derechos y reducción de la jornada de trabajo. Se creó la Organización Internacional del trabajo (OIT).
Por lo menos hubo 10 millones de muertos y 24 millones de heridos. El investigador José Fernando Aguirre, en su obra “La Gran Guerra y la Revolución Rusa”, consigna que las pérdidas se evalúan en 37 millones 508 mil 686 soldados (entre muertos y heridos), cifra a la que hay que agregar 12 millones 618 mil civiles.
Se calcula que durante la Primera Guerra Mundial los países en conflicto movilizaron unos 65 millones de soldados.
La guerra exaltó el desprecio por la vida humana, desorganizó la familia y las clases sociales, acrecentó la criminalidad, el escepticismo y el goce de vivir, todo lo cual condujo al desorden moral.
Los gastos en armamentos provocaron una enorme inflación que desvalorizó la moneda, favoreció la especulación y el encarecimiento de la vida.
Los mayores esfuerzos de los hombres de ciencia se gastaron en estudios y trabajos destinados a aumentar la eficacia de la aviación y del armamento, así como de las maquinarias industriales y agrícolas.
Los gobiernos tuvieron que multiplicar sus intervenciones en la economía, para controlar los precios del arsenal armamentístico en manos de grandes grupos capitalistas, lo que constituyó la negación del sistema económico liberal hasta entonces dominante en Europa.
Los enormes ejércitos que se crearon entonces y que habituaron a los hombres a la disciplina, y los modernos y poderosos medios de propaganda, tendieron a formar una verdadera psicosis de masas.
Se aumentó la exaltación de los sentimientos nacionalistas y en los países coloniales no tardaron las agitaciones contra sus dominadores europeos.
Los vencedores decían haber hecho la guerra para imponer la democracia y la libertad. Pero en muchas naciones el régimen constitucional fue reemplazado por gobiernos autoritarios: nazismo alemán, fascismo italiano, comunismo ruso, dictaduras húngaras, yugoslavas, españolas, polaca, turca y otras.


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