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La edad media tardía: crisis y desintegración del siglo XIV

02/07/2009 | Sin Comentarios | Archivado en Historia de la Civilizacion por Benny

Si bien los siglos once, doce y trece dieron lugar a un despliegue de innovaciones económicas, sociales, políticas, religiosas, intelectuales y culturales, el siglo siguiente se caracterizó por su conflictividad: la plaga, la hambruna, la depresión económica, la guerra, el descontento social, el aumento del crimen y de la violencia y la disminución del poder de la Iglesia Católica fueron signos de la desintegración por la que atravesaba Europa.

Una época de disturbios: Muerte negra y crisis social
Luego del momento de prosperidad, buenas cosechas y aumento de la población del siglo XIII, hacia fines del mismo y comienzos del siglo XIV, Europa experimentó una serie de cambios climáticos que devinieron en la destrucción masiva de las cosechas y por lo tanto enana hambruna común a todo el continente. La acción devastadora de los cambios climáticos se vio agravada por el enorme incremento de la población ocurrido durante el siglo XIII, que llevó al límite de incorporación de nuevas tierras de cultivo, pero que no fue acompañado por un aumento de la producción agrícola ni en la invención de nuevas tecnologías. Por otra parte, también fue un fenómeno característico la migración desde las áreas rurales superpobladas hacia las ciudades, donde la cantidad de personas pobres aumentó en gran medida. A su vez, la hambruna provocó la desnutrición general y, por lo tanto, una mayor mortalidad infantil, una tasa menor de nacimientos y una mayor proclividad a las enfermedades, sinónimos de la disminución de la población durante el siglo XIV. Esta situación propició la acción devastadora de la plaga de peste bubónica a la que se llamo Muerte Negra, la que terminó por aniquilar el 25% al 50% de la población. Esta plaga se originó en Asia Central y se cree que se propagó tanto debido a la expansión de los mongoles por Asia, como por los cambios ecológicos que provocaron que los roedores de Asia Central emigraran hacia el oeste, portando con ellos el bacilo de la plaga. Existe consenso general acerca de que comenzó en Europa cuando los mercaderes genoveses la trajeron desde Medio Oriente a la isla de Sicilia en el mes de Octubre de 1347. Por lo general, la difusión de la peste siguió las rutas comerciales, por lo que Italia, al ser el centro comercial del Mediterráneo, fue particularmente azotada. En 1348, la plaga se extendió por toda Francia y por los Países Bajos, llegando a Alemania; Inglaterra fue asolada en 1349 y a fines de ese año llego hasta el norte de Europa y Escandinavia; en 1351, llegó hasta Europa Oriental y Rusia. Sin embargo, hubo importantes brotes posteriores en los años 1361-1362 y 1369 y hubo recurrencias cada 5 o 6 años durante los siglos XIV y XV.
Los desastres provocados por la plaga desataron reacciones psicológicas extremas como el ascetismo: grupos de flagelantes, particularmente populares en Alemania en 1348, que se azotaban para lograr que el perdón divino pusiera fin a la plaga. También hubo quienes entregaron a vivir el instante presente, considerando próxima su muerte. A finales de 1350 la mayor parte de los movimientos de flagelantes había sido destruida tras haber sido condenadas por el Papa Clemente VI en 1349. La Muerte Negra también estuvo acompañada por un brote virulento de antisemitismo que se tradujo en grandes masacres y persecuciones y migraciones de los judíos de Europa hacia Rusia y Polonia, debido a que se los acusaba de ser los causantes de la plaga.

Dislocación económica y levantamiento social
La gran mortandad provocó, por otra parte, la escasez de mano de obra y un consiguiente aumento en su precio. Además, la disminución de la población hizo bajar o estabilizó la demanda de productos agrícolas, lo que provocó que los precios se mantuvieran constantes o que bajaran. Esta situación hizo que las ganancias de los terratenientes comenzaran a disminuir. Para contrarrestar esto, algunos terratenientes diversificaron la producción de sus tierras y otros recurrieron a la monarquía y a otros aristócratas para que aprobaran una legislación que disminuyera artificialmente los salarios. Al mismo tiempo, la disminución de número de campesinos aceleró el proceso de conversión de los servicios de trabajo en alquileres, lo cuál liberó a los campesinos de las obligaciones de pertenencia servil y, a la vez, debilitó al sistema señorial.
Revueltas campesinas: En 1358, en el norte de Francia estalló una revuelta campesina, conocida como la Jacquerie, cuyos factores de origen se encuentran en la dislocación económica provocada por la Muerte Negra y la Guerra de los 100 años. Si bien la Jacquerie fue producto de la desesperación del campesinado, estuvo muy vinculada a las ambiciones políticas de los ciudadanos de París, descontentos con la conducción de la guerra y deseosos de limitar el poder monárquico. Sin embargo, ésta revuelta pronto sucumbió debido a la represión salvaje por parte de las clases privilegiadas. No obstante, la más famosa fue la Revuelta Campesina Inglesa en 1381, originada por la presión ejercida por la monarquía al intentar crear un impuesto fijo para los miembros adultos de una determinada población, en virtud de que los campesinos ingleses habían visto aumentar sus ingresos después de los efectos de la Muerte Negra. Durante los años previos, se habían logrado imponer tales impuestos, pero el último fue enfrentado por una rebelión de los campesinos del este de Inglaterra, que luego se transformó en un levantamiento generalizado, tanto de los campesinos como de los habitantes de las ciudades. Si bien fue inicialmente exitosa, la revuelta fue aplastada brutalmente por el Rey Ricardo II (con ayuda de la aristocracia), traicionando a los campesinos a los que les había prometido el fin de la servidumbre a cambio de que regresaran a sus casas.
Revueltas en las ciudades: Los efectos económicos de la Muerte Negra variaron de sector en sector y de región en región. La actividad comercial decreció debido a la súbita de la demanda y al consiguiente excedente de bienes; a la vez, la mayoría de las industrias padecieron un gran declive. Sin embargo, Inglaterra aumentó su producción de lana después de la peste y comenzó a exportar ropa de lana. Además, las industrias de lujo florecieron temporalmente ya que los sobrevivientes a la peste experimentaron al comienzo un aumento de riqueza adquirida mediante herencias, y solían gastarla en bienes suntuarios; los precios aumentaron, al igual que los salarios de los artesanos. Los mercaderes burgueses y los manufactureros respondieron a la adversidad de manera semejante a los nobles, tratando de reducir la competencia (imponiendo mayores restricciones para formar parte del gremio) y resistiendo las exigencias de las clases bajas. Las revueltas industriales estallaron en las áreas urbanas de Europa, en donde los capitalistas industriales pagaban bajos salarios y evitaban que los trabajadores formaran organizaciones de ayuda mutua; la más famosa de todas fue la de los ciompi, los trabajadores de la industria de la lana de Florencia, en 1378, que si bien obtuvieron momentáneamente el derecho a formar gremios y a tener representación en el gobierno, luego perdieron éstos logros.
Las revueltas urbanas y rurales del siglo XIV tuvieron varios elementos en común. Como resultado de la Muerte Negra, tanto los trabajadores de las ciudades como los campesinos habían logrado algunas mejoras básicas en los salarios. Las clases privilegiadas (terratenientes nobles o burgueses adinerados) deseaban conservar sus antiguas ventajas y negaban a los campesinos y trabajadores sus recientes ganancias. Estos simplemente contraatacaron. Lo hicieron en una época en que la ley y el orden normal estaban quebrantados como resultado del cataclismo provocado por la plaga. Si bien los levantamientos fueron aplastados con facilidad y sus logros se perdieron con rapidez, debido en gran parte a la dispersión geográfica de los mismos y a la falta de metas comunes de largo alcance, introdujeron una época de conflicto social que caracterizó a la mayor parte de la historia europea posterior.

Guerra e inestabilidad política
Otro de los problemas por los que atravesó Europa durante el siglo XIV fueron la inestabilidad política y la guerra. De todas las guerras que se libraron en este siglo, la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra fue la más famosa y violenta y consistió en una dilatada serie de conflictos con interludios de paz. Esta guerra marcó la transición del uso de los tradicionales ejércitos feudales al reclutamiento de mercenarios contratados por los monarcas. Además, la duración de palucha desarrolló el nacionalismo cultural que permitió a la monarquía francesa consolidar su posición en Francia.
Fueron varios los factores que contribuyeron al comienzo de la guerra. El rey inglés, además de ostentar éste título, también era duque de Gasconia, región de Francia; por lo tanto, al ser vasallo del rey de Francia debía soportar las intromisiones en el gobierno de su ducado por parte de los funcionarios reales franceses. El segundo factor fueron las revueltas urbanas en Flandes, que colocaron a los artesanos en competencia con los mercaderes acaudalados y en peligro de no continuar con las importaciones de lana inglesa; con la intervención del rey francés a favor de los mercaderes, el rey inglés, ante la amenaza, apoyó a los artesanos Flamencos. Las noblezas de ambos reinos acompañaron a sus gobernantes, incentivados por la promesa de saqueos y ganancias territoriales.
La Guerra de los Cien Años fue un quiebre definitivo con la forma de vida feudal, que ya estaba declinando. Esto fue particularmente evidente en la conformación de los ejércitos: mientras que los nobles franceses desdeñaban a la infantería y la arquería conformadas por campesinos, considerándose a sí mismos (la caballería) la elite guerrera, el ejército ingles, además de la caballería pesada, había incluido campesinos como arqueros y como soldados de infantería pagos.
La inestabilidad no solo se vio en las relaciones internacionales, sino también en la política interna de los gobiernos europeos: al crecimiento de las burocracias gubernamentales y el conflicto provocado por la cuestión de quién debía manejarlas, se sumó el colapso general y las instituciones feudales habituales. La relación que había entre el señor y el vasallo, basada en la tierra y el servicio militar, estaba siendo reemplazada por un contrato basado en el dinero. A medida que las relaciones entre el señor y el vasallo eran menos personales y menos importantes, comenzaron a formarse nuevas relaciones, basadas en las ventajas políticas, lo cuál abrió nuevos caminos a la influencia política así como a la corrupción. Fue especialmente notoria la formación de facciones de los nobles que buscaban oportunidades para acrecentar su poder y riqueza (sus rentas estaban bajando), a expensas de otras facciones de nobles, así como a costa de su monarca. Por otra parte, las dinastías del siglo XIV parecían incapaces de engendrar herederos varones directos, lo cuál dio pie a las pugnas por el acceso al trono en los diferentes reinos europeos y al nacimiento de nuevas dinastías. Además, los problemas financieros acuciaban a los reyes en parte debido al pago a los mercenarios, de modo que al intentar generar nuevas fuentes de ingresos mediante impuestos, debían acudir a los parlamentos, lo que, a su vez, le dio más poder es éstos últimos, que solicitaban primero favores.
Inglaterra: Durante el reinado de Eduardo III (1327 – 1377), el parlamento inglés desarrolló su estructura y funciones básicas y creció en importancia, debido principalmente a que el rey delegó en él la recaudación de nuevos impuestos; a cambio hizo varias concesiones, incluyendo el compromiso de no recaudar impuestos directos sin la autorización del parlamento y el de permitir que comités del mismo examinaran las cuentas gubernamentales. En ésta época el parlamento inglés comenzó a establecer la estructura organizacional que ha mantenido hasta la actualidad. El Gran Consejo de Barones se transformó en la Cámara de los Lores, cuerpo compuesto por los principales abades y obispos del reino y por los nobles, cuya posición en el parlamento era hereditaria. También se creó la Cámara de los Comunes, compuesta por los representantes de los condados y municipios y considerada de menor importancia. Ambas cámaras conformaban el parlamento. La Cámara de los Comunes comienza a redactar peticiones que, luego de ser aprobadas por los Lores y por el rey, se convertían en leyes; esto se convirtió en precedente del papel de los Comunes en tomar la iniciativa en la legislación. Además se establecieron los jueces de paz, funcionarios designados por el rey entre los nobles y la baja aristocracia, quienes llegaron a ejercer la administración de la justicia en sus condados y alcanzaron a ser los principales poderes del gobierno local.
A la muerte de Eduardo III, le sucedió Ricardo I (1377 – 1399), cuyo reinado se caracterizó por la inestabilidad. La violencia y las luchas entre facciones. Cuando el rey intentó establecer el poder absoluto y centralizado, se produjo una revuelta de los barones que, luego de derrotar a las fuerzas reales y convocar a una sesión del Parlamento, logró deponer al rey y coronar a enrique de Lancester, quién se convirtió en Enrique IV (1399 – 1413) y fundó una nueva dinastía. Aunque probó ser un gobernante competente, las facciones de nobles se sublevaron nuevamente; en el siglo XV éste conflicto culminó en una guerra civil conocida como la Guerra de las Rosas.
Francia: A comienzos del siglo XIV Francia era la monarquía más próspera y mejor gobernada de toda Europa. No obstante, a fines de ese mismo siglo, gran parte de su riqueza se había desvanecido y las facciones aristocráticas rivales habían impedido un gobierno monárquico eficaz. A pesar de que los Capeto habían logrado aumentar su control sobre el reino mediante un sistema burocrático fuerte, los diversos territorios feudales que conformaban Francia todavía conservaban sus propios principios, costumbres y leyes. Esto era visible en la conformación de los Estados Generales (parlamento francés compuesto por el clero, la nobleza y el Tercer Estado -todos los demás-), que solía representar solo al norte de Francia, mientras que en el sur existían otros tantos parlamentos. Con la Guerra de los Cien Años, se crearon nuevos impuestos sobre la clase media y los campesinos para solventar los gastos; por lo tanto, cuando se hicieron necesarios nuevos impuestos para pagar el rescate del rey Juan II, los habitantes de clase media de las ciudades trataron de utilizar Estados Generales para reformar el gobierno francés y el sistema de impuestos. Luego de un intento fallido del Tercer Estado de dar mayor importancia a los Estado Generales en las decisiones políticas de trascendencia, con la coronación de Carlos V como rey (1364 – 1380) los poderes monárquicos volvieron a ser firmes, socavando el papel de los Estados Generales, quienes le concedieron recaudar impuestos sin límite fijo de tiempo. Sin embargo, la anarquía comenzó en 1380 con la muerte de Carlos V. La locura de su sucesor, Carlos VI (1380 – 1422), incitó a las facciones de nobles franceses aspirantes al poder a enfrentarse: los duques de Orleáns y de Borgoña competían para controlar a Carlos y a la monarquía. A comienzos del siglo XV, Francia se encaminaba a una guerra civil; con la reiniciación de la Guerra de los Cien Años en 1415, los borgoñeses apoyaron a los ingleses y sus aspiraciones al trono francés.
Alemania: A diferencia de Francia e Inglaterra, el Sacro Imperio Romano Germánico comenzó un período de desintegración ya en la Alta Edad Media, después del gobierno de los Otones. El norte de Italia había quedado libre del control imperial desde el fin de la dinastía Hohenstaufen en el siglo XIII- En la propia Alemania, el fracaso de los Hohenstaufen puso fin a la idea de una monarquía centralizada, de modo que Alemania se convirtió en una tierra de cientos de pequeños estados prácticamente independientes, que incluían estados principescos (como los ducados de Bavaria y de Sajonia), ciudades-estado imperiales libres (como Nuremberg), pequeños territorios de caballeros imperiales y estados eclesiásticos (como el arzobispado de Colonia). La monarquía germana se fundó sobre una base electiva, mas que hereditaria, pero el principio de elección se hizo uniforme recién en 1356 mediante la Bula dorada, proclamada por el emperador Carlos IV (1346 – 1378), eliminando cualquier influencia papal en la elección del emperador. Sin embargo, éste principio hizo débiles a los reyes alemanes y su capacidad para ejercer un poder efectivo dependía de la extensión de sus posesiones familiares. En el siglo XIV, dos familias diferentes ostentaban el titulo de emperador, a comienzos del siglo XV, tres emperadores pretendían el trono. De modo que Alemania entró en el siglo XV en una situación casi de anarquía: los príncipes luchaban entre sí y contra las ciudades; y en la práctica, los emperadores carecían de poder para controlarlos.
Italia: También Italia Fracasó en el siglo XIV en el desarrollo de un estado monárquico centralizado, especialmente por la oposición papal al gobierno de los Hohenstaufen en el norte de Italia. El sur estaba dividido en el reino de Nápoles (gobernado por los Anjou) y Sicilia (gobernada por los Aragón); el centro siguió bajo el control del papado, mientras que en el norte numerosas ciudades-estado permanecían independientes de cualquier autoridad política. De ésta forma reinaba la anarquía y se sucedían las guerras por el dominio de las rutas comerciales u otras ventajas comerciales; mientras, dentro de las ciudades, las clases y los partidos luchaban por el control del gobierno. En éste marco pueden verse dos tendencias generales a lo largo del siglo XIV: la sustitución de los gobiernos republicanos por los tiranos, y la expansión de las ciudades-estado más grandes a costa de las menos poderosas.
Casi todas las ciudades-estado del norte de Italia comenzaron como comunas libres con gobiernos republicanos, pero en el siglo XIV estuvieron sujetas a intensas luchas internas provocadas por la rivalidad entre los grupos socio-económicos. Para mantener el orden, las ciudades establecieron el gobierno de un solo hombre, por un tiempo limitado, pero con poderes dictatoriales, llamados podestá. Sin embargo, éste gobierno devino en despotismo de larga duración, en el que los tiranos intentaron legitimar su poder comprando títulos al emperador del sacro Imperio. Otro cambio importante fue el desarrollo de estados regionales a medida que los estados más extensos se ampliaban a expensas de los más pequeños. Para las batallas, las ciudades-estado dependían de soldados mercenarios, cuyos líderes llamados condottieri vendían los servicios de sus bandas al mejor postor, de modo que cuando no luchaban en las guerras, se dedicaban al chantaje y al saqueo. A finales del siglo XIV y comienzos del siguiente, los estados de Milán, Florencia y Venecia dominaron la parte norte de Italia. Milán, situada en el cruce de las rutas principales provenientes de la costa italiana que se dirigían a los Alpes, fue una de las ciudades-estado más ricas de Italia. La constante rivalidad entre los nobles y la acaudalada clase de los mercaderes, permitió que una familia llamada Visconti acrecentara su poder, estableciéndose en 1322 como déspotas hereditarios de Milán y extendiendo su poder sobre toda la región de Lombardía. Florencia inicialmente estuvo dominada por una clase patricia de nobles, pero gracias al florecimiento comercial de la ciudad, se desarrolló una clase acaudalada de mercaderes-industriales (popolo grosso). Esta clase asumió un papel dominante en el gobierno, estableciendo una nueva constitución (Ordenanzas de Justicia) y un gobierno republicano, controlado por los siete gremios principales de la ciudad; el poder ejecutivo quedó en manos de un consejo de priores electos y un portaestandarte de justicia. Durante un corto período, sin embargo, el popolo minuto (pequeños tenderos y artesanos) y los ciompi (trabajadores industriales de la lana) lograron estar representados en el gobierno. Después de 1382, el gobierno florentino estuvo controlado por una pequeña oligarquía mercantil, que transformó a Florencia en el mayor estado territorial del norte de Italia. El otro gran estado del norte de Italia era la república de Venecia, enriquecida gracias a la actividad comercial que desarrollaba por el Mediterráneo Occidental y con el norte de Europa; dada esta actividad, una gran cantidad de familias de mercaderes que se habían hecho inmensamente ricas, formaban un patriciado hereditario que controlaba la ciudad. El llamado Consejo de los Diez, era el verdadero poder ejecutivo del estado. Venecia era respetada por su estabilidad aunque la rivalidad por el poder dentro de la propia clase patricia continuara existiendo. El siglo XIV también fue época de expansión para Venecia, conformando un imperio comercial mediante el establecimiento de colonias y avanzadas comerciales en el Mediterráneo oriental y en el Mar Negro, a la vez que mantenía sus monopolios comerciales en el imperio Bizantino.

Declive de la Iglesia
En el siglo XIII, la iglesia alcanzó el clímax de su poder, basado en la doctrina de “la totalidad de poder” como cabeza espiritual de la cristiandad y el reclamo de una autoridad universal temporal sobre todos los gobernantes seculares. Pero las crecientes monarquías seculares de Europa y sus burocracias representaban un reto a las pretensiones papales de supremacía temporal, al que sin embargo respondía con una administración centralizada, con una burocracia competente y con un sistema de recaudación de impuestos. Sus reclamos sólo la condujeron a un conflicto con los estados territoriales, sobre los que no podría triunfar. La derrota papal no solo minó su autoridad temporal sobre toda la cristiandad, sino también su autoridad espiritual. Durante el pontificado de Bonifacio VIII (1294 – 1303) comenzó la lucha entre el papado y el rey Felipe IV (1285 – 1314) de Francia: el rey francés intentó cobrar impuestos al clero francés, Bonifacio consideró que el clero de cualquier país podía negarse y además afirmo que el mismo gozaba de inmunidades respecto de las cortes reales (o seculares). Sin embargo, bajo éstos pretextos subyacía la cuestión fundamental. La soberanía universal del papado contra la real soberanía del monarca. Para reforzar su posición, el Papa redactó una serie de bulas o cartas papales y finalmente excomulgó a Felipe IV. El rey francés entonces obligó a los obispos franceses a citar al Papa bajo los cargos de herejía y envió un contingente en su búsqueda; aunque Bonifacio fue interceptado y capturado, logró escapar. Sin embargo al poco tiempo el Papa murió, con lo que la Iglesia perdió poder. Felipe IV presionó al Colegio de Cardenales para que en 1305 eligieran un francés como Papa. Clemente V (1305-1314), el nuevo Papa, residió en Aviñón así como sus sucesores por 75 años.
El papado de Aviñón marcó el debilitamiento del privilegio papal y un creciente sentimiento antipapal. Era impensable que el Papa, obispo de Roma y sucesor del apóstol pedro residiera fuera de roma y, por otra parte, se creía que los Papas de Aviñón eran prisioneros de la monarquía francesa. Los Papas centralizaron su administración creando una burocracia especializada compuesta por cuatro unidades: penitenciaría papal, cancillería, la Rota romana (asuntos judiciales) y la cámara papal o tesoro. Simultáneamente, los Papas ampliaron su derecho de provisión, que era el poder de nombrar funcionarios para los beneficios (puestos eclesiásticos) vacantes; éste derecho se utilizó de forma manipuladora y condujo a abusos que, además, produjeron un declive en el trabajo pastoral. El derecho papal de provisión estaba estrechamente vinculado con la recaudación de impuestos, hasta el punto de la amenaza de excomunión si no se pagaban dichos tributos. Por otra parte, el lujo con el que vivían los Papas y cardenales en Aviñón fue otra fuente de críticas. Finalmente, ante ésta situación ya insostenible, el Papa Gregorio XI regresó a Roma en 1377. Sin embargo, Gregorio XI murió en 1378 y cuando el colegio cardenalicio se reunió en Roma, los ciudadanos romanos amenazaron a la mayoría francesa de no dejarlos salir vivos si no elegían un nuevo Papa romano o italiano. Fue elegido entonces, el arzobispo de Bari, luego Urbano VI (1378-1389). Los cardenales franceses, ya en Francia, redactaron un manifiesto donde afirmaban que la elección de Urbano había sido inválida e inmediatamente eligieron a uno de ellos, quién asumió con el nombre de Clemente VII y que regresó a Aviñón. Por lo tanto, existían entonces dos Papas, lo que dio comienzo al Gran Cisma de la Iglesia. También los reinos europeos comenzaron a dividirse: Francia, España, Escocia y el sur de Italia apoyaban al Clemente, en tanto que Inglaterra, Alemania, Escandinavia y la mayor parte de Italia se inclinaban por Urbano. La necesidad de apoyo político provocó que las políticas de ambos Papas se subordinaran a la política de éstos estados. El Gran Cisma duró casi 40 años y acrecentó los abusos financieros que se habían desarrollado dentro de la iglesia durante el papado de Aviñón, a la vez que dañó severamente la fe de los creyentes cristianos.
El conflicto entre la iglesia y Estado durante el pontificado de Bonifacio VIII y el Gran Cisma condujeron a criticas radicales del poder papal y a enfoques revolucionarios. Luego del Gran Cisma, la pregunta era quién convocaría al concilio; finalmente un grupo de cardenales de ambas partes convocó al Concilio de Pisa en 1409, el cuál depuso a los dos Papas y eligió a otro, Alejandro V. Sin embargo, los dos Papas se negaron a abdicar y coexistían 3 Papas. El emperador del sacro Imperio Romano, Segismundo, convocó al Concilio de Constanza (1414-1418), en el cuál se eligió a Martín V (1417-1431) como Papa y los otros 3 abdicaron o fueron depuestos, con lo cuál concluyó el Gran Cisma.
La lucha por el poder en la que se había sumido el Papado acentuó el desprestigio y la falta de respeto hacia la iglesia institucional, de modo que los cristianos respondieron de diferentes maneras a la crisis del siglo XIV, las que en general, no implicaban la participación de la Iglesia como institución. Se registró una tendencia a subrayar la práctica de las buenas obras, las peregrinaciones y las contribuciones caritativas, esto demuestra un papel más activo de las personas en su propia salvación, con lo cuál, a pesar de la pérdida de fe en la iglesia jerárquica, no pasó lo mismo con el cristianismo en sí.

    Sobre el autor: Benny

Durante algunos años trate de estudiar Relaciones Públicas en UADE (Universidad Argentina de la Empresa), hasta que faltando 6 materias decidí dejarla... cosas de la vida.... Lo que pueden encontrar acá es la recopilación de data sobre mi paso por esa carrera que como me ocupaba demasiado lugar decidí tirarla, pero antes opte por colgarla en la red para que perdure por siempre...
Publicado el 02/07/2009 | Lecturas 1231 veces, 1 solo de hoy

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