Resúmenes de Historia del Siglo XX

1880 Década en la cual se forma la sociedad argentina en la cual vivimos.
Termina de formarse la República Argentina.
Llega la ola de inmigración, la mezcla nos dio buenos resultados.
Estos territorios se terminan de. incorporar al sistema capitalista y se establecen nuevas relaciones comerciales.
1916 Asume la presidencia Hipólito Irigoyen, l° presidente de la UCR.
Termina la, república conservadora ú orden ó régimen porque esta nueva sociedad que está masiva llega al poder.
Cambia la composición social.
Marca el final de la época de las! vacas gordas (vacas y trigo no se venden) Termina la época de la gran expansión económica.
Según Luis Alberto Romero, la función de Irigoyen se basaba en un proceso de modernización que establecía una consolidación con el estado.
ESTADO:’ existen 4 elementos que hacen que un estado sea un estado
1) Capacidad para externalizar el poder: que el estado sea reconocido por otro estado como existente.
2) Tener el monopolio del uso de la fuerza dentro de las fronteras sobre las cuales el estado reclama soberanía: no halla otra fuerza social que no controle el estado.
3) El estado tiene que tener la capacidad de tener recursos sobre la sociedad sobre la cual reclama soberanía: tiene que tener una estructura eficaz y eficiente para administrar al estado comprometido con los objetivos de ese estado.
4) Tener la capacidad de inventar la nación sobre la cual se sustenta: inventar la nación y luego mantenerla. Inventa un lenguaje simbólico, para convencer a los ciudadanos varones que está bien morir por la patria, que la población acepte pagar los impuestos.

Educación publica:
1) La República se inventa en 1853; acto de creación voluntaria por parte de persona que se reunieron en Santa Fe. Por las necesidades del estado argentino, en 1810 ante la invasión de Napoleón a España ésta se desarma.
Estados autónomos—provincia
* Parte de un todo
* Nombre que tenía cada uno de las sub unidades del virreinato.

1810 Buenos Aires aparentemente sede ante la nación.
Federalización del estado.
Las oligarquías se repartían el poder económico.
Gran Bretaña tenía 5 colonias importantes: Canadá – Argentina – Nueva
Zelanda – India – Australia. .
* Julio Argentino Roca: asume en 1880, su lema se basaba en el orden y progreso
y en la paz y la administración.
2) En 1810 se acaban las últimas rebeliones de la provincia, desaparecen los ejércitos provinciales, sólo queda el ejército de la nación, en 1901 se dicta la ley del servicio militar obligatorio.
Se establece el poder de coerción ‘por la policía.

1979 conquista del desierto, se vació los territorios ocupados por los indios (Ej.: Patagonia)
3) Leyes fundamentales – básicas.
Se establece un sistema impositivo donde el mantenimiento del estado recae sobre los sectores menos beneficiados.
Se recurren a los préstamos internacionales enorme excedente de capital para la inversión en Europa.
El estado se preocupa por una burocracia.
4) Generación del ’80 — lograron convencer a los habitantes desde la Quiaca hasta el sur, de que eran ciudadanos argentinos; hasta 1853 ser argentino era ser porteño. Se logra convencer de que hay un pasado glorioso que empieza en 1810. a través de la Ley de 1420 la educación publica se hace obligatoria.

Se necesita crea la nacionalidad. Se produce a través de cierto elemento en donde el estado logra tener el control. Su gran enemiga era la Iglesia Católica, que era la primera en educarlos.
Todo esto ocurre bajo la presidencia de Roca.

Se establece el matrimonio religioso bajo la presidencia de Juárez Selman, que fue el sucesor de Roca.
En 1890 bajo la presidencia de Juárez Selman surge un movimiento cívico radical fomentado por una crisis económica, como consecuencia de esto renuncia Selman.
Surge un acuerdo con Mussolini lo que trae como consecuencia la salida del papa del Vaticano.
Otro problema del estado es la inmigración.
Entre 1880 y 1916 se consolida el estado nacional.

PRESIDENCIAS:
* 1880 – 1886 Roca, Julio Argentino.
* 1886 – 1890 Juárez Sclman, Miguel.
* 1890 – 1892 Pelegrini, Carlos.
* 1892 – 1895 Sáenz Peña, Luis (después renuncia)
* 1895 – 1898 Uriburu, José Evaristo.
* 1898 – 1904 Roca, Julio Argentino (2° presidencia)
* 1904 – 1906 Quintana (muere)
*1906 – 1910 Figueroa Alcorta.
* 1910- 1916 Sáenz Peña, Roque (hijo de Luis)

Primera presidencia de Julio Argentino Roca:
Roca llega al poder sobre la base del PAN (partido autonomista nacional) Su estrategia política era para asegurarla vigilancia.
Lo sucede Juárez Selman que era su concuñado.
La potencia imperial del momento era Gran Bretaña. Para alcanzar su nivel de desarrollo quería poblar el país. (traer inmigrantes europeos)
1881 – 1990 saldo mayor de ’650.000 inmigrantes.
1881 – 1914 saldo era de 1.500.000 inmigrantes.
1895 74,5% Argentinos
1914 63,9% Argentinos.

ORIGEN 1869 1895 1914
ITALIA 35,4% 50,1% 40,6%
ESPAÑA 16,9% 20,2% 36,3%

Inmigración:
Genera una sociedad con pocos ciudadanos no formados ala vida cívica, gran cantidad de habitantes que no tienen derechos cívicos.
Se fomenta en la población que sean buenos argentinos pero no ciudadanos. Se fomenta que sean nacionalistas. La casa pública es sólo par unos pocos elegidos.

Bajo la presidencia de Roca se dicta la Ley de 1420, empiezan los conflictos con la Iglesia
ya que eran liberales tanto en temas políticos como religiosos. .
Se sientan las bases del progreso, se termina de salir de una crisis económica que empezó en 1873.

Presidencia de Juárez Selman:
Esta es una época de paz, de grandes obras de infraestructura que se hicieron en el período de Roca y que durante la presidencia de Selman comienza a funcionar.
Buenos Aires se embellece, se tenl1ina la casa rosada. Hubo grandes proyectos en Bs. As. Como fueron las grandes avenidas y los parques públicos.
En lo económico es una época de progreso, al mismo tiempo aparece una oposición al PAN, en esta oposición están los que no tiene lugar, aquellas familias que no están en el estado; los mitristas.

Presidencia de Mitre:
Es el primer verdadero presidente del país.
Aparece una juventud intelectual que son los 10 opositores que van a dar lugar a la UCR. Estos opositores formaban la UCl (unión cívica juvenil)

Presidencia de Carlos Pelegrini1
1890 – 1892 — Pellegrini envía a alguien a Europa para negociar la deuda y solucionar la crisis económica. Utiliza la política interna para que se frene el consumo y así logra sentada base para sañar la economía.

Presidencia de Uriburu y 2° presidencia de Roca:
Uriburu—acuerdo entre el PAN)’ los mitristas. A finales de esta presidencia se consolida la crisis económica del ’90.
Vuelve Roca –~ nuevo proyecto de unificación de la deuda. Negocian la deuda a un nivel más bajo de interés. ‘
1902 — el estado promulga la ley de residencia. j
1904 — se promulga el código de trabajo que limítale poder que tenían los patrones sobre el trabajador. .
Presidencia de Quintana:
El hecho más importante es que en 1904 se anula la ley de 1902.

Presidencia de Figueroa Alcorta:
Empieza a cambiar el gabinete. Prosperidad económica. 1910 — se dicta la ley de defensa social que da poderes arbitrales al estado.

Siglo XX se produce un efecto colateral en el cual surge la clase obrera trayendo como consecuencia el crecimiento del sector medio de: la sociedad el cual antes no tenia una
representación política. ‘

I 1916
El 12 de octubre de 1916 Hipólito Yrigoyen asume la presidencia de la Argentina, por primera vez se había elegido al presidente por el voto universal, secreto y obligatorio, según la nueva ley electoral sancionada en 1912 por iniciativa del presidente Sáenz Peña. Solo tenían derecho a votar los varones que sean considerados argentinos y sean mayores a 18 años.
Quedarán excluidos del derecho de voto las mujeres, los ciegos, lo indignos, los quebrados por fraude, los condenados, los mendigos, los no domiciliarios, los curas, los policías y los del ejercito.
La victoria de Irigoyen había sido clara y por mayoría de los ciudadanos. El partido triunfante fue la UCR, la reforma política estaba sustentada a la transformación de la economía y de la sociedad, aprovechando una asociación con Gran Bretaña el país creció multiplicando sus riquezas. Los inmigrantes atraídos para esa transformación fueron integrados en la sociedad la cual le ofreció oportunidades para todos.
Para terminar con los conflictos Irigoyen toma la decisión de modificar la tradicional actitud represora del estado y así mediar entre los distintos actores sociales.
La guerra mundial, que había estallado en 1914, permitía ver el fin del progreso fácil, había dificultades y el escenario económico era mucho más complejo, ya no bastaba la relación con Gran Bretaña para asegurar una prosperidad.: Las tensiones sociales y políticas que empezaban a recorrer el mundo en la ultiman fase de la guerra también llegaba a la Argentina. La sociedad no se encontraba en buena situación y se decía que los responsables eran los inmigrantes en su conjunto.

La construcción:
En las décadas previas a 1916 la Argentina se encontraba en total progreso; los primeros estímulos se percibieron desde mediados del siglo XIX, cuando comenzó la integración del mercado y la expansión del capitalismo en el mundo, pero sus efectos se vieron limitados por ciertas razones, la primera de ellas fue la deficiente organización institucional, de modo que la tarea de consolidar el estado fue fundamental.
Para conseguir una solución lo primero fue asegurar la paz y el orden y el control sobre el territorio.
Desde 1862, el flamante estado nacional fue dominado y subordinado a quienes .hasta entonces habían desafiado su poder, y aseguro para él ejercito nacional el monopolio de la fuerza. El estado afirma su poder sobre los territorios controlados por los indígenas: en 1879 se aseguro la frontera sur y hacia 1911 se completo la ocupación de los territorios de la frontera nordeste. La guerra del Paraguay (1865-1870) contribuye a definir las fluctuantes fronteras de la cuenca del plata y la conquista del desierto, en 1879, aseguro la posición de la Patagonia, aunque los conflictos con Chile se mantuvieron hasta 1902 aproximadamente.
Desde 1880 apoyada en los triunfos militares, se consolido un centro de poder fuerte cuyas bases jurídicas se hallaban en la constitución sancionada en 1853.
El poder que se había consolidado en relación a los grupos dominantes del litoral encontró distintas formas de hacer participar de la prosperidad a las elites del interior en especial a las más pobres, y asegurar así su respaldo a un orden político al que ya no podían enfrentar.
El estado se asocio inicialmente con sectores particulares, pero a medida que sus recursos aumentaron, fue expandiendo sus propias instituciones, y llego a adquirir consistencia y solidez mucho antes que la sociedad. Actuó deliberada y sistemáticamente para facilitar la inserción de la Argentina en la economía mundial y adaptarse a un papel y una función que le cuadraba perfectamente. Eso implicaba una relación estrecha con Gran Bretaña.
La verdadera maduración se produjo luego de 1880, en la era del imperialismo. Por entonces Gran Bretaña empezaba a afrontar la competencia de nuevos rivales y el mundo entero fue dividiéndose en arreas imperiales formales o informales. En la Argentina entre 1880 y 1913 el capital británico creció casi 20 veces. A los rubros tradicionales se agregaron los prestamos hipotecarios sobre las tierras, las inversiones en empresas publicas de servicios, como tranvías o aguas corrientes y sobre todo los ferrocarriles.
El país había venido recibiendo cantidades de inmigrantes en forma creciente a lo largo del siglo, pero a partir de 1880 las cantidades crecieron abruptamente. Desde el lado de Europa la emigración estaba estimulada por un fuerte crecimiento demográfico ya que había crecido la posibilidad de encontrar trabajo. Los inmigrantes demostraron una gran flexibilidad y adaptación a las condiciones del mercado de trabajo: en la década de 1880 se consultaron en las grandes ciudades, en la .construcción de sus obras publicas y la remodelación urbana, pero desde mediados. de la década siguiente al abrirse las posibilidades en la agricultura se volcaron masivamente al campo. La diferencia entre los inmigrantes llegados y los efectivamente radicados son: entre 1880-1890 los arribados superaron el millón, y los radicados fueron unos 650.000. En la década siguiente luego de la crisis de 1890, se atenuó la llegada de los que retornaron fueron mas de los que llegaban.
Entre 1880-1890 las invasiones extranjeras fueron gestionadas y promovidas con amplias garantías y el estado asumió el riesgo en las menos atractivas. En materia monetaria se acepto y estimulo la depreciación, el beneficio de los exportadores, y hasta 1890, aproximadamente se manejo el crédito con gran libertad. El estado se hizo cargo de lo que se llamo la conquista del desierto, de la que resulto la incorporación de varias extensiones de tierras para explotación que fueron transferidas a un costo mínimo a particulares poderosos y bien relacionados. Muchos ya eran propietarios y otros a partir de este momento, la tierra luego se compro y vendió ampliamente. Los terratenientes de la pampa húmeda manifestaron una gran capacidad para’ adecuarse a las condiciones económicas y buscar el máximo posible de ganancias. En el litoral donde escaseaba el ganado y la producción podía trasladarse fácilmente por los ríos, se inclinaron por la agricultura. En Buenos Aires duro la propiedad indivisa y la explotación de lanar, hasta que la instalación de los frigoríficos hizo rentable la explotación del vacuno refinado con las razas inglesas y destinado a la exportación.
Desde 1890 la expansión de la agricultura fue continua y el campo se lleno de chacarero s y jornaleros. Entre 1892 y 1913 se quintuplico la producción de trigo, de la cual la mitad se exportaba. En 1900 los frigoríficos empezaban a exportar hacia Gran Bretaña carne vacuna congelada o enlatada. En vísperas de la guerra, la Argentina era uno de los principales exportadores mundiales de cereales y carnes. Las ganancias del estado provenían de los impuestos a la exportación y de los terratenientes. Con ese dinero se realizaron gastos en las ciudades, el estado para embellecerla las doto de los modernos servicios de higiene o de transporte, con avenidas, plazas, conjunto de edificios públicos, etc. El ingreso rural se difundió en la ciudad multiplicando el empleo y generando a su vez nuevas necesidades de comercio, servicios e industrias.
Algunos grandes establecimientos como los frigoríficos, molinos y algunas fábricas grandes, elaboraron sus productos para la exportación o el mercado interno. Otros grupos de establecimiento importantes textiles o alimentarios, suministraban productos elaborados con materia prima local.
El mayor de los cambios se produjo en el Litoral, ampliado con la incorporación de Córdoba, y se enfatizo la grieta temporal con el Interior, incapaz de incorporarse al mercado mundial. No llegaron allí ni inversiones ni inmigrantes, aunque sí el ferrocarril. Hubo mayores gastos realizados por el Estado nacional, que sostuvo en parte la administración y la educación. En el norte santafesino una empresa inglesa, expansiva y depredadora a la vez, constituyó un verdadero enclave para la explotación del quebracho. Pero las excepciones más importantes se produjeron en Tucumán primero, y luego en Mendoza después con la producción de azúcar y de vino. Ambas prosperaron para abastecer a los expansivos mercados del Litoral. Fue el mismo Estado quien, permitió el despegue inicial de esa industria regional, construyendo los ferrocarriles y financiando las inversiones de los primeros empresarios de ingenio y bodegas. En torno del Estado se formó un importante sector de espectadores, intermediarios y financistas cercanos al poder, que progresó en concesiones, préstamos, obras públicas, compras o ventas, especialmente en la década de 1880, cuando el Estado inyectó masivamente créditos a través de los bancos garantizados. Los contemporáneos atribuyeron a esta fiebre la crisis de 1890, que frenó por una década el avance espectacular de la economía. La crisis internacional de 1890 se desencadenó en la Argentina y arrastró con ella a una de los más importantes inversores británicos: la banca Baring, tuvo efectos catastróficos, sobre todo para los pequeños ahorristas, pero al concluir con el ciclo especulativo urbano de la década de 1880, alentó otras actividades, especialmente la agricultura, que empezó su expansión importante.
La inmigración masiva y el progreso económico remodelaron la sociedad Argentina. Los 1,8 millones de habitantes de 1869 se convirtieron en 7,8 millones en 1914, y ene ese mismo período la población de la ciudad de Buenos Aires pasó de 180.000 habitantes a un 1,5 millones. Dos de cada tres habitantes de la ciudad eran extranjeros, la mayoría eran italianos, primero del norte y luego del sur, y los siguieron los españoles, y en menor medida los franceses.
Al interior fueron pocos, con excepción de lugares como Mendoza. En el Litoral, muchos fueron al campo, y la mayoría se instaló precariamente, como arrendatarios. Los chacareros y sus fan1ilias prefirieron vivir en rudimentarios e inhóspitos ranchos, sin las comodidades mínimas, rápidos a abandonar el lugar cuando el contrato venciera. Como todos los inmigrantes, se jugaron al ascenso económico rápido.
Al principio la mayoría iba a las ciudades, ya que ahí estaba la más amplia demanda de trabajo. Las grandes ciudades, y en primer lugar Buenos Aires, se llenaron de trabajadores, en su mayoría extranjeros pero también criollos. Muchas de sus experiencias eran similares: vivían acumulados en los conventillos del centro de la dudad o del barrio de la Boca.
Muchos de los inmigrantes, impulsados por el afán de “hacer la América” y quizá volver ricos y respetables a la aldea de donde habían salido miserables, concentraron sus esfuerzos en la aventura del ascenso individual, o más exactamente familiar. La mayoría obtuvo al menos algún éxito dentro de la “aventura del ascenso”. Éste consistía generalmente en llegar a tener la casa propia, y quizá un pequeño negocio o taller también propio.
En conclusión, lo que se constituyó fue una sociedad nueva, que permaneció por bastante tiempo en formación, en la que los extranjeros o sus hijos estuvieron presentes en todos los lugares, los altos, los medios y los bajos. Fue abierta y flexible, con oportunidades para todos. También fue una sociedad dividida doblemente: por una parte, el país modernizado se diferenció de Interior tradicional; por otra, la nueva sociedad se mantuvo bastante tiempo separada de las clases criollas tradicionales, y las clases altas, procuraron afirmar sus diferencias respecto de la nueva sociedad.
El manejo de la alta política fue una actividad de “notables”, provenientes de familias tradicionales, decentes y educados; no necesariamente ricos. El sistema institucional era preferentemente republicano pero las pérdidas electorales de la época tendían a desalentar a quienes quisiera participar en esa competencias. En la cúspide del sistema político, la selección del personal pasaba por los acuerdos entre el presidente, los gobernadores y otros notables de prestigio reconocido. En los niveles más bajos, la competencia se daba entre caudillos electorales.
Alejada de los grandes procesos democratizadores de las sociedades occidentales, la constitución de la ciudadanía fue aquí…lenta y trabajosa. Particularmente, pesó el escaso interés de los extranjeros por nacionalizarse y participar de las elecciones, perdiendo algunos privilegios y garantías inherentes a su condición de tales, y esta situación inquietó a los de la elite dirigente, preocupados por asentar las bases consensuales del régimen político.
La característica más notable y perdurable de ese régimen fue la falta de competencia entre partidos políticos alternativos y su estructuración en tomo de un partido único, cuyo jefe era el presidente de la República. El Partido Autonomista Nacional (PAN) era en realidad una federación de gobernadores, cabeza de “situaciones” provinciales, y el presidente usaba sus atribuciones institucionales para disciplinarlos, mezclando confusamente lo que era propio del Estado con lo más específicamente político.
En el régimen político no había lugar para partes con intereses diferentes y legítimos, capaces de discrepar y de acordar que había contribuido a la consolidación del régimen y a la eliminación de las antiguas confrontaciones, reveló sus limitaciones para em1alizar las propuestas de cambio de una sociedad que se estaba constituyendo y diversificando, y en la que se desarrollaban intereses variados y contradictorios.
Moldear y orgm1izar esa sociedad en formación y generar en ella el consenso necesario para las vastas transformaciones que se estaban desarrollando fue quizá la preocupación principal de la elite dirigente. En el empeño de dar forma a esa masa, apareció un conjunto de competidores importantes: la Iglesia en primer lugar, las asociaciones de las colectividades extranjeras, y particularmente la italiana, y luego los grupos políticos contestatarios, y sobre todo los anarquistas. Frente a ellos, ese Estado todavía débil presentó combate y triunfó.
La ley de Registro Civil y de Matrimonio Civil impusieron la presencia del Estado en los actos más importantes de la vida de los hombres, hasta entonces regulado por la Iglesia. Posteriormente, esa presencia del Estado se reforzaría en la regulación de la higiene, del trabajo, y sobre todo con la ley de Servicio Militar Obligatorio que, en la década de 1880 el gran instrumento fue la educación primaria. Esta, según la ley 1420 de 1884, fue laica, gratuita y obligatoria. Desplazando tanto a la Iglesia como a las colectividades el Estado asumió toda la responsabilidad: con la alfabetización aseguraba la instrucción básica común para todos los habitantes, y a la vez la integración y nacionalización de los niños hijos de extranjeros.
Hubo varias corrientes europeas y de cada una ¡de ellas hubo una versión local: realismo, impresionismo, naturalismo… Pero la que mas se adecuó a su filosofía espontánea de la vida del positivismo, en su versión spenceriana, por su valoración de la eficiencia y el pragmatismo, del orden y el progreso, en todo adecuados a una sociedad que por entonces se definía por su optimismo.

Tensiones y transformaciones:
El Centenario de la Revolución de Mayo fue la ocasión que el país tuvo para celebrar sus logros recientes. La asistencia de la Infanta Isabel de Borbón y del presidente Montt de Chile, indicaban que las hostilidades externas, viejas o nuevas, pertenecían al pasado. Cada una de las colectividades extranjeras honró al país y a sus espectaculares logros con un monumento alusivo, cuya piedra fundamental se colocó ese año.
Una huelga general amenazo frustrar los festejos, y una bomba en el Teatro Colón puso en evidencia las tensiones y la violencia, a la que desde la sociedad establecida se respondió con los primeros episodios del terror blanco y con una severa ley de Defensa Social.
El cosmopolitismo de la sociedad argentina, inundada por la masiva presencia de los inmigrantes y dirigida por quienes habían buscado su inspiración en Europa.
Pero mas allá de estas manifestaciones externas, preocupaba la disolución de un ser nacional que algunos ubicaban en la sociedad criolla previa a la inmigraciones y otros, filiaban polémicamente en la ruptura con la tradición hispana. En respuesta, algunos adhirieron al elitismo aristocratizante que había puesto de moda el uruguayo José Enrique Rodó con su Ariel. Otros buscaron la solución de cada uno de los problemas en algunas de las formulas de la ingeniería social, pero la mayoría encontró la repuesta en una afirmación polémica y retórica de la nacionalidad: la solución era subrayar la propia estabilidad criolla, argentinizar a esa masa extraña, y a la vez disciplinaria.
A partir de esta percepción de una enfermedad en la sociedad, ratificada por la cotidiana emergencia de conflictos y tensiones de las mas variada índole, se dibujaron dos actitudes en la elite dirigente. Algunos optaron por una conducta conciliadora, haciéndose cargo de los reclamos de la sociedad y proponiendo reformas. Otros, en cambio, mantuvieron una actitud intransigente que apelo al Estado para reprimir cualquier manifestación de descontento y no satisfecha por un apoyo que por otra parte no se retaceaba, se organizó para actuar por su propia cuenta.
En la Argentina se realizó un gran crecimiento: un renovado empuje migratorio hizo que en 1914 casi se alcanzaran la 8 millones de habitantes duplicando la cifra de 1895 el área cultivada alcanzó el record de 24 millones de hectáreas y el país llego a ser el primer productor mundial de maíz y lino, y uno de los primeros de lana, carne vacuna y trigo. Su dominio de la técnica del chilled, o enfriado, les permitió ganar posiciones en el mercado externo y, tras sucesivos acuerdos por las cuotas de exportación, llegaron a controlar las tres cuartas partes del comercio de carnes con Gran Bretaña.
La primera guerra mundial, que desorganizó los circuitos comerciales y financieros, retrajo las nuevas inversiones, provocó un fuerte encarecimiento de la subsistencia y dificultades en muchas industrias, beneficio a aquellas actividades como la exportación de carne enlatada, destinadas al abastecimiento de los luchadores.
Las mayores preocupaciones provenían de la emergencia de tensiones sociales, de demandas y requerimientos diversos, generalmente expresados de manera violenta, provenientes de los diversos actores que se iban definiendo a medida que la sociedad se estabilizaba y diversificaba. Las tensiones surgieron de las zonas dinámicas del litoral. En el ámbito rural, una primera manifestación notable fue la de chacareros de Santa Fe entre quienes abundaban los propietarios. Se combinó aquí una coyuntura económica crítica y una decisión política del estado, que por entonces eliminó el derecho de los extranjeros a votar en las elecciones municipales. En el mismo año se produjo la revolución de la Unión Cívica, y en los siguientes los colonos incorporaron sus reclamos a los de los radicales.
Otro reclamo fue en 1912 y tuvo por actores al conjunto de los arrendatarios que habían protagonizado la notable expansión cerealera de la región del Litoral, los esforzados chacareros que al frente de pequeñas empresas familiares, y con enorme sacrificio, pudieron a veces prosperar y consolidar su posición, aunque siempre sujetados por presiones permanentes de los terratenientes.
La caída de los precios internacionales en 1910 Y 1911, en épocas en que los arriendos se mantenían altos, hizo crítica la situación. En 1912, los chacarero s realizaron una huelga, negándose a levantar la cosecha a menos que los propietarios de tierras satisficieran ciertas condiciones: contratos mas largos, rebajas en los arriendos, y otras, como el derecho a contratar libremente la maquinaria para la cosecha o a criar animales domésticos.
En las grandes ciudades la definición de las identidades fue mas compleja, y el resultado menos particular, pero de consecuencias mas espectaculares. Entre los sectores mas populares, la heterogeneidad cultural y lingüística fue superándose en la experiencia cotidiana de afrontar las duras condiciones de vida, que estimularon la cooperación y la constitución de todo tipo de asociaciones: mutual es, de resistencia, gremiales, en torno de las cuales la sociedad popular comenzó a tomar forma.
Sobre esta elaboración espontánea se propusieron influir tanto la Iglesia como las grandes asociaciones de colectividades y sobre todo del Estado, que combinó coacción con educación. Pero su gran instrumento, la escuela pública, chocó en esta primera etapa con una masa de trabajadores adultos, analfabetos.
La huelga general y el levantamiento espontáneo eran los instrumentos imaginados para integrar esta masa laboral fragmentada, y para hacer mas eficaz la lucha por las reivindicaciones específicas de cada uno de los gremios. La agitación social que comenzó hacia 1890, se agudizó hacia el 1910 y culminó con las grandes huelgas de 1910, momento de apogeo de la agitación de masas y el motín urbano y también de la represión.
Los socialistas a diferencia de los anarquistas ofrecían, con un lenguaje mas racional que emotivo una mejora gradual de la sociedad en loa que las aspiraciones ultimas resultarían el producto de una serie de pequeñas reformas. Los socialistas obtuvieron siempre buenos resultados electorales en las ciudades a partir de la consagración en 1904 de Alfredo Palacios como diputado por Bs. As.
Los sindicalistas tuvieron particular reputación entre los grandes gremios, como los ferroviarios o los navales, y también entre los portuarios.
Los socialistas eran partidarios de las reformas graduales, pero se desinteresaban de la lucha política y los partidos y centraban su estrategia en la acción gremial.
El sistema político diseñado por la elite, eficaz mientras la nueva sociedad se mantenía pasiva, empezó a revelar sus debilidades apenas nuevos actores hicieron oír sus voces. En 1890 se produjo una primer fractura, pues una separación surgía dentro de los sectores tradicionales encontró insospechado eco en la sociedad, golpeada por la crisis económica. El golpe afectó al régimen político, profundamente dividido que durante tres o cuatro años se perdió, incapaz de encontrar una respuesta adecuada a un desafío que progresivamente se fue haciendo mas definido. Hacia el 1895 y por obra de Carlos Pelegrini, la “gran muñeca” política del régimen, este recuperó el equilibrio, que consolido el general Roca cuando alcanzó en 1898 la presidencia por segunda vez. Quedó sin embargo un residuo no reabsorbido: el Partido Socialista, volcado hacia los trabajadores, y la Unión Cívica Radical, un movimiento cívico a la búsqueda de su público. El radicalismo en 1905 intentó un levantamiento revolucionario, cívico, pero también militar, que fracaso como tal. Así, pese al fracaso revolucionario y a la dura represión afrontada, la UCR comenzó a crecer. El programa del radicalismo estaba centrado en la plena vigencia de la Constitución, la pureza del sufragio y una cierta moralización de la función pública. La UCR, al igual que el Partido Socialista, tuvo una Carta Orgánica y una Convención, aunque siempre se respetó la ventaja de los dirigentes históricos. La UCR se negaba así al eventual establecimiento de un sistema de partidos, que se alternaran y compartieran las responsabilidades, e identificándose con la Nación, exigía la separación total de un régimen que, a su vez, se había constituido sobre la base del unicato.
El presidente Manuel Quintana, fue quien sucedió a Roca y reprimió el levantamiento radical de 1905 esa postura se hizo cada vez menos sostenible no solo por la magnitud de la impugnación global sino por las dudas de los dirigentes y la creciente conciencia de su ilegitimidad, que derivaron en divisiones y debilitaron su posición, permitiendo el avance de quienes se inclinaban por la reforma. El pasaje de Pellegrini a ese bando al fin de la segunda presidencia de Roca fue decisivo, lo mismo que la determinación del presidente Figueroa Alcorta, que asumió en 1906, de usar todos los instrumentos del poder para desmontar la maquinaria armada por Roca y posibilitar en 1910 la elección de Roque Sáenz Peña.
La propuesta de sufragio secreto, según el padrón militar, tendían a evitar cualquier mediación del gobierno en los comicios, mientras que el carácter obligatorio del sufragio apuntaba a incorporar a la ciudadanía a una masa de gente que, pese a la predica de radicales y socialistas, no manifestaba espontáneamente mayor interés en hacerlo. La reforma electoral establecía la representación de mayorías y minorías, según la proporción de dos a uno. Quienes diseñaron el proyecto estaban absolutamente convencidos de que los partidos que representaran los intereses tradicionales ganarían sin problema las mayorías, y que la representación minoritaria quedaría para los nuevos partidos que de ese modo quedarían incorporados y compartirían las responsabilidades.
Se trataba de erradicar la política criolla y construir un partido de “notables”, favorecidos sin duda por la obligatoriedad del sufragio.
Aprobada la ley en 1912 los partidos tradicionales ganaron en muchas provincias, los radicales se impusieron en Santa fe y en la Capital, donde los socialistas obtuvieron el segundo lugar. La perspectiva del triunfo arrastró a mucha gente al radicalismo, que en esos años se convirtió en una partido masivo. Hipólito Yrigoyen se convirtió en un líder de dimensión nacional. Para enfrentarlo, los grupos tradicionales, que ya empezaban a ser denominados conservadores intentaron organizar un partido orgánico. Lisandro de la Torre fue el candidato de lo que se llamó el Partido Demócrata Progresista.

II Los Gobiernos Radicales, 1916-1930
Hipólito Yrigoyen fue presidente entre 1916 y 1922, año en que lo remplazó a Marcelo T. De Alvear. En 1928 fue reelegido Yrigoyen, para ser depuesto por un alzamiento militar el 6 de septiembre de 1930.
Aunque los dos eran radicales ambos presidentes eran muy diferentes entre sí, y más diferentes aún fueron las imágenes que de ellos se construyó. La de Yrigoyen fue contradictoria, para unos era quién venía a develar el infame régimen y a iniciar la regeneración. Para otros era el caudillo ignorante y demagogo. Alvear en cambio fue identificado, para bien ó para mal, con los grandes presidentes del viejo régimen, y su política se asimiló con los vicios o virtudes de aquél. El radicalismo se caracterizó por tener ese mandato y esa voluntad reformista.
La primera Guerra Mundial modificó todos los datos de la realidad: la economía, la sociedad, la política o la cultura. Enfrentado con una situación nueva, no resultaba claro si el radicalismo tenía respuestas o estaba preparado para imaginarlas. Yrigoyen mantuvo la política de Victorino de la Plaza, su antecesor: la “neutralidad benévola”.
Alemania inició el ataque contra los buques comerciales neutrales, empujando a la guerra a EEUU, que pretendió arrastrar consigo a los países latinoamericanos. La Argentina había resistido tradicionalmente las apelaciones del panamericanismo pero el hundimiento de tres barcos mercantes por los alemanes movilizó una amplia corriente de opinión en favor de la ruptura, que era impulsada por los estadounidenses y entusiastamente apoyada por los diarios La Nación y La Prensa. Las opiniones se dividieron de un modo singular: el Ejército tenía simpatías por Alemania, mientras que la Marina se alineaba por Gran Bretaña.
Yrigoyen tuvo varias actitudes de hostilidad hacia EEUU: en 1919 ordenó que una nave de guerra saludara el pabellón de la República !Dominicana, ocupada por los marines norteamericanos, y en 1920 se opuso al diseño que le presidente Wilson había hecho de la Liga de las Naciones. También, había proclamado al 12 de octubre como Día de la Raza, oponiendo al panamericanismo la imagen de una Hispanoamérica que excluía a los vecinos anglosajones.
El antinorteamericanismo se vinculó con las ideas socialistas, como en el caso de Manuel Ugarte, que en 1924 escribió LA patria grande. En 1922 José Vasconcelos, José Ingenieros y otros intelectuales progresistas impulsaron una Unión Latinoamericana, que recogía los motivos del antiimperialismo también presentes en otro movimiento de dimensión latinoamericana: la Reforma Universitaria.

Crisis social y llueva estabilidad:
Las condiciones sociales, que ya eran complicadas en el momento del estallido de la Primera Guerra Mundial, se agravaron luego por las dificultades del comercio exterior y de la retracción de los capitales: en las ciudades se sintió la inflación. el retraso de los salarios reales y la fuerte desocupación. La guerra perjudicó las exportaciones de cereales, la de maíz, y en las zonas rurales agravó la, situación de los chacareros y también la de los jornaleros. Se conformó así un clima de conflictividad que empezó a manifestarse < plenamente desde 1917. se inició entonces un ciclo breve pero violento de confrontación social que alcanzó su momento culminante en 1919 y se prolongó hasta 1922 o 1923.
La impresión de que la revolución mundial era inminente operó en cierta medida como ejemplo para los trabajadores, pero mucho más lo hizo como revulsivo para las clases propietarias. La revolución se mezcló con la contrarrevolución, y entre ambas hirieron de muerte a las democracias liberales.
Las huelgas comenzaron a multiplicarse en las' ciudades a lo largo de 1917 y 1918, impulsadas sobre todo por los grandes gremios de transporte, la Federación Obrera Marítima y la Federación Obrera 'Ferrocarrilera. Conducidos por un grupo de los sindicalistas, que dirigían la FORA del IX Congreso tuvieron éxito en buena medida por la nueva actitud del gobierno, que abandonó la política de represión lisa y llana y obligó a las compañías marítimas y ferroviarias a aceptar su arbitraje.
La huelga de los frigoríficos de 1918 fue enfrentada con los tradicionales métodos de represión. despidos y rompehuelgas que también se aplicaron en 1918 a los ferroviarios. En 1919 la hola huelguista llegó a su culminación. En enero, a causa de una huelga, se produjo un enfrentamiento entre los huelguistas y la policía, que abandonó la pasividad y reprimió con ferocidad. La Semana Trágica -así se la llamó- galvanizó a los trabajadores deja ciudad y de todo el país.
El "año 1919 marca una inflexión en la policía gubernamental hacia estos movimientos de protesta.
En la acción de Yrigoyen se combinaba, junto con mucho de cálculo político, una actitud más sensible a los problemas sociales y una idea del papel arbitral que debía asumir el Estado, y quizá él mismo. Pero esa nueva actitud estuvo lejos de materializarse en instrumentos institucionales, pese a la manifiesta voluntad negociadora de las direcciones sindicales. ...
El Congreso en 1921 sancionó una ley de Arrendamientos que tenía en cuenta la mayoría de sus reclamos acerca de los contratos, y que sin duda contribuyó a acallar los reclamos de quienes, cada vez, se definían como pequeños empresarios rurales.
Entre 1919 y 1921 estallaron fuertes movimientos huelguistas y el estado autorizó a que fueran sometidos mediante sangrientos ejercicios de represión militar que alcanzaron justa celebridad, como en el caso de la Patagonia.
La derecha tenía un nuevo impulso y un argumento decisivo contra la democracia: voluntaria o involuntariamente, Yrigoyen era sospechoso de subvertir el orden. Desde entonces tomaron forma una serie de tendencias ideológicas y políticas que por entonces circulaban ampliamente ene 1 mundo de la contrarrevolución. La Liga aportó los motivos del orden y la patria. Los católicos combinaron el pensamiento social con el integrismo antiliberal, que empezó a difundirse a través los Cursos de Cultura Católica y cristalizó más tarde en la revista Criterio, fundada en 1928.
La llegada al gobierno de Alvear, en 1922, tranquilizó en parte a las clases propietarias. La mayoría volvió a confiar en las bondades de la democracia liberal y patricia.
La Iglesia en 1919 organizó la Gran Colecta Nacional destinada a movilizar a los ricos e impresionar a los pobres. Ese año fueron unificadas todas las instituciones católicas que actuaban en la sociedad dentro de la Unión popular Católica Argentina, un ejército laico comandado por los obispos y los curas párrocos, quienes organizaron una guerra contra el socialismo, compitiendo en la creación de las bibliotecas, dispensarios, conferencias y obras de fomento y caridad. La iglesia clausuraba la posibilidad de crear un partido político. El Ejército empezó a interesarse en la marcha de los asuntos políticos. La desconfianza a Yrigoyen fue creando las condiciones para hacerlo receptivo a las críticas más generales al sistema democrático, que con fuerza creciente se escuchaban en al sociedad.
El antiliberalismo que nutre todas estas manifestaciones resultó eficaz como arma de choque, como discurso unificador y como de bandera de combate.
La ola de huelgas que culmino entre 1917 y 1921 expresaba la magnitud de los reclamos acumulados durante un largo período de! dificultades de la Argentina hasta entonces opulenta.
Los sindicalistas apostaron a la negociación entre los sindicatos y el Estado, un camino que ya había sido propuesto desde el estado antes de 1916 y que, retornado por Yrigoyen, debió ser abandonado en la convulsión de 1919.
El socialismo era visto como la coronación y perfeccionamiento de la democracia liberal, los socialistas subrayaban lo que llamaban la "política criolla", en la que englobaban, junto al conservadurismo tradicional, al radicalismo, al que se opusieron con fuerza.
El socialismo apostó todas sus cartas a las elecciones, y rew1ió en al Capital un importante caudal de votos, con el que compitió con los radicales.
Otras tendencias progresistas, de laguna manera emparentadas con el leninismo, emergieron en el antiimperialismo de esa época, y en el pensamiento de la Reforma Universitaria.
Los socialistas apostaron a al acción legislativa y a la posibilidad de crear en el Congreso un ámbito de representación. Su otra apuesta fue la ilustración de la clase obrera que se explicaría ene 1 contacto con al ciencia.
El fin de la lucha gremial intensa, la reducción de la sindicalización y el debilitamiento de la Unión Sindical Argentina dan testimonio de la atenuación de los conflictos sociales. La Unión Ferroviaria, fundada en 1922, y convertida en cabeza indiscutida del sindicalismo, expresó el nuevo tono de la acción gremial: un sindicato fuertemente integrado dirigido en forma centralizada, negoció con las autoridades, descartó la huelga como instrumento y obtuvo éxitos sustanciales. El Estado manifestó la voluntad de avanzar en una legislación social que suponía a ala vez el pleno reconocimiento del actor gremial: propuesta de regímenes jubilatorios para empleados de comercio y ferroviarios, regulación de trabajo de mujeres y niños y establecimiento del 10 de mayo como feriado nacional.
La expansión de la cultura letrada forma parte del proceso de movilidad social propia de una sociedad que era esencialmente expansiva y de oportunidades.
La Universidad constituyó un problema importante para esta sociedad en expansión, y la Reforma Universitaria fue una expresión de esta transformación. Muchos jóvenes estudiantes quisieron abrir sus puertas, participar en su dirección, remover las viejas camarillas profesorales, instaurar criterios de excelencia académica y de actualización científica, y vincular la universidad con los problemas de la sociedad. La agitación estudiantil fue muy intensa y coincidió con lo más duro de la crisis social, entre 1928 y 1911.
Los reformistas recibieron el importante apoyo de Yrigoyen, lograron en muchos casos que se incorporaran representantes estudiantiles al gobierno de las Universidades, elaboraron un programa de largo plazo, que desde entonces sirvió de bandera a la actividad política estudiantil.
En la década de 1920, los movimientos sociales contestatarios estaban en declinación.
En las grandes ciudades, y en las áreas rurales prósperas, se estaba constituyendo una sociedad más caracterizada por la continuidad que por los cortes profundos.
La aspiración al ascenso individual y a la reforma social son sólo una aspecto de esa nueva cultura que caracteriza a éstos sectores populares, entre trabajadores y medios. Los cambios en las formas de vida estaban modelando nuevas ideas y actitudes, que resultaron perdurables.
Hacia 1910 el teatro había llegado él su apogeo.
Después de la guerra, los gustos se deslizaron del tradicional sainete a la nueva revista, con "bataclanas" y con canciones.
El cine - mudo hasta 1929 - ejerció una fuerte atracción
Los nuevos medios de comunicación multiplicaban su influencia sobre las formas de vida y sobre las actitudes y valores de ésta sociedad expansiva. La creación de clubes deportivos fue una de las formas características del impulso asociacionista general.
En 1931 se constituyo la Liga Profesional de Fútbol, y de la mano de la radio y la prensa escrita, los clubes de fútbol porteños agregaron un nuevo elemento de identificación nacional. La tendencia a la homogeneización de la sociedad, en torno de una cultura compartida por sectores sociales diversos, se acompañó de un proceso significativo de diferenciación de funciones.
En J 924 se fundó la revista Martín Fierro.

La economía en un mundo triangular:
Con la Primera Guerra Mundial terminó una etapa de la economía Argentina: la del crecimiento relativamente fácil. Desde 1914 se entra en un mundo más complejo, de manejo más delicado y en el que el futuro era relativamente incierto.
La guerra puso de manifiesto en forma aguda un viejo mal: la vulnerabilidad de la economía argentina, cuya preocupación eran las exportaciones, el ingreso d capitales, de mano de obra, y la expansión de la frontera agraria. La guerra afectó tanto las cantidades como los precios de las exportaciones. Las exportaciones agrícolas sufrieron primero el problema de la falta de transporte, pero acabado el conflicto se planteó otro más grave y definitivo: el exceso de oferta en todo el mundo. La caída de las exportaciones ganaderas luego de 1921 fue mucho más profunda.
El país experimentó con violencia los efectos de, la coyuntura europea: vivó una fuerte crisis entre 1913 y 1917 Y se recuperó entre ese año y 1921 sufrió entre 1921 y 1924 el sacudón de la reconversión de posguerra, y conoció un período de tranquilidad durante los "años dorado", hasta 1929.
La expansión económica de EEUU en la década de 1920 se manifestó en primer lugar por un fuerte impulso ex portador de automóviles, camiones y neumáticos, fonógrafos y radios, maquinaria agrícola y maquinaria industrial.
Las posibilidades de colocar nuestros productos tradicionales en EEUU eran remotas, esta nueva relación creaba un fuerte desequilibrio en la balanza de pagos, que se convirtió en un problema insoluble.
La vieja-relación con Gran Bretaña se sostenía sobre bases mínimas las compras británicas de cereales y carne, que los británicos pagaban con los beneficios obtenidos por la venta de materiales ferroviarios, carbón, textiles, y con las ¡ganancias que daban los ferrocarriles y otras empresas de servicios.
Argentina carecía de compradores alternativos, particularmente para la carne, sobre todo después de 1921. Era parte de un triángulo económico mundial, sin haber podido equilibrar las diferentes relaciones. .
Desde 1912 se había conocido este tipo de tensiones en la agricultura; desde 1921 se manifestaron en un punto mucho más sensible y que afectaba a intereses más poderosos: la ganadería.
La situación cambió a fines de 1920, cuando los gobiernos europeos, que habían estado haciendo stock, cortaron sus compras, y los precios y volúmenes se derrumbaron.
La crisis desató conflictos que en épocas de bonanza se disimulaban, frente a los cuales el gobierno de Yrigoyen reaccionó tarde y mal. En 1923, por presión de los criadores y con el respaldo del presidente Alvear, el Congreso sancionó un conjunto de leyes que los protegían, en deterioro tanto de los consumidores locales como de los frigoríficos. La oposición de éstos y de sus voceros políticos - los socialistas - fue de escasa significación, pero la resistencia de los frigoríficos resultó demoledora: interrumpieron sus compras y en pocos meses obligaron al gobierno a suspender las leyes sancionadas.
El episodio probó el enorme poder de los frigoríficos, y de los grandes granaderos directamente asociados con ellos. A fines de 1926 el gobierno de EEUU, con el argumento de peligro de la fiebre aftosa, decidió prohibir cualquier importación de la Argentina. La Sociedad Rural invitó entonces a restringir en general la presencia norteamericana en la economía, y lanzó la consigna de "comprar a quienes nos compra", lo que implicaba defender las importaciones y las inversiones británicas y hacer pagar sus costos al conjunto de la sociedad.
Como consecuencia de la crisis ganadera, hubo un notable vuelco hacia esa actividad. La frontera agro pecuaria pampeana se estabilizó en 50 millones de hectáreas; la agricultura creció en ella enormemente.
Entraron en producción la zona frutícula del valle de Río Negro, la yerbatera de Misiones y la región algodonera del corazón del Chaco. Los observadores no se engañaban, para todos estaban visible los límites que suponía tanto un mercado mundial cada vez más difícil como el fin de las ventajas comparativas naturales, por el !cierre de la frontera agropecuaria y el encarecimiento de la tierra. A eso se sumaba la' escasez de inversiones, salvo en la mecanización de la cosecha, que solucionó el problema de la reducción en la mano de obra disponible, sobre todo por la desaparición progresiva de los migrantes "golondrinas"
La guerra había tenido esos efectos fuertemente negativos sobre la industria que se habían constituido en la época de la gran expansión agropecuaria: dependiente en buena medida de materias primas o combustibles importados, no pudo aprovechar las condiciones naturales de protección creadas por el conflicto. Apenas éste concluyó, comenzó una sostenida expansión, que se prolongó hasta 1930, caracterizada por la diversificación de la producción.
Bunge y Born, la principal casa exportadora de granos, instaló la fábrica de pinturas Alba, y diez años después la textil Grafa.
El tema de la industria empezó a instalarse en el debate, y constituyó el eje del discurso del más lucido buceador de la economía argentina de entonces, Alejandro Bunge, inspirador de la reforma arancelaria de Alvear.
La propia Unión industrial se sumó al grupo de los partidarios de "comprar a quien nos compra", una fórmula que había sido recalcada por el embajador británico.
La guerra había puesto en evidencia la precariedad del financiamiento del Estado, apoyado en los ingresos de Aduana y en los impuestos indirectos y respaldados por los sucesivos préstamos externos.
El gobierno de Yrigoyen necesitó primero recurso para su política social y luego para la amplia distribución de empleos públicos, que constituyó su principal arma política en los últimos años. Desde 1922, Alvear empezó con un la política fiscal creyente y redujo fuertemente los gastos hasta que, por necesidades de)a lucha interna con el yrigoyenismo, debió apelar a la misma distribución de puestos que su antecesor, quien cuando volvió al poder, en 1928, hizo uso generoso de ese recurso.
El Estado tenía que buscar otra forma de financiar sus gastos. Inspirándose en reformas similares emprendidas en Francia e Inglaterra, Yrigoyen propuso en 1918 un impuesto a los ingresos personales.
Las razones del bloqueo parlamentario fueron más pedestres: los opositores se negaban a cualquier legislación que diera al presidente más recursos que se volcarían en necesidades electorales.

Difícil construcción de la democracia:
La reforma electoral de 1912 proponía a la vez ampliar la ciudadanía, garantizar su expresión y asegurar el respeto de las minorías y el control de la gestión en ninguno de estos aspectos los resultados fueron automáticos, o siquiera satisfactorios. Respecto a, la participación electoral, la masa de inmigrantes siguió sin nacionalizarse, de modo que los varones adultos que no votaban eran tanto ó más que los que podían hacerlo; esta cuestión .sólo se resolvió de manera natural, con el tiempo’ y el fin de la inmigración. Pero incluso entre los posibles votantes la participación no fue masiva: en 1912 alcanzó el 68% en todo el país, pero enseguida cayó a algo más del 50 %, tocando fondo en 1924, con el 40; sólo en 1928 repuntó espectacularmente, con valores que desde entonces se mantuvieron en torno del 80%.
La función de los comités era la gestión ante las autoridades, la mediación entre las demandas de la sociedad y el poder político, éstos eran creados por los partidos políticos.
Los radicales pudieron expandir, gracias al apoyo, oficial, esta red clientelar que de todos modos ya habían constituido en el llano. El propio gobierno utilizó los comités para desarrollar algunas políticas sociales masivas, que aunque tenían claras finalidades electorales apuntaban a una nueva concepción de los derechos ciudadanos: la carne barata, o carne “radical”, y también el pan o los alquileres. En cierto modo apuntaban a la educación y a la integración del ciudadano y su familia en una red de sociabilidad integral: capacitación, entretenimiento, cultura… En ese ambiente se formó el nuevo ciudadano, educado y conciente de sus derechos y de sus obligaciones, y progresivamente se fue revelando la dimensión de la política de todas las actividades, de modo que gradualmente la brecha entre la sociedad y el Estado se fue cerrando.
La UCR fue el único que alcanzó la dimensión del moderno partido nacional y de masas. Basado en una extensa red de comités locales, se organizó escalonadamente hasta llegar a su Convención y su Comité Nacional. El partido demostró una preocupación muy modera por adecuar sus ofertas a las cambiantes demandas de la gente.
Yrigoyen era un caudillo silencioso y recatado que se mostraba poco y que jamás hablaba en público, empezó luego a estimular una suerte de culto a su persona: el país se llenó de sus retratos, de medallones, de mates con su imagen, en los que la gente identificó al presidente con un apóstol o un Mesías.
El Partido Socialista también tenía una organización formal y cuerpos orgánicos, y además tenían un programa, pero carecía de dimensión nacional, pues aunque logró algún arraigo en Mendoza, Tucumán o Bs. As. , casi toda su fuerza estaba concentrada en la Capital. Allí gracias a la penetración de su red de centros, y a su éxito en ofrecer una alternativa de control al gobierno, compitió palmo a palmo con el radicalismo y lo venció a menudo.
El Partido Demócrata Progresista prevaleció entre los chacareros del sur de Santa Fe y de Córdoba, así como en la ciudad de Rosario; juntos con los temas agrarios desarrolló los de limpieza electoral, y tuvo un cierto peso en la Capital. Los partidos de derecha sólo se constituyeron en el nivel provincial; aunque el Partido Conservador de la provincia de Bs. As. ejerció un liderazgo reconocido, y pudieron ponerse de acuerdo para las elecciones presidenciales, aunque no se llegó a estructurar unir fuerza nacional estable.
En las elecciones nacionales, la VCR obtuvo algo, menos de la mitad de los votos, aunque en 1928, cuando Yrigoyen fue plebiscitado, se acercó al 60%. Los conservadores reunidos obtuvieron entre el 15 y el 20% y los socialistas entre el 5 y el 10%, con excepción de 1924 en que ascendieron al 14%. Los demócratas progresistas tuvieron una evolución similar. La VCR fue en realidad el único partido nacional, y sólo enfrentó oposiciones, fuertes pero locales. La participación radicó y se canalizó a través de los partidos.
La reforma electoral preveía un papel importante para las minorías, de control del ejecutivo desde el Congreso.
Yrigoyen comenzó su gobierno con un parlamento hostil. Para ganar las elecciones, usó ampliamente el presupuesto del Estado, repartiendo empleos públicos entre sus “punteros”. En: 1918 logró obtener la mayoría en la Cámara de Diputados, pero la clave seguía pasando por’ el control de los gobiernos provinciales, decisivos a al hora de votar. No vaciló en intervenir las provincias desafectas, organizando luego elecciones en las que triunfaban sus candidatos, y así su poder aumentó, aunque nunca logró afirmarse en el Senado, y tropezó con dificultades imprevistas en Diputados, donde los legisladores opositores empezaron a encontrar aliados en muchos radicales que no aceptaban los métodos del presidente.
Yrigoyen planteó un conflicto con el Congreso cuando descartó la tradicional ceremonia de la lectura del mensaje, y envió una breve comunicación, que leyó un secretario. Simbólican1ente, desvalorizaba al Congreso y desconocía su autoridad, del mismo modo que lo hizo todas las veces que aquél intentó controlar sus actos: el presidente y sus ministros no solo no asistieron sino que le negaron intrusión en los actos del Ejecutivo.
Durante los seis años se sancionaron 19 intervenciones federales, y sólo Santa fe no fue intervenida nunca. Sólo en cuatro ocasiones se solicitó una ley parlamentaria para intervenir provincias administradas por radicales. En 15 ocasiones s e hizo por decreto, ignorando al Congreso, para eliminar gobiernos adversos. El método fue exitoso: en 1922 el oficialismo sólo perdió en dos provincias.
Tanto conservadores como radicales disidentes se hicieron fuertes en la defensa del orden institucional junto con socialistas y demoprogresistas, y hasta salieron a la calle, en 1918, para reclan1ar por sus fueros.
Como Saenz Peña, Alvear se benefició de la máquina montada, que en 1922 lo eligió adecuadamente y con escasa oposición. En su gabinete sólo se sentó un yrigoyenista, el ministro de Obras Públicas. Limitó la creación de nuevos empleos públicos y aceptó las funciones de control que institucionalmente le correspondían al Parlamento, cuyas relaciones cultivó con cuidado.
No dispuso intervenciones federales por decreto. El aparato partidario reaccionó en primer término, pues la distribución de pequeños empleos públicos era a principal herramienta de los caudillos locales: el “popular” Yrigoyen fue I contrapuesto al “oligárquico” Alvear. Alvear se fue apoyando en, quienes en distintas ocasiones se había opuesto a Yrigoyen o había cuestionado sus métodos. A fines de 1923 Alvear pareció inclinarse por le grupo opositor, al nombrar ministro del Interior a Vicente Gallo, quien junto con Leopoldo Melo encabezaba la corriente denominada antipersonalista. La división del radicalismo se profundizó en 1924. ‘la disputa verbal fue muy intensa: unos eran “genuflexos”, por su obediencia incondicional al jefe y otros “contubernistas”, según una nueva palabra, que’ calificaba los acuerdos entre los antipersonalistas, conservadores y socialistas.
En julio de 1925 fracasó en el Congreso un proyecto de intervención a Bs. As. , que era la clave para la estrategia de Gallo, y éste renunció al ministerio.
Alvear quedó en el medio del fuego cruzado entre antipersonalistas y los yrigoyenistas, que hicieron una elección muy buena en 1926y ganaron posiciones en un Congreso convertido en ámbito de combate de las dos fronteras. La derecha conservadora estaba totalmente volcada a impedir el retoro de Yrigoyen, en quien veía encarnado los peores vicios de la democracia. su oposición no suponía un cuestionamiento del régimen político, pues estaban decididos a jugar la carta electoral, reuniendo en un gran frente a toda fuerza hostil al caudillo incluyendo al grupo de socialistas que encabezado por Antonio De Tomaso y Federico Pinedo, acababa de separarse del viejo partido para formar el Partido Socialista Independiente.
A diferencia de 1916, la derecha política estaba segura de sus objetivos, y del apoyo que tenía entre las clases propietarias.
Desde La Nueva República, fundada en 1927, los jóvenes maurrasianos, como los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta o Ernesto Palacio, descargaban sus baterías contra el sufragio universal y la democracia oscura, que debía ser reemplazada por la segura dirección de un jefe, rodeado de una elite y legitimado plebiscitaria mente.
La adhesión manifiesta del general José Félix Uriburu, que acababa de pasar a retiro, permitía sin duda alentar esperanzas de un golpe militar regenerador, y esa era la oferta que desde los grupos nacionalistas se hacía a una elite todavía indecisa entre la vieja República liberal y las promesas de la nueva República nacionalista.
Si las Fuerzas Armadas experimentaron malestares varios durante el gobierno de Yrigoyen, todo se solucionó en el período siguiente. Bajo la conducción del general Justo, ministro de Guerra, se había reequipado adecuadamente, y grandes edificios junto con grandes maniobras le habían dado al Ejército una buena visibilidad social. El presidente Alvear se mostraba sensible a los planteo s del grupo de los ingenieros militares. En 1927 se creó la Fábrica Militar de Aviones, y desde 1922 un militar, Enrique Moscón, presidía Yacimientos Petrolíferos Fiscales, creado por Yrigoyen cuando su período ya expiraba. Bajo la dirección de Moscón la empresa se expandió en la explotación y, gracias a la construcción de su refinería en La Plata, avanzó en el mercado interno. Las Fuerzas Armadas, y particularmente el Ejército, estaban ocupando un lugar cada vez mas importante en el Estado y en la medida en que definían intereses propios, se convertían en una actor político de consideración.
La vuelta al gobierno de Yrigoyen reactualizó viejos resentimientos y sin duda concentró a los oficiales, como al país todo. Pero en las elecciones del Círculo Militar de 1929 se impuso la lista del general Moscón, contra otra simpatizante con la oposición. Quien se perfilaba como la cabeza natural de ella, el general Uriburu, dirigía sus acciones desde el Jockey Club, y en realidad carecía de sólido arraigo en un Ejército cuya conducta era todavía un enigma.

La vuelta de Yrigoyen:
Desde 1926 la opinión se concentró en torno a la vuelta de Irigoyen. El yrigoyenismo, impulsado por una camada de nuevos dirigentes, desarrolló su red de comités y fortaleció la imagen mítica del caudillo. Aunque tradicionalmente Yrigoyen se había negado a identificar su “causa regeneradora” con cualquier programa definido explícitamente, en esta ocasión utilizó, junto con la consigna de derrotar al “contubernio”, la bandera de la nacionalización del petróleo. Se trataba de una situación curiosa, pues durante su primera presidencia el tema no le había preocupado, mientras que los mayores avances en esa línea debían atribuirse, sin duda, a la administración de Alvear. En los años anteriores el problema petrolero se había instalado en la discusión pública, y la presencia extranjera era asociada con su manifestación más agresiva. La bandera de la nacionalización coincidía con la prédica de los sectores militares preocupados por asegurar la autarquía del país respecto de los recursos estratégicos, se vinculaba con la nueva y fuerte hostilidad de los sectores terratenientes hacia EEUU, a partir del conflicto de las carnes, y arraigaba finalmente en un sentimiento antinorteamerieano de más larga data, que asociaba un univocamente la metrópoli del norte con el “imperialismo”.
El proyecto de nacionalización aprobado por la Cámara de Diputados, se detuvo en el Senado, y hasta tanto lograra resolver la cuestión, Yrigoycn se dedicó con los sectores propietarios. El acuerdo firmado estableció fuertes concesiones comerciales a los británicos.
Este tratado, que suponía importantes concesiones sin un beneficio claro, muestra a Yrigoyen solidarizado con la corriente, fuerte entre la elite, de robustecer las relaciones bilaterales con Gran Bretaña, en desmedro de las nuevas con EEUU.
Pero esta coincidencia no bastaba, lanzado a conquistar el último baluarte independiente el Senado – el gobierno apeló a los clásicos mecanismos.
Es probable que la oposición ya hubiera desesperado de desalojar a Yrigoyen por métodos institucionales, y no apreciara en su real significación las consecuencias inmediatas de la crisis económica mundial, estallada en octubre de 1929. La caída de las exportaciones y el retiro de los fondos norteamericanos afectaron a las empresas ferroviarias y marítimas. La fuerte inflación, las reducciones de sueldos y los despidos, se reflejaron inmediatamente en los resultados electorales: en marzo de 1930, y con el apoyo de la oposición, los socialistas independientes derrotaron en la Capital tanto a los radicales como a los socialistas, y en otros puntos del gobierno también retrocedió. .
La senilidad atribuida al presidente y su incapacidad para dar respuestas rápidas a ala crisis, así como la república lucha por su la sucesión daba un nuevo contundente argumento a los opositores.
Las discusiones giraban acerca de sí se, buscaría una solución institucional o se apelaría a una intervención militar; si con el nuevo gobierno se intentase una reinstitucionalización segÚn los moldes tradicionales o sí había alguno de los modelos que por entonces ofrecía Europa. Probablemente la elite oscilara entre ambas soluciones, una alentada por los dirigentes políticos y por el grupo de militares que seguían al general Justo y otra por los ideólogos nacionalistas que rodeaban al general Uriburu. Solo cuando ambos jefes se pusieron de acuerdo, pudo producirse el golpe de Estado, el 6 de septiembre de 1930.
En buena medida, el proceso de democratización !completó la larga etapa de apertura y expansión de la sociedad iniciada cinco décadas atrás y aparecía como su coronación natural: la incorporación creciente de sectores sociales cada vez más vastos a los beneficios de la sociedad establecida, que más allá de la crisis de 1917-1921 caracteriza a este período, inducida al principio desde el Estado pero finalmente asumida por la sociedad, como lo testimonia el espectacular aumento de la participación hacia el final del período.
El radicalismo no logró desprenderse de las prácticas corrientes en el viejo régimen y subordinó el desarrollo de las nuevas prácticas a las exigencias de la antigua costumbre.
La democracia y el radicalismo sucedieron en el preciso momento en que las circunstancias propicias para su florecimiento cambiaban bruscamente, por más que la sociedad tardara en percatarse de ello. La Primera Guerra Mundial cambió sustancialmente los datos del funcionamiento de nuestra economía.
Quien gobernara el país no podía conforn1arse con las antiguas fórmulas y debía inventar respuestas imaginativas. Si además pretendía gobernarlo democráticamente, tenía que encontrar las formas institucionales de resolución de los conflictos, ampliando los espacios de representación y de discusión, así como los mecanismos estatales de regulación, y en an1bos aspectos el déficit de las administraciones -radicales fue grande. Estas cuestiones, tanto o mas que las vinculadas con la democracia institucional, dominaron el período siguiente.

III. La Restauración Conservadora, 1930 -1943
EI 6 de septiembre de 1930 el general José Félix Uriburu asumió como presidente provisional y el 20 de febrero de 1932 transfirió el mando al general Agustín P. Justo, que había sido electo, junto con el doctor Julio Argentino Roca, en noviembre del año anterior. En el ínterin, el gobierno provisional había realizado una elección de gobernador en la provincia de Bs. As., el 5 de abril de 1931, en la que triunfó el candidato radical Honorio Pueyrrcdón, y fue anulada. El episodio muestra la incertidumbre en que se debatió el gobierno provisional, vacilante entre la “regeneración nacional” o la restauración constitucional.

Regeneración nacional o restauración constitucional
La incertidumbre era común a todos los sectores que habían concurrido a derribar al gobierno de Yrigoyen e interrumpir la continuidad institucional. La mayoría apoyaba la política de mano dura adoptada con el movimiento social: la intervención en los puertos para desarmar allí el control sindical, las deportaciones de dirigentes anarquistas ó comunistas y hasta el fusilamiento del “anarquista expropiador” Severino Di Giovanni. En 1930 la movilización social era escasa.
Para sus protagonistas, la revolución se había hecho contra los vicios atribuidos a la – democracia, pero una vez depuesto Yrigoyen, no había acuerdo sobre qué hacer, y las clases propietarias vacilaban entre diversas propuestas. La más habladora era la de los, nacionalistas. Su voz había sido muy, eficaz como máquina contra el radicalismo, por el talento polémico de sus voceros y para expresar y legitimar lo que para otros era inconfesable: un elitismo autoritario del que se enorgullecían. Podían contar con algún respaldo, limitado pero importante, del poder. En el gabinete de Uriburu, compuesto de conservadores del viejo estilo, los apoyaba el ministro del Interior, Matías Sánchez Sorondo, u conservador tradicional como Uriburu, que simpatizaba con estas nuevas formas de autoritarismo; también lo hacían algunos oficiales del entorno presidencial y otros altos funcionarios.
Los militares nacionalistas sólo ocuparon algunos cargos de menor importancia en distintos gobiernos provisionales. Uriburu hizo todo lo posible por ayudarlos, jugó todas sus cartas a una elección, confiando en un triunfo plebiscitario en Bs. As., y la derrota del 5 de abril prácticamente lo convirtió en un cadáver político. Fracasada su apelación a la sociedad, intentó sin embargo una segunda baza con el Ejército, al que quiso movilizar mediante la Legión Cívica.
Los nacionalistas eran mucho más eficaces para golpear que para construir, y esta participación marginal en el poder más los estorbaba que los beneficiaba. Se fueron distanciando del gobierno, a medida que crecía la influencia de quienes rodeaban a Justo y a la alternativa institucional, a la cual terminaron apoyando. Habían acabad de conformar su discurso, que emplearon tanto para combatir la solución triunfante como para apelar, con energía al Ejército. Redujeron todos sus enemigos a uno: las altas finanzas y la explotación internacional se fundían con los comunistas. Reclamaban por la vuelta a una sociedad jerárquica no contaminada por le liberalismo, organizada por un Estado corporativo y cimentada por un catolicismo integral. Reclamaban la constitución de una nueva minoría dirigente, nacional y no vendida al extranjero. que confiaban encontrar entre los militares. Fracasada la alternativa de Uriburu, el ejército se convirtió en su objetivo principal.
Mientras los nacionalistas proponían un camino reaccionario, el grueso de la clase política optaba por la defensa de las instituciones constitucionales señalando que éstas no habían estado nunca suspendidas a las forn1as más crudas de la democracia. Existía en el pasado una ‘amplia experiencia acerca de cómo resolver la cuestión electoral y formas. Esta alternativa que salvaba los principios del liberalismo, fue reclamada desde la sociedad.
Mientras los socialistas y demoprogresistas pasaron nuevamente a la oposición, los partidos que en 1928 habían apoyado la candidatura de Leopoldo Melo oscilaron entre enfrentar los proyectos autoritarios y corporativistas de Uriburu y utilizar para una eventual elección el apoyo del gobierno, sin duda para derrotar a los radicales. Las diferencias tácticas los dividieron. El primer grupo que se constituyó, la Federación Nacional Democrática, definitivamente liberal y enérgicamente opuesta a Uriburu, fue fracturado por el Partido Conservador de la provincia de Bs. As.
El sector más consistente de la coalición eran los grupos conservadores, que constituyeron el Partido Demócrata Nacional.
El radicalismo antipersonalista se había desgranado luego de que muchos retornaran al viejo tronco, dirigido ahora por Alvear. El Partido Socialista Independiente sólo podía ofrecer una base sólida en la Capital, y también un grupo calificado de dirigentes.
Justo podía presentarse como un militar con vocación civil, pero sobre todo como quien contaba con el respaldo del Ejército. Desde el 6 de septiembre libró una guerra sorda con Uriburu por el control de los mandos principales, y salió triunfante. Su más fiel sostén, el coronel Manuel A Rodríguez. Los oficiales eran reclamados por diferentes grupos de activistas: los radicales, embarcados en conspiraciones, los nacionalistas y los seguidores de Justo que unían las banderas del constitucionalismo con las del profesionalismo; pero en el grueso de ellos predominaba todavía la desconfianza hacia la política y una postura b:sicamente profesional. que inclinó la balanza a favor de Justo.
La mayor dificultad estaba en los radicales, que habían resurgido luego de la victoria de abril de 1931 y del retorno de Mancelo Alvear quien reunificó el partido.
Los radicales apostaban a ala carta electoral y a derribar al gobierno provisional, con un movimiento cívico-militar. En julio de 1931 estalló en Corrientes una revolución, encabezada por el coronel Pomar, que permitió al gobierno detener a la plana mayor del partido. La Convención proclamó la candidatura presidencial de Alvear, que el gobierno vetó. Los radicales volvieron entonces a su antigua táctica de la abstención y dejaron e campo libre a la candidatura de Justo, que incluso pudo presentarse como un térn1ino medio entre la dictadura de Uriburu y el extremismo subversión de Alvear.
En la elección de noviembre de 1931 lo enfrentó únicamente una coalición del Partido Socialista y el Demócrata Progresista, que proponía á dos dirigente: Lisandro de la Torre y Nicolás Repetto.
En noviembre de 1931 la fórmula encabezada por Justo obtuvo un triunfo permitió que la oposición ganara el gobierno de una provincia y una respetable representación parlamentaria.
En el Congreso hubo un oficialismo y una oposición. En julio de 1933 muere Hipólito Yrigoyen.
Organizar el oficialismo no fue una tarea sencilla. Justo procuró equilibrar la participación de las distintas fuerzas en su gobierno.
Los antipersonalistas tuvieron dos ministros y los socialistas independientes uno.
Pese a que aquel Partido Socialista Independiente declinó electoralmente y se disolvió, sus dirigentes cumplieron un papel fundamental en la estructuración de la alianza y en la formación de lo que se llamó la Concordancia parlamentaria, así como en el diseño de las principales políticas del gobierno. Los partidos oficialistas ganaron las elecciones utilizando técnicas muy conocidas que combinaban el apoyo de la autoridad con el sistema del caudillismo, y explotaban las múltiples conclusiones entre ambos.
Desde 1935 se usó para bloquear el camino al partido conducido por Alvear. La ciudad de Bs. As. , se vio libre de ellos, y siempre ganó allí la oposición; en la provincia de Bs. As. , en cambio, se practicaron las formas más groseras del fraude.

Intervención y cierre económico
La depresión, que se venía manifestando desde] 928, persistió hasta 1932, golpeando duramente a lo que era hasta entonces una economía abierta. Los precios internacionales de los productos agrícolas cayeron fuertemente y aunque el volumen de las exportaciones no descendió, los ingresos del sector agrario y de la economía toda se contrajeron fuertemente. Como el gobierno optó por mantener el servicio de la deuda externa debieron reducirse tanto las importaciones como los gastos del Estado.
El dislocamiento de la economía internacional era cada vez mayor. En la crisis, los países centrales utilizaron su poder de compra para defender sus mercados. Gran Bretaña se refugió en le proteccionismo comercial y constituyó un “área” de la libra, idéntico camino tomaron Alemania y Francia y finalmente EEUU, que en 1933 declaró la inconvertibilidad del dólar. Esta nueva política económica fue adoptada por Uriburu y por Justo, la misma se había limitado a las medidas reactivas clásicas a mediados de 1933, con la designación como ministro de Hacienda de Pinedo se avanzó por un rumbo más novedoso, trazándose dos tendencias: la creciente intervención del estado y el cierre progresivo de la economía.
A fines de 1931 se estableció el impuesto a los réditos, según un antiguo proyecto de Yrigoyen. Las finanzas públicas dejaron de depender exclusivamente de los impuestos a las importaciones o de préstamos externos, hacia 1933 el gobierno había logrado equilibrar su presupuesto. Hacia 19361 el gobierno centralizaba la compra y venta de divisas. Originariamente fue una medida para enfrentar la crisis y asegurar la disponibilidad para el pago de la deuda externa, pero pronto se vio que constituía un poderoso instrumento de política económica: desde el gobierno podían establecerse prioridades para el uso de divisas.
En noviembre de 1933, una sustancial reforma estableció dos mercados de cambio; uno, regulado por el Estado, administraba las divisas provenientes de las exportaciones agropecuarias tradicionales. En el otro se compraban y vendían libremente las originadas en préstamos recibidos o en exportaciones no tradicionales. Para el primero la devaluación fue mínima, en el segundo mercado se negociaban las escasas divisas restantes.
En 1935 se creó el Banco Central, cuya función principal era regular las fluctuaciones cíclicas de la masa monetaria así como controlar la actividad de los bancos privados. Para atenuar los efectos de las crisis cíclicas y defender a los productores locales, se comenzó a regular la comercialización de la producción agropecuaria. Utilizando los fondos provenientes del control de cambios, la Junta Nacional de Granos aseguró un precio mínimo para los productores rurales.
El Estado fue asumiendo funciones mayores en la actividad económica, y pasó de la simple regulación de la crisis a la de1inición de reglas de juego.
El conjunto de la economía fue cerrándose a un mundo donde también se dibujaban áreas cerradas. La más importante tuvo que ver con la industria, cuya producción comenzó a crecer en el marco de la crisis, y siguió haciéndolo luego de la recuperación de la segunda mitad de la década. El cierre creciente de la economía, los aranceles y la escasez de divisas creaban condiciones adecuadas para sustituir los bienes importados por otros producidos localmente. Creció mucho el textil, pero también las actividades volcadas al consumo: alimentos, confecciones y productos químicos y metálicos. Los grandes capitales vinculados a las actividades agropecuarias para la exportación, acentuaron su orientación hacia la industria.
A mediados de la década de 1930 se instalaron tres grandes empresas textiles norteamericanas.
La sustitución de importaciones ofrecía el atractivo de un mercado existente y cautivo y una ganancia rápida.
La vieja dinámica de los sectores propietarios encontró en la industrialización un nuevo campo. El crecimiento industrial abrió un nuevo campo de negociación entre los sectores propietarios y el Estado.
Los cambios en el sector agropecuario fueron menos notables. La ganadería siguió retrocediendo respecto de la agricultura, la producción agrícola no decayó, las exportaciones de maíz crecieron mucho en los años centrales de la década lo que influyó tanto en el equilibrio fiscal como en la relativa prosperidad de la economía entre 1934 y 1937. En todo el nordeste se extendió la ocupación de nuevas tierras, iniciada en la década anterior, y se constituyó un amplio sector de pequeños productores dependientes de un sector comercial e industrializador muy concentrado. También aquí el Estado intervino para regular la comercialización.
El equilibrio y la relativa prosperidad que se advertía hacia 1936 debían atribuirse a esos cambios o simplemente n una transitoria prosperidad de las exportaciones.

La presencia británica
La cuestión de la relación con Gran Bretaña resultó mucho más controvertida. Presionada por cl avance del EEUU, y en el marco de la crisis desatada en 1930, Gran Bretaña optó por reconcentrarse en su Imperio, fortalecer sus vínculos con las colonias y dominios y acotar en ellos la presencia estadounidense.
En 1932, la Conferencia Imperial de Ottawa inclinó la balanza hacia los miembros del Commonwealth, quienes tendrían preferencia en las importaciones británicas. Entre otras medidas, se decidió reducir en un tercio las compras de carne congelada Argentina.
El gobierno argentino poseía un arma también decisiva: la política arancelaria y el control de cambios permitían separar las importaciones y regular el monto de las divisas que sería utilizado para pagar el servicio de la deuda británica, para seguir comprando productos británicos o para exportar las utilidades de las empresas británicas instaladas en la Argentina.
En 1933 una misión encabezada por el vicepresidente Julio Roca negoció en Londres las condiciones para el mantenimiento de la cuota argentina de carne. No logró gran cosa en su segundo objetivo, que era aumentar la participación de los productores locales en el control de las exportaciones. El tratado, firmado por Roca y el ministro británico Runciman, limitó a 15% el cupo que podría ser manejado por frigoríficos nacionales, entre los cuales se preveía que podría existir uno de tipo cooperativo, sin fines de lucro. A cambio de eso, Gran Bretaña se aseguró que la totalidad de las: libras generadas por este comercio se emplearían en la propia Gran Bretaña. A la vez se estipulaba un tratamiento benévolo para esas empresas. Se trataba sin duda de una gran victoria para los británicos; a cambio de mantenimiento de la participación argentina en le mercado de carnes se aseguraba el cobre de, los servicios se sus antiguas inversiones y el control de partes significativas de un mercado interno amenazado. La tendencia la bilaterismo con Gran Bretaña, insinuada en 1929 con el Tratado D’ Abernon, quedó ampliamente ratificada.
El “tratamiento benévolo” apuntaba a reflotar empresas británicas en dificultades: las ferroviarias y las de transporte urbano. Los ferrocarriles estaban atenazados por gastos fijos muy altos, una reducción de su actividad y la creciente competencia del transporte automotor.
El tratado aseguró a las empresas que podrían enviar sus ganancias, pero éstas fueron mínimas a lo largo de toda la década. El “tratamiento preferencial” consistió en la creación de una Cooperación de Transporte de la Ciudad de Bs. As. , quien no logró su objetivo que era que los colectiveros se incorporaran a ella y pesaran con su competencia. En ambos casos, se trataba de empresas que habían dejado de ser rentables y que no habían hecho las inversiones necesarias para conservar su peso, de modo que el “tratamiento preferencial” sólo buscaba aumentar algunas ventajas monopólicas y dilatar su ineludible deterioro.
Pese a que los beneficios no eran parejos para todos los involucrados, el tratado de Londres fue apoyado por los diversos grupos propietarios, la oposición más fuerte fue la del Partido Socialista, preocupado por las repercusiones que estos arreglos tendrían sobre los consumidores locales.
Los grandes invernadores se expresaban a través de la Sociedad Rural, los criados organizaron la Confederación de Asociaciones Rurales de Bs. As y la Pampa (CARBAP) En 1933 se sancionó la ley que establecía una Junta Nacional de Carnes, destinada a intervenir de manera limitada en la regulación del mercado y se disputó por la composición de su directorio.
En 1935 el senador por Santa Fe, Lisandro de la Torre solicitó una investigación sobre el comercio de las carnes en el país y las actividades de los frigoríficos. Los senadores oficialistas reconocieron la existencia de abusos importantes por parte de los frigoríficos. De la Torre unió el ataque a los frigoríficos con una agresión muy fuerte contra el gobierno, éste había sido candidato presidencial en 1916 contra Yrigoyen y en 1932 contra Justo. Denunció que los frigoríficos, protegidos por las autoridades, no pagaban impuestos, ocultaban sus ganancias y daban trato preferencial a algunos ganaderos influyentes.
Fue una intervención espectacular, que duró varios días, atrajo la opinión pública y causó una violenta respuesta de los ministros Duhau y Pinedo. El debate terminó abruptan1ente
sin resolución. El gobierno perdió mucho ante la opinión. En los años siguiente s la oposición reconstituyó sus filas.

De la Torre había sabido dar una amplitud política mayor a su reclamo, utilizando un argumento capaz de reunir, contra el imperialismo y la oligarquía, una opinión endurecida por el avance de los interese británicos.
En 1934 los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta publicaron un libro de impacto: La Argentina y el imperialismo británico en el que contaban una relación perjudicial desde sus inicios, allá por 1810; responsabilizaban tanto a los británicos como a la clase dirigente local, encandilada por el liberalismo y ciega a los verdaderos intereses nacionales. A ella contraponían la figura de Rosas, como expresión de los intereses auténticamente nacionales, y a la vez de una forma de gobierno dictatorial no contaminada por el liberalismo corruptor. Para el nacionalismo filofascista y el catolicismo Rosas representaba la tradición hispana de una sociedad autoritaria jerárquica y católica, que contraponían a la contemporánea, corrompida por el liberalismo, el protestantismo, el judaísmo y el marxismo.

Un frente popular frustrado
El régimen presidido por Justo fue visto como ilegítimo, fraudulento, corrupto y ajeno a los intereses nacionales.
En julio, el prestigioso general Ramón Molina había elogiado en forma pública la presidencia de Alvear.
En octubre de 1935 los trabajadores de la construcción de Bs. As, conducidos por dirigentes comunistas, iniciaron una huelga que duró-más de noventa días, y en enero la CGT realizó una huelga general de dos días. El saldo más importante fue la constitución de la Federación Obrera Nacional de la Construcción, uno de los sindicatos más importantes y combativos del país. En 1936 se efectuaron muchas huelgas, al igual que en 1935 y 1937 en ese año la CGT celebró ellO de mayo con un acto conjunto con los distintos partidos de oposición: radicales, demoprogresistas, socialistas y’ comunistas adhirieron a los reclamos de los trabajadores, fustigaron a los “herederos del 6 de septiembre” y reclamaron por la libertad y la democracia.
En 1936 la UCR triunfó en las elecciones de diputados en algunos de los principales distritos y alcanzó la mayoría en la Cámara de Diputados; en Córdoba triunfó su candidato a gobernador, Amadeo Sabattini.
Un “manifiesto de las derechas”, que redactó Pinedo, alertó contra el resurgimiento de las masas ciegas y la turbia democracia, desplazada en 19,30, y justificó el fraude patriótico.
La reacción del gobierno se dirigió también hacia el nuevo sindicalismo combativo: la ley de residencias fue aplicada en 1937 contra los principales dirigentes de la construcción. Se aprobó en el Senado una ley de Represión del Comunismo, que fue bloqueada por los diputados. Se decía que le coronel Juan l3autista Molina conspiraba contra justo, quien sin embargo lo promovió a general.
Las derechas habían convocado a un “frente nacional”, contra el “frente popular”.
En el campo de los opositores al gobierno fue muy importante el cambio de posición del Partido Comunista, que en marzo de 1935, había abrazado la consigna d “lucha de clase contra clase”, los comunistas habían combatido por igual a los nazis y fascistas y a los partidos socialdemócratas pero’ desde 1935 se lanzaron a impulsar la unidad de los sectores democráticos para enfrentar el nazifascismo. Con taL programa en Francia y en España integraron, junto con los socialistas y partidos radicales, respectivos frentes populares que ganaron las elecciones en 1936.
La Guerra Civil española, cuyo impacto en la Argentina fue enorme, sirvió para definir más claramente aún los campos. En las derechas, la Guerra Civil integró a conservadores autoritarios, nacionalistas, filo fascista y católicos integristas, en una común reacción contra el liberalismo democrático. En el campo contrario, terminó de soldar el bloque de solidaridades que iba desde el radicalismo hasta el comunismo, pasando por socialistas, demoprogresistas, los estudiantes de la Federación Universitaria, los dirigentes sindicales agrupados en la CGT y un vasto sector de opinión independiente y progresista, que también incluía figuras del liberalismo conservador.
La Reforma Universitaria, con su ideología antiimperialista, democrática y popular, empezaba a penetrar en la política: algunos de sus principales dirigentes se incorporaron a los partidos y otros tuvieron militancia independiente. La instalación de algw1as editoriales creadas por emigrados españoles multiplicó la actividad del mundo intelectual y artístico y dio trabajo a escritores, traductores y críticos. Esta actividad se prolongaba naturalmente fuera de los ámbitos intelectuales por obra de un amplio grupo de militantes de la cultura, que frecuentemente también lo eran de la política. Había en todo este movimiento una tendencia fuerte al análisis de los problemas de la sociedad, la crítica y la propuesta de soluciones alternativas para cuestiones específicas: la educación, la salud, la cuestión agraria, la condición de la mujer.
Lo que predominaba es el espíritu reformista y la -convocatoria a todos los que coinciden en la aspiración al progreso, la libertad, la democracia, y una sociedad más justa.
La CGT había nacido en 1930, uniendo a los grupos sindicalistas y socialistas hasta entonces separados. Sus primeros años fueron azarosos: la dura represión gubernamental, aunque dirigida a anarquistas y comunistas, disuadía de cualquier acción demasiado militante, que por otra parte estaba lejos de las intenciones de los dirigentes, predominantemente “socialistas”; la fuerte desocupación provocada por la crisis restaba capacidad de movilización, pese a que no faltaban motivos: los salarios cayeron y sólo en
1942 se recuperó el nivel de 1929.
Desde 1933, la recuperación económica y la reorientación industrial empezaron a hacerse notar. La desocupación fue gradualmente absorbida, y empezó lentamente el movimiento de migrantes de las zonas rurales hacia los grandes centros urbanos, atraídos por el nuevo empleo industrial. ¬
Poco a poco fueron creciendo los grupos de trabajadores de las nuevas industrias manufactureras o de la construcción; allí los dirigentes comunistas tuvieron éxito en organizar sindicatos que agruparan’ los antiguos oficios por ramas de industria: metalúrgicos textiles maderos alimentarios.
La actividad sindical res urgió hacia 1934 creció mucho en los años siguientes hasta 1937, acompañando al ciclo económico.
Los ferroviarios pudieron salvar sus empleos a pesar de la crisis, pero a costa de una reducción salarial. Los empleados de comercio lograron una ley que establecía la licencia por enfern1edad y la indemnización por despido pero fue vetada por el presidente Justo en 1932, aunque luego fue sancionada. La jornada de trabajo se redujo progresivamente y en algunas actividades se instrumentaron sistemas de jubilación, pero en ningún caso existieron las vacaciones pagas.
El presidente Roberto Ortiz, que había sucedido a Justo en 1938, no solo mantuvo buenos contactos con los ferroviarios sino que procuró formarse entre ellos una base de apoyo, interviniendo activamente en sus conflictos internos. El gobernador Fresco siguiendo las prácticas del Estado fascista italiano, declaró que su objetivo era armonizar el capital y el trabajo. Al tiempo que reprimía duramente a los comunistas, legalizaba los sindicatos y utilizaba el poder arbitral del Estado para proteger a los trabajadores.
Un conflicto interno de la Unión Ferroviaria condujo a fines de 1935 a una renovación radical de la conducción de la CGT y a un peso’ mayor de los dirigentes gremiales firmemente alineados con el Partido Socialita, permitió el ingreso progresivo a la conducción de los comunistas.
Unos y otros impulsaron el acto del 10 de mayo de 1936, con la participación de los partidos políticos que debían integrar el frente popular. En 1939 se separaron socialistas y comunistas, divididos cuando Stalin pactó con Bitler.
La pieza clave del frente era la UCR. El levantamiento de la abstención electoral, en 1935, habla sido impulsado por los sectores más conciliadores del partido, que rodeaban a Marcelo Alvear. El radicalismo contribuyó a mejorar la imagen de las instituciones, cuya legitimidad se hallaba fuertemente cuestionada.
La vuelta a la lucha política también aumentó las posibilidades de manifestación de los grupos más avanzados del radicalismo.
Hacia 1936 los socialistas habían tenido una fuerte representación parlamentaria, que se redujo con el retorno electoral de los radicales. Simultáneamente mejoró su situación en el campo gremial pero en 1937 sufrió la escisión de un grupo de militantes disconformes con la anquilosada elite dirigente: muchos de quienes por entonces integraron el Partido Socialista Obrero pasaron luego al Comunista, y este conflicto, profundizado en 1939 luego de la firma del pacto nazi-soviético, complicó las alianzas de un frente popular por entonces cada vez más problemático.
La consigna de la democratización resultó tentadora para algunos grupos del oficialismo. En 1937 el presidente Justo pudo imponer a sus partidarios la candidatura presidencial de Roberto Ortiz, de origen radical antipersonalista como él, pero debió aceptar para la vicepresidencia a un representante de los grupos conservadores más tradicionales, Ramón Castillo. Para enfrentarla candidatura de Alvear se recurrió sin disimulos a procedimientos fraudulentos que hacían “imposible catalogar esas elecciones entre las mejores ni entre las regulares que se había hecho en el país”. A Ortiz le resultó más difícil que a Justo mantener el equilibrio con los grupos conservadores de su partido, y menos aún con los nacionalistas, fuertes en la calle y en el Ejército. A la vez, le atrajo la posibilidad de acercarse al radicalismo; con el apoyo de Alvear, Ortiz, se propuso depurar los mecanismos electorales y desplazar a los dirigentes conservadores de sus principales refugios. En febrero de 1940 los radicales triunfaron en las elecciones de diputados y consolidaron su predominio en la Cámara.
Pero cuando todo parecía conducir al triunfo de esta versión del programa de la democralización, oficial islas y de derecha, apoyado inicialmente por el Partido Comunista, la enfern1edad del presidente Ortiz lo obligó en Julio de 1940 a delegar el mando en el vicepresidente Castillo. Finalmente Ortiz debió renunciar y ver como Castillo deshacía todo lo construido en pro de la democratización. En octubre de 1941, y probablemente por opresión de los militares, Castillo disolvió el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, el intento de democratización iniciado en 1936 se desmoronaba a fines de 1940.
La democracia, concedida en 1912, había arraigado lenta y progresivamente en la sociedad. Una red de asociaciones de distinto tipo contribuyó a la vez a la formación de los ciudadanos, al desarrollo de los hábitos y prácticas de participación, al ejercicio de los derechos.
Quizá los partidos no supieron canalizar y dar forma a esa movilización democrática, encontrar el punto de acuerdo entre ellos y adoptar una posición opositora: quienes debían enfrentar categóricamente al gobierno fraudulento optaron por las transacciones, y contribuyeron a un progresivo descreimiento ciudadano.
Desde EEUU se contribuyó en mucho a esa descalificación de los partidos políticos y del mismo sistema representativo: mientras la política quedaba asociada con el fraude, el Estado encaraba la negociación de las cuestiones de gobierno directamente con los distintos actores de la sociedad ignorando al Congreso y a los partidos políticos.

La guerra y el “frente nacional”
La guerra mundial que se desencadenó en septiembre de 1939 cambió gradualmente el panorama político, reacomodó los distintos grupos internos y planteó nuevas opciones.
El primer impacto lo produjo sobre las relaciones comerciales y económicas con Gran Bretaña, tanto enfriada como congelada. Como a la vez disminuyeron las importaciones de origen británico, la Argentina empezó a tener con el Reino Unido un importante saldo a su favor. Aprovechando las dificultades en todo el comercio internacional, y una suerte de “vacío de poder” regional, se empezaron a exportar a países limítrofes productos industriales: las ventas de textiles, confecciones, alimentos y bebidas, calzado y productos químicos acentuaron el crecimiento industrial iniciado con la sustitución de importaciones y el país empezó a tener saldos comerciales favorables.

Las exportaciones tradicionales parecían tener pocas perspectivas en el largo plazo pero en cambio las exportaciones industriales tuvieron perspectivas promisorias.
En noviembre de 1940 Pinedo, designado ministro de Hacienda por Castillo, formuló una evaluación lúcida de este nuevo escenario y una propuesta audaz y desprejuiciada. Su plan de Reactivación Económica proponía, como salida a las dificultades generadas por la guerra, insistir en la compra de las cosechas por parte del Estado, para sostener su precio, y a la vez estimular la construcción, pública y privada, capaz de movilizar muchas otras actividades remarcaba la importancia de estimular la industria. Pinedo advertía el problema de una economía excesivamente cerrada en sí misma y proponía estimular las industrias “naturales”, que elaboraran materias primas locales y pudieran exportar a los países vecinos ya EEUU.
Se trataba de una operación compleja,. que modificaba los térn1inos de la relación triangular, proponiendo una vinculación estrecha con EEUU, e incluso apuntaba a una inserción sustancialmente distinta de la Argentina en la economía mundial. El Estado debía movilizar el crédito privado, orientándolo hacia inversiones de largo plazo, entre ellas las industriales.
El proyecto fue aprobado por le Senado, con mayoría oficialista, pero la Cámara de Diputados no lo trató. Los radicales habían decidido bloquear cualquier proyecto oficial como una forma de repudio a la nueva orientación fraudulenta del gobierno de Castillo.
El gobierno de Ortiz procuraba acercarse a EEUU, en el contexto de su política democratizadora, y lo mismo hizo el primer canciller de Castillo, Julio Roca, que acompañó la gestión de Pinedo. La guerra se impuso en las discusiones internas y empezaron a revivir los agrupamientos de la opinión que asociaban el apoyo a los aliados con la reivindicación de la democracia y el ataque al gobierno. En junio de 1940 se constituyó Acción Argentina, dedicada a denunciar a las actividades de los nazis en el país y la injerencia de la Embajada alemana. En ella participaron radicales, socialistas, muchos intelectuales independientes y muchos distinguidos miembros de la oligarquía conservadora. Acción Argentina se diferenciaba del antiguo Frente Popular por la presencia de estos recientes conversos s los valores de la democracia, lo que reflejaba las perplejidades y divisiones de quienes hasta entonces habían apoyado al gobierno de la Concordancia.
El panorama cambió sustancialmente en la segunda mitad de 1941 en junio Hitler invadió la Unión Soviética y en diciembre los japoneses atacaron a los norteamericanos; EEUU entró en la guerra y procuró forzar a los países americanos a acompañarlo.
La Comisión de Investigación de Actividades Antiargentinas, creada por la Cámara de Diputados, se dedicó a denunciar la infiltración nazi, y en una serie de actos con EEUU y la oposición al fraude. El gobierno de Castillo no necesitaba simpatizar con los nazis para aterrarse a la neutralidad. 13astaba con mantener la continuidad de una tradición política del Estado y sumarle alguna lealtad a los tradicionales socios británicos, que veían con alanl1a cómo, con motivo de la guerra, EEUU avanzaba sobre sus últimos baluartes. Había además, una razón política clara: los rupturitas condenaban al gobierno fraudulento; quienes se mantenían fieles a él encontraban en el neutralismo una buena bandera para cerrar filas y enfrentar a sus enemigos. Éstos eran cada vez más entre los políticos, por lo que Castillo optó por buscar apoyo entre los militantes. Castilló seguía la tradición de sus antecesores. Justo cultivó a los militares, aumentó los efectivos bajo bandera, construyó notables edificios, como el Ministerio de Guerra, que eclipsaba a la mismísima Casa Rosada, pero ala vez se propuso despolitizar la institución, acallar la discusión interna, y mantener el equilibrio entre las distintas facciones. Logró mantener el control de los mandos superiores, lo que obligó a sus sucesores a apoyarse en los hombres de justo.
Castillo debió designar ministro de Guerra a otro justicia, el general Tonazzi, pero se dedicó a cultivar a los jefes y a colocar progresivamente en los mandos a enemigos del ex presidente. Bajo su gobierno se crearon la Dirección General de Fabricaciones Militares y
el Instituto Geográfico Militar, impulsando así el avance de las Fuerzas Armadas sobre terrenos más amplios que los específicos. Durante su gobierno, la presencia de los militares fue cada vez más visible. Rápidamente, las Fuerzas Armadas se constituyeron en un actor político.
Un elemento central del nuevo perfil militar fue el desarrollo de una conciencia nacionalista. El terreno había sido preparado por le nacionalismo uriburista. Era éste un nacionalismo tradicional, antiliberal, xenófobo y jerárquico. El equilibrio regional tradicional se alertaba por el apoyo de EEUU a Brasil y la exclusión de la Argentina de los programas de rearme.
Desde mediados de la década el Ejército habla ido montando distintas fabricas de armamentos. Desde 1941, Y a través de la Dirección de Fabricaciones Militares, se dedicó a promover industrias como la del acero, que juzgaban tan natural como la alimentaría, e indispensable para garantizar la autarquía.
Era importante el papel del Estado en una sociedad que seguran1ente sería acosada en la posguerra por agudos conflictos: la reconstrucción del Frente Popular, las banderas rojas en los mítines obreros y la presencia en las calles del Partido Comunista parecía signos siniestros de ese futuro. Ese ideal del Estado legítimo y fuerte, capaz de capear las tormentas de la guerra y la posguerra, poco se parecía al gobierno ilegítimo del doctor Castillo. Ya desde 1941 hubo militantes que empezaron a conspirar, mientras otros empujaban a Castillo por la senda del autoritarismo. Desde diciembre de 1942, cuando renunció el ministro Tonazzi, la deliberación se extendió en el Ejército.
Cuando todo parecía conducir al triunfo del frente Popular, un “frente nacional” se comenzó a dibujar como alternativa.
Las raíces de ese sentimiento nacional eran antiguas y con ellas había empalmado una Iglesia Católica fortalecida en el integrismo. Sobre esa base había operados el nuevo nacionalismo, antibritánico. En esta nueva inflexión, los enemigos de la nacionalidad no eran ni los inmigrantes, ni la “chusma democrática”, ni los “rojos”, sino Gran Bretaña y la oligarquía “entreguista”. Este antiimperialismo resultó un arma retórica y política formidable, capaz de convocar apoyos a derecha e izquierda, como lo demostró en 1935 Lisandro de la Torre.
En este campo, el nuevo nacionalismo compartía el terreno ya trabajado por el reformismo progresista de izquierda, y ambos podían coincidir, en distintos foros. Con el nacionalismo tradicional de derecha se encontraba en otro terreno: el del revisionismo histórico, donde la condena a Gran Bretaña y a sus agentes locales derivaba en una reivindicación de la figura de Rosas hecha en nombre de valores diversos y antitétieos.
En la literatura los temas rurales o camperos solían traer la contraposición entre e interior nacional y el litoral gringo, o entre le mundo rural y el criollo y el mundo urbano y extranjero. La preocupación por lo nacional se manifestó en intelectuales y escritores.
La fuerza de esta corriente nacional, que en el caso de la guerra se inclinaba por el neutralismo, tardó en manifestarse. De momento, el grupo de los partidarios de la ruptura con el Eje iba ganado nuevos adeptos, especialmente entre los grupos conservadores. Sin embargo, en pocos meses los principales. dirigentes del bloque democrático’ murieron: en marzo de 1942 Alvear, en los meses siguientes del ex presidente Ortiz y el ex vicepresidente Roca, y en enero de 1943 Agustín Justo, quien se perfilaba como el más firme candidato a encabezar una fórmula de acuerdo con los radicales.
A fines de 1941 el conservador Rodolfo Moreno ganó en la provincia de Bs. As y el año siguiente la Concordancia triunfó ‘en las elecciones legislativas. Poco antes, Castillo había clausurado el Consejo Deliberante y establecido el ‘estado de sitio, e ignoraba a la Cámara de Diputad9s. La Concordancia enfrentaba el grave problema de la elección de su candidato. Castillo se inclinó finalmente por el senador Robustiano Patrón Costas. Del Partido Demócrata Nacional muchos interpretaron como un seguro cambio de rumbo en la futura política exterior y que dividió aún más a sus partidarios.
Las dos alianzas políticas, empezaron a cultivar’ a los jefes militares. Los radicales se sumaron al nuevo juego y especularon con la candidatura del nuevo ministro de Guerra, el general Pedro Pablo Ramírez. Los jefes militares discutieron casi abiertamente todas las opciones, y apurecieron grupos gol pistas de diversa índole y tendencias, entre los cuales se destacó una logia, el Grupo de Oficiales Unidos, que reunía a algunos coroneles y otros oficiales de menor graduación. Muchos apostaban a la ruptura del orden institucional. Ésta linealmente se desencadenó, cuando Castillo pidió la renuncia al ministro Ramírez. El 4 de junio de 1943 el Ejército destituyó al presidente e interrumpió por segunda vez el orden constitucional, antes aún de haber definido el progran1a del golpe, y ni siquiera la figura misma que lo encabezaría.

El gobierno de Perón
El gobierno militar que asumió el 4 de junio de 1943 fue encabezado sucesivamente por los generales Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Ferrell. El coronel Juan Domingo Perón logró incitar un extenso movimiento político en tomo a su persona, que le permitió ganar las elecciones de febrero de 1946 completó su período de seis años y fue reelecto en 1951, para ser derrocado por un golpe militar en septiembre de 1955 en estos doce años en que fue la figura central de la política, al unto de dar su nombre al movimiento que lo apoyaba, PerÓn yel peronismo imprimieron a la vida del país un giro sustancial y perdurable.

La emergencia
La revolución del 4 de junio fue inicialmente encabezada por el general Rawson, quien, renunció antes de prestar juramento, y fue reemplazado por el general Pedro Pablo Ramírez. El nuevo gobierno produjo variadas expectativas fuera de las Fuerzas Armadas, pues muchos concordaban con el diagnóstico, y además esperaban algo del golpe, incluso los radicales, sin embargo, se constituyó casi exclusivamente con militares, y el centro de las discusiones y las decisiones estuvo en el Ministro de Guerra, controlado por un grupo de oficiales organizado en una logia, el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), en tomo del ministro de Guerra Farrell.
Los militares en el gobierno coincidían en la necesidad de acallar la agitación política y la protesta social: proscribieron a los comunistas j, persiguieron a los sindicatos e intervinieron la CGT, disolvieron Acción Argentina (nucleaba a los partidos de romper relaciones con el Eje) y más tarde hicieron lo mismo con los partidos políticos, intervinieron las universidades dejando cesantes a un vasto grupo de profesores de militancia opositora, y finalmente establecieron la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Contaron con la colaboración de un elenco de nacionalistas y católicos integristas, algunos de antigua militancia junto a Uriburu, quienes dieron el tono al régimen militar: autoritario, antiliberal y mesiánico, obsesionado por la fundación de un orden social nuevo y por evitar el caos del comunismo.
En 1943 la guerra estaba evolucionando de un modo tal que un alineamiento con el Eje era impensable. De hecho, el acuerdo comercial con Gran Bretaña se mantuvo. El Departamento de Estado emprendió una cruzada contra los militares, desinteresándose de las repercusiones internas de su acción e ignorando los gestos de acercamiento del gobierno argentino. El conl1icto se desenvolvió en una escalada creciente: para EEUU era una cuestión de prestigio y un imperativo moral acabar con los militares, y para éstos una cuestión de principio no aceptar el diktat del Departamento de Estado. A principios de 1944, luego de que Ramírez decidiera romper relaciones con el Eje, fue desplazado por los oficiales antinorteamericanos. El gobierno se encontró metido en un callejón sin salida.
Ésta fue finalmente proporcionada por uno de los oficiales, el coronel Perón, secretario del Ministro de Guerra Farrell y luego ministro, cuando Farrell reemplazó a Ramírez en la Presidencia en febrero de 1944. Perón sobresalía de entre sus colegas por su capacidad profesional. Clarividencia y preocupación lo llevaron a ocuparse de un actor social poco tenido en cuenta hasta entonces: el movimiento obrero. A cargo de la Dirección Nacional de Trabajo se dedicó a vincularse con los dirigentes sindicales. Todos fueron convocados, con excepción de los dirigentes comunistas. Al resto se los impulsó a organizarse y a presentar sus demandas, que empezaron a ser satisfechas. Se extendió el régimen de jubilaciones, de vacaciones pagas, de accidentes- de trabajo, se ajustaron las categorías ocupacionales y en general se equilibraron las relaciones entre obreros y patrones.
Desde la Secretaría de Trabajo, Perón expandía los mecanismos del Estado árbitro y a la vez estimulaba la organización de los trabajadores, incentivaba sus reclamos y presionaba para que éstos fueran satisfechos.
En 1942 la CGT se dividió entre un sector más a fin a los partidos opositores, encabezado por los comunistas y muchos de los dirigentes socialistas, y otro más identificado con la vieja línea sindicalista, donde se alineaban los gremios ferroviarios. La propuesta de Perón agudizó una discusión ya existente entre os dirigentes sindicales: el Frente Popular perdía atractivo.
A sus colegas militares, Perón, les señalaba los peligros que entrañaba la posguerra, la amenaza de desórdenes sociales y la necesidad de una Estado fuerte que interviniera en la sociedad y en la economía, y que a la vez asegurara la autarquía económica. En el Consejo Nacional de Posguerra que constituyó, insistió en la importancia de profundizar las políticas de seguridad social, así como de asegurar la plena ocupación y la protección del trabajo, ante la eventual crisis que pudieran sufrir las industrias crecidas con la guerra.
Las agrupaciones patronales fueron tomando distancia de Perón y de la política de la Secretaría, mientras éste paralelamente acentuaba su identificación con los obreros, subrayaba su prédica anticapitalista y desarrollaba en su discurso los motivos de la justicia social.
La oposición de democrática empezó a reconstituirse a medida que el avizorado fin de la guerra hacía más difícil la intransigencia del gobierno. El gobierno en marzo de 1945, y ante la inminencia del fin del conflicto, aceptó el reclamo de EEUU y declaró la guerra al Eje, condición para ser admitidos en las Naciones Unidas, que empezaban a constituirse. Al mismo tiempo, liberalizó su política interna. Los partidos opositores reclamaron la retirada de los gobernantes y la entrega del poder a la Corte Suprema y se sellaron su acuerdo para las elecciones que venían próximas: la Unión Democrática expresaría el repudio de la civilidad a los militares y la total adhesión a los principios de los vencedores en la guerra. El frente político, que incluía a comunistas, socialistas, y demoprogresistas, y contaba con el poyo implícito de los grupos conservadores, estaba animaos por los radicales, aunque un importante sector del partido rechazó la estrategia. “unionista” y reclamó una postura intransigente y “nacional”. Esa posición no prosperó, y la Unión Democrática fue definiendo su frente y sus alianzas: en junio de 1945 un Manifiesto de la Industria y el Comercio repudiaba la legislación social del gobierno. En septiembre de 1945, una multitudinaria Marcha por la libertad y la Constitución terminó de sellar la alianza política, pero también social, que excluía a la mayoría de los sectores obreros.
El Ejército, presionado por la opinión pública y ganado por la desconfianza al coronel sindicalista, forzó su renuncia el 8 de octubre. Pero una multitud se concreto el 17de octubre en la Plaza de Mayo reclamando por la libq11ad de Perón y su restitución a los cargos que tenía. Los partidarios de Perón en el Ejército volvieron a imponerse, el coronel habló a la multitud en la Plaza y volvió al centro del poder, ahora como candidato oficial a la presidencia.
La industrialización había avanzado durante la guerra, tanto para exportar a los países vecinos como para sustituir las importaciones, escasas por las dificultades del comercio y también por el boicot norteamericano. La ocupación industrial había crecido y la masa de trabajadores industriales había empezado a engrosar con migrantes rurales, expulsados por la crisis agrícola.
En el marco de sus organizaciones, y encabezado por sus dirigentes, quienes todavía no habían despejado todas sus dudas respecto del coronel, marcharon el 17 a Plaza de Mayo, el recuperaron, EEUU inundó el mercado con cereales subsidiados y la participación argentina disminuyó drásticamente. .
Gran Bretaña no aceptó las presiones norteamericanas para restringir sus compras en la Argentina. Además de la carne, estaban en juego las libras argentinas bloqueadas en Londres durante la guerra y las inversiones británicas radicadas en el país.
La crisis financiera británica de 1947 Y el abandono de la convertibilidad de la libra acabó con la única ventaja importante obtenida.
Vender cereales fue cada vez más difícil, y vender carne, cada vez menos interesante. La consecuencia fue una reducción de la producción agropecuaria que se acompañó de un crecimiento de un crecimiento sustantivo de la parte destinada al consumo interno. El lugar en el mundo que tradicionalmente tenía Argentina, como productor privilegiado de bienes agropecuarios, fue haciéndose menos significativo y esto contribuyó a definir las opciones (políticas y económicas) que la guerra había planteado.
En algunos casos se exportó a países vecinos, que también padecían la falta de los -suministros habituales; en otros, se fabricaban localmente los productos importados ausentes: se adaptaron los modelos y los procedimientos, con ingenio y quizá de manera improvisada y poco eficiente, y se usó intensivamente la mano de obra, lo que sumado a las dificultades para incorporar maquinarias hizo que los aumentos de producción implicaran caídas en la productividad laboral. Creció así, junto a las empresas industriales tradicionales, una amplia capa de establecimientos medianos y pequeños, y aumentó en forma notable la mano de obra industrial, que se nutría de la corriente de migrantes internos, cada vez más intensa.
Abandonada la idea de una vuelta a la normalidad, quienes estaban vinculados con los grupos empresarios más tradicionales, ubicados tanto en el sector exportador como el industrial, adoptaban las ideas planteadas por Pinedo en 1940: estimular las industrias “naturales”, capaces de producir y de competir en los mercados externos, asociarse con EEUU para sustentar su crecimiento, y a la vez mantener un equilibrio entre el sector industrial y el agropecuario, del cual debían seguir saliendo las divisas necesarias para la industria.
Una segunda alternativa había sido planteada por grupos de militares durante la guerra: profundizar la sustitución, extenderla a la producción de insumos básicos, como el acero ó el petróleo, mediante una decidida intervención del Estado, y asegurar así la autarquía.
Perón venía participando de estas discusiones, que él mismo promovió en el Consejo de Posguerra constituido en 1944. Su solución fue ecléctica y también novedosa y tuvo en cuenta los intereses inmediatos de los trabajadores, que constituían su apoyo más sólido. La presencia del sector industrial crecido en la guerra se advierte en su primer equipo económico.
La política del Estado apuntó a la defensa del sector industrial instalado, y a su expansión dentro de las pautas vigentes de protección y facilidad. Este recibió amplios créditos del Banco Industrial. En ese singular período, la alta ocupación y los salarios en alza trajeron aparejada una expansión de la demanda y una inflación cuyos niveles empezaron a elevarse, pero a la vez ganancias importantes para los empresarios.
Perón había optado por el mercado interno y por la defensa del pleno empleo. Desafiando las leyes de la contabilidad, y con la esperanza puesta en una nueva guerra mundial, en esos años se gastó en el exterior mucho más de lo que entraba. El IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) monopolizó el comercio exterior y transfirió al sector industrial y urbano ingresos provenientes del campo, mediante la diferencia entre los centro simbólico del poder, materializando un reclamo que en primer lugar era político pero que tenía profundas consecuencias sociales. Decidieron la crisis en favor de Perón, inauguraron una nueva forma de participación; definieron una identidad y ganaron su ciudadanía política, sellando al mismo tiempo con Perón un acuerdo.
Con las elecciones a la vista, Perón y quienes lo apoyaban se dedicaron a organizar su fuerza electoral. Los dirigentes sindicales decidieron crear un partido político propio, el Laborista. Su organización aseguraba el predominio de los dirigentes sindicales. En el nuevo partido, Perón en el primer afiliado y el candidato presidencial. Quizá para buscar bases de sustentación alternativas, o para recoger apoyos más amplios fuera del mundo del trabajo, Perón promovió una ruptura en el radicalismo, la UCR-Junta Renovadora, a la que se integraron uno pocos dirigentes de prestigio, de entre quienes eligió a Jazmín Hortensio Quijano para acompañarlo en la fórmula. Apoyaron también a Perón muchos dirigentes conservadores de segunda línea; y sobre todo lo respaldaron el Ejército y la Iglesia.
La Unión democrática incluyó a los partidos de izquierda pero excluyó a los conservadores, que debieron resignarse a apoyarla desde fuera o pasarse calladamente al bando de Perón, como hicieron muchos, movidos por la vieja rivalidad con el radicalismo.
El país había cambiado, en forma lenta y gradual. Perón asumió plenamente el discurso de la justicia social, de la reforma justa y posible, a la que sólo se oponía el egoísmo de unos pocos privilegiados. Estas actitudes sociales se venían elaborando en los 10 ó 20 años anteriores, lo que explicaba el eco suscitado por las palabras de Perón, que contrapuso la democracia formal de sus adversarios a la democracia real de la justicia social, y dividió la sociedad entre el “pueblo” y la “oligarquía”. Un segundo componente de estos cambios, las actitudes nacionalistas, emergió bruscamente respuesta la intempestiva intervención en la elección del embajador norteamericano Braden, quien reanudando el virulento ataque del Departamento de Estado contra Perón. La respuesta fue contundente: “Braden o Perón” agregó una segunda oposición decisiva y terminó de configurar el bloque del nacionalismo popular, capaz de enfrentar a lo que quedaba del Frente Popular.
El 24 de febrero triunfó Perón por alrededor de 300.000 votos de ventaja. En las grandes ciudades, fue evidente el enfrentamiento entre los grandes agrupamientos de trabajadores y los de clases medias y altas, pero en el resto del’ país las divisiones tuvieron un significado más tradicional. Perón ganó pero el peronismo todavía no estaba constituido del todo.

Mercado interno y pleno empleo
El nuevo gobiel11o mantuvo la retórico antinorteamericana distanciada tanto del comunismo como del capitalismo, pero estableció relaciones diplomáticas con la URSS, e hizo lo posible para mejorar sus relaciones con Washington. Por presión de Perón el Congreso aprobó en 1946 las Actas de Chapultepec, que permitían el reingreso a la comunidad intel11acional.
La hostilidad norteamericana no disminuyó, y EEUU siguió dispuesto a hacer pagar a la Argentina por su independencia durante la guerra. El boicot fue sistemático. El bloqueo a armamentos e insumos vitales no pudo mantenerse en la posguerra, salvo en algunos casos, pero el comercio exterior era vulnerable. Las exportaciones industriales a los países limítrofes empezaron a retroceder ante la competencia norteamericana. Las exportaciones agrícolas a Europa fueron obstaculizadas por EEUU, restringiendo los transportes o vendiendo a precios subsidiados.
En 1948 se lanzó el Plan Marshall, pero EEUU prohibió que los dólares aportados Europa se usaran para importaciones de la Argentina. Ya desde 1949 las economías europeas se precios pagados a los productores y los obtenidos por la venta de las cosechas en el exterior.
La política peronista se caracterizó por un fuerte impulso a la participación del Estado en la dirección y regulación del a economía; desarrolló tendencias iniciales en la década anterior, bajo las administraciones conservadoras, pero las extendió y profundizó, según una corriente de inspiración keynesiana difundida en muchas palies durante la posguerra. Hubo una generalizada nacionalización de las inversiones extranjeras que se hallaba en pleno proceso de repatriación; se adjudicó a esto una gran importancia simbólica, expresada en al formula de la Independencia Económica, solamente proclamada en Tucumán el 9 de Julio de 1947.
El Estado avanzó en actividades industriales, no sólo por la vía de las fábricas militares sino con un grupo de empresas alemanas nacionalizadas, que integraron el DINIE. La reforma más fue la nacionalización del Banco Central.
La nacionalización de la economía y su control por el Estrado fueron unas de las claves de la nueva política económica. La otra tuvo que ver con los trabajadores, con el mantenimiento del empleo y con la elevación de su nivel de vida. El terror a las posibles consecuencias sociales del desempleo, el recuerdo de la crisis de la primera posguerra así como la misma experiencia europea de entre guerra y también de posguerra, debe haber influido no solo en el diseño político más general sino en el privilegio. La justicia social sirvió para el sostenimiento del mercado interno. Entre 1946 y 1949 se extendieron y generalizaron las medidas sociales lanzadas antes de 1945 los salarios empezaron a subir notablemente, a ello se agregaron las vacaciones pagas, las licencias por enfermedad o los sistemas sociales de medicina y de turismo, actividades en las que los sindicatos tuvieron un importante papel. El Estado contribuyó elevación del nivel de vida

El Estado peronista
Esta combinación de lo conseguido y lo concedido es reveladora de la compleja relación establecida entre los trabajadores y el Estado. Justificándose en la innumerable cantidad de conflictos entre laboristas y radicales renovadores, Perón ordenó la disolución de los distintos nucleamientos que lo habían apoyado, y’ entre ellos el Partido Laborista, a través del cual los viejos sindicalistas aspiraban a conducir una acción política autónoma, solidaria con Perón pero independientemente. La dedición que culminaría en la creación del Partido Peronista, fue al principio resistida; en enero de 1947, Perón eliminó de la dirección de la CGT a Luis Gay, veterano gremialista e inspirador del Partido Laborista, y uno de los propulsores del proyecto autónomo.
La organización obrera se consolidó finalmente. La sindicalización, escasa hasta 1943, se extendió rápidamente a los gremios industriales primero y a los empleados del Estado después, alcanzando su máximo hacia 1950.
La función de los sindicatos respecto de las organizaciones de base fue: controlar, achicar el espacio de acción autónoma, invertir a las secciones demasiado inquietas; a la vez, se hicieron cargo de funciones cada vez más complejas, desarrollar una administración especializada. En la base, la acción sindical conservó una gran vitalidad, por obra de las comisiones internas de fábrica, que se ocuparon de infinidad de problemas inmediatos referidos a las condiciones de trabajo, negociaron directamente con patronos y gerentes. En los primeros años, hasta 1949, las huelgas fueron numerosas, y se generaron al impulso de las reformas lanzadas desde el gobierno, para hacerlas cumplir o extenderlas.
Los gremialistas que lo acompañaron inicialmente fueron alejándose, reemplazados por otros elegidos por el gobierno y más proclives a acatar sus indicaciones. Las huelgas fueron consideradas inconvenientes al principio: se procuró solucionar los conflictos mediante los mecanismos del arbitraje, y en su defecto se optó por reprimidos. Desde 1947 Eva Perón, esposa del presidente, se dedicó desde la Secretaría de Trabajo a cumplir las funciones de mediación entre los dirigentes sindicales y el gobierno.
La relación entre Perón y el sindicalismo fue sin duda compleja, negociada y difícilmente reducible a una formula simple.
El Estado peronista tenía en los trabajadores su gran fuerza legitimadora, y los reconocía como tal; y no de un modo retórico o abstracto, sino referido a sus organizaciones y a sus dirigentes, a quienes concedió un lugar destacado. Procuró extender sus apoyos a la amplia franja de sectores populares no sindicalizados, con quienes estableció una comunicación
0- profunda a través de Eva Perón y de la Fundación que llevó su nombre. Financiada con fondos públicos y aportes privados la Fundación realizó una obra de notable magnitud: creo escuelas, hogares para ancianos o huérfanos, repartió alimentos y regalos navideños, estimuló el turismo y los deportes, a través de campeonatos infantiles y juveniles. Practicó la acción directa: las unidades básicas detectaban los casos particulares de desprotección y transmitían los pedidos a la Fundación. “Eva Perón era la encarnación del Estado benefactor y providente. Sus beneficiarios no eran exactamente los mismos que los trabajadores: muchos carecían de la protección de sus sindicatos, y todo lo debían al Estado y a su intercesora.
La experiencia de la acción social directa, sumada al reiterado discurso del Estado, terminaron constituyendo una nueva identidad social, los “humildes”, que completó el arco popular de apoyo al gobierno. .
Según una concepción que se desarrolló el Estado debía vincularse con cada uno de los sectores de la sociedad, que era considerada como una comunidad y no como la suma de individuos, y aspiraba a que cada uno de ellos se organizara y constituyera su representación corporativa. Intentó también redefinir las relaciones con las grandes corporaciones tradicionales. Con la Iglesia existió, un acuerdo básico, que se tradujo en el poco velado apoyo electoral de 1946. El gobierno peronista mantuvo la enseñanza religiosa en las escuelas, y concedió la conducción de las universidades a personajes vinculados con el clericalismo hispanófilo. Reservó un lugar importante en el ceremonial público a los altos prelados e incorporó 11 su elenco político a algunos sacerdotes. Fue sin embargo una relación algo distante: un grupo importante de eclesiásticos se alineó finalmente en el lado de los opositores, otros lamentaron la renuncia de Perón a las consignas nacionalistas, y otos muchos miraron con reservas algunos aspectos de la política democratizadora de las relaciones sociales, como por ejemplo la igualación de derechos entre hijos naturales y legítimos.
Procuró conservar la identificación establecida en 1943 entre las Fuerzas Armadas y un gobierno del que se quería continuador: el 4 de junio.
Según la concepción de Perón, el Estado, además de dirigir la economía y velar por la seguridad del pueblo, debía ser el ámbito donde los distintos intereses sociales negociaran y dirimieran sus conflictos.
Un gobierno surgido de una de las escasas elecciones que hubo en el país recorrió con decisión el camino hacia el autoritarismo. Así, en 1947 reemplazó a la Corte Suprema mediante un juicio político poco convincente. Utilizó el recurso de intervenir las provincias; en muchos casos y en la – mejor tradición argentina, lo hizo para resolver cuestiones entre sectores de su heterogénea cohorte de apoyo. Una ley acabó en 1947 con la autonomía universitaria, estableciendo que toda designación docente requería de un decreto del Ejecutivo. El Poder Legislativo fue respetado pero se lo vació de todo contenido real: los proyectos se preparaban en oficinas de la presidencia, y se aprobaban sin modificaciones; los opositores fueron acusados de desacato, excluidos de la Cámara, como ocurrió en 1949 con Balbín, y la discusión Parlameteria fue eludida recurriendo al “cierre del debate”. En 1951 una modificación del sistema de circunscripciones electorales redujo al mínimo la representación opositora en la Cámara de Diputados. El avance del Ejecutivo llegó también al cuarto poder: el gobierno formó una importante cadena de diarios y otra de radios.
La Reforma de la Constitución, realizada en 1949, acabó con’ la última y gran salvaguardia institucional al autoritarismo y estableció la posibilidad de la reelección presidencial. Dos años después, en noviembre de 1951, Perón y Quijano fueron reelectos, obteniendo en la ocasión alrededor de las dos terceras partes de los votos.
Para Perón, tan importante como afirmar la preeminencia del Ejecutivo sobre el resto de las instituciones republicanas fue dar forma al heterogéneo conjunto de fuerzas que lo apoyaba.
A todo ello había que darle un disciplinamiento y organización acordes con los principios políticos más generales del peronismo. Para ello recurrió a un método muy tradicional, ya practicado por Roca, Yrigoyen y Justo: el uso de la autoridad del Estado para disciplinar las fuerzas propias, y uno novedoso, la utilización de su liderazgo personal e intransferible. El Partido Peronista, creado en 1947, adoptó una organización vertical, donde cada escalón se subordinaba a la decisión del nivel superior, hasta culminar en el líder, con derecho a modificar cualquier decisión partidaria. El Partido se limitó a organizar las candidaturas, y Perón a arbitrar en los casos difíciles.
Finalmente, el Partido fue incluido dentro del Movimiento, junto con el Partido Peronista Femenino (org. Por Eva) y la CGT, a las ordenes del Jefe Supremo, a quien se subordinaban el Comando Estratégico y los Comandos Tácticos.
Movimiento y nación eran considerados la misma cosa. Lo que inicialmente fue la doctrina peronista se convirtió en la Doctrina Nacional, consagrada por la Constitución de 1949 estado y movimiento, movimiento y comunidad confluían en el líder. Se combinaban aquí las tradiciones del Ejército, donde la conducción es un capítulo fundamental del mando, y la de los modernos totalitarismos que, en su versión fascista, sin duda impresionaron a Perón.
El peronismo segó sistemáticamente los ámbitos de participación autónoma, ya fueran estos partidarios, sindicales o civiles, y tuvo una tendencia a penetrar y “peronizar” cualquier espacio de la sociedad civil, no es menos cierto que encarnó y concretó un vigorisísimo movimiento democratizador, que aseguró políticos y sociales de vastos sectores hasta entonces al margen, culminando con el establecimiento del voto femenino y la instrumentación de medidas concretas para asegurar a al mujer un lugar en las instituciones. .
Esta singular forma de democracia se constituía desde el Estado. Los diversos actores que conformaban su base de sustentación eran considerados como “masas” inculcándole la doctrina. A ello se dirigía la propaganda masiva, que saturaba los medios de comunicación y también la escuela.
La forma más característica y singular de la política de masas eran las movilizaciones y concentraciones Realizadas en días fijos – 1º de mayo, 17 de octubre -
La tradición contestataria era recordada y mantenida tanto por Perón como sobre todo en las palabras ásperas, llenas de furor plebeyo y desafío clasista de Eva Peón.
Al renovar el pacto fundador entre el líder y el pueblo, las grandes concentraciones cumplían un papel fundamental en la legitimación plebiscitaria del régimen. Era el momento privilegiado en la constitución de una identidad, que resultaba tanto trabajadora y popular como peronista.
La oposición terminó ocupando el lugar asignado en este sistema. La derrota de 1946 desarticuló totalmente el proyecto de la Unión Democrática y enfrentó a los partidos opositores con una cuestión difícil: desde dónde enfrentar a Perón. Los socialistas, apartados de toda representación política, mantuvieron su caracterización de “nazifascismo”, denunciaron los avances hacia’ el autoritarismo y consideraron que la prioridad era acabar con el régimen; los grupos de socialistas que intentaban una postura más comprensiva hacia los trabajadores que habían adherido al peronismo no lograron quebrar la sólida y ya anquilosada estructura partidaria. Algo similar ocurrió en el Partido Comunista: hubo un período de acercamiento y simpática comprensión por la vía de las organizaciones de trabajadores, que culminó con la expulsión de los dirigentes que la proporcionaron. Los conservadores sufrieron el cimbronazo de una cantidad de dirigentes que se “pasaron”, pero finalmente se reconstituyó, en una línea de oposición frontal, fundada en la defensa de la legalidad republicana.
En el radicalismo el proceso fue más amplio. La derrotad e 1946 abrió el camino a la renovación partidaria y una coalición de intransigentes renovadores y sabattinistas, críticos de la estrategia de la Unión Democrática, desplazó a los “unionistas” que venían del tronco alvearistas.
El MIR combatió al peronismo! desde una oposición que se presentaba como más progresista, tanto en lo social como en lo nacional, y lo hizo con más soltura a medida que el régimen, por las exigencias del gobierno, fue abandonando sus posiciones iniciales más avanzadas. Mientras el grupo unionista optaba por el desafío frontal y especulaba con un golpe militar, los intransigentes discutieron en el Congreso. En el grupo de los cuarenta y cuatro diputados, presidido por Balbín y Frondizi, se formó toda la dirigencia radical posperonista. Pero no llegaron a constituirse en una verdadera oposición democrática porque la mayoría peronista no estaba dispuesta a convertir al Congreso en un lugar de debate.

El conflicto cultural
El régimen peronista no atacó ningún interés de las clases altas tradicionales, aunque algunos segmentos de ellas pudieran verse afectados por la política agropecuaria. Las instituciones que expresaban los intereses corporativos de los propietarios no se opusieron públicamente al gobierno. En el imaginario social ocupó un lugar importante en el “nuevo rico” que se mezcló con otros nuevos integrantes de una elite dirigente que era mucho más variada que la anterior a 1945: los sindicalistas ocuparon puestos visibles, junto con una nueva camada de políticos, deportistas o artistas. Las clases medias tradicionales se nutrieron de nuevos y vigorosos contingentes llegados por las vías más tradicionales de la sociedad argentina: la modesta prosperidad económica de los trabajadores y la educación de sus hijos.
Los sectores populares se incorporaron a ámbitos visibles. Más allá de su significado político, el 17 de octubre fue simbólico precisamente por eso. Estimulados por el Estado peronista y una amplitud económica novedosa, los sectores populares se incorporaron al consumo, a la ciudad, a la política.
Se llenaron las canchas de fútbol, las plazas y parques, el Parque Retiro y los lugares de baile. Ejercieron plenamente una ciudadanía social, que nació íntimamente fusionada con la política.
El reconocimiento de la existencia del pueblo trabajador y el ejercicio de nuevos derechos estuvo asociado con la acción del Estado, y la justicia social fue una idea clave y constitutiva tanto del discurso del Estado como de la nueva identidad social que se constituía.
La justicia social venía a complementar así el proceso secular de integración de la sociedad argentina, y la identidad que se constituyó en torno de ella a la vez obrera e integrativa. A diferencia de las décadas anteriores, todo lo referente al mundo del trabajo, y a la misma dignidad inherente a él, tuvo un significado central, reforzado por el papel de la institución, obrera por excelencia en innumerables ámbitos: de la vida, laboral y no laboral, pues de la mano del sindicato, los trabajadores tanto aseguraron su salud como accedieron al turismo o al deporte. Los trabajadores se integraron a la nación de la mano del Estado ya la vez se incorporaron a la sociedad establecida.
El Estado facilitó el acceso a dichos bienes. Al fuerte estímulo a la educación se agregó la protección y promoción de las diversas actividades culturales. Distribuía. al público junto con los bienes una dosis masiva de propaganda. La mayoría de los diarios y todas las radios fueron manejadas, directa o indirectamente, desde la Secretaría de Prensa y Difusión. En las escuelas el libro la razón de mi vida de Eva Perón fue establecido como texto obligatorio.
El Estado facilitaba y distribuía la cultura “popular”, que incluía mucho de 10 folclórico tradicional y mucho de comercial. Distribuía en el imaginario de la sociedad los modelos sociales y culturales establecidos. Distribuía también una cierta visión de la tradición nacional, manifiesta en la preocupación por develar el mítico ser nacional que debía unificar a la comunidad.
El peronismo había surgido, en los años de guerra y la inmediata posguerra, en el marco de un fuerte conflicto social, alimentado desde el mismo Estado. Derivó por una parte en un fuerte enfrentamiento político, que separaba al oficialismo de la oposición, y por otra en un conflicto que, más que social, era cultural.
Fue un conflicto cultural el que opuso 10 “oligárquico” con 10 “popular”. Lo popular combinaba las dimensiones trabajadora e integrativa. y carecía de aquellos componentes clasistas que, en otras sociedades, se manifiestan en una cultura cerrada y centrada en sí misma. La oligarquía era quien pretendía restringir el acceso a esos bienes y excluida pueblo. Se trataba de una definición precisa en eie110 sentido, sobre todo ético, pero socialmente muy difusa, y permitía combinar un violento ataque discursivo, la “oligarquía encerrada en sus madrigueras”

Crisis y nueva política económica
La coyuntura externa favorable en la que surgió el Estado peronista comenzó a invertirse hacia 1949: los precios de los cereales y las carnes volvieron a su normalidad y los mercados se contrajeron. La situación era grave, ya que el desarrollo de la industria hacía al país más dependiente de sus importaciones: combustibles, bienes intermedios como acero y papel, repuestos y maquinarias, cuya falta dificultaba el desenvolvimiento de la industria y provocaba inflación, paro y desocupación. Los primeros signos de la crisis llevaron en 1949 a la caída de Miranda, reemplazado por un equipo de economistas profesionales que se encargó de iniciar los ajustes. Tres años después crisis se repitió. En el invierno de 1952, la gente debió consumir un pan negruzco, elaborado con mijo, faltó la carne y los cortes de luz fueron frecuentes. También en ese invierno falleció Eva Perón.
En 1952 el gobierno adoptó un nuevo rumbo económico, ratificado luego en el Segundo Plan Quinquenal que debía tener vigencia entre 1953 y 1957 para reducir la inflación, se restringió el consumo interno: fueron eliminados subsidios a distintos bienes de uso popular, se estableció una veda parcial al consumo de carne y se levantó el congelamiento de los alquileres; Perón hizo una apelación a la reducción voluntaria y consciente del consumo. Se proclamó la “vuelta al campo”: el IAPI, manejado por un “ministro liquidador”, invirtió su mecanismo y empezó’ a estimular a los productores rurales con precios retributivos, al tiempo que se daba prioridad a la importación de maquinaria agrícola. Esta política apuntaba a aumentar la disponibilidad de divisas para seguir impulsando el desarrollo del sector industrial.
El estancamiento industrial era evidente y al amparo de una amplia política proteccionista, había proliferado un extenso sector de medianos y pequeños establecimientos que subsistía de alguna manera al amparo de las grandes fábricas y de sus elevados precios. Otras ramas como la metalúrgica, la de electrodomésticos, papel, tenían amplias posibilidades en el mercado interno.
La industria empleaba una alta proporción de mano de obra, y el peso de los salarios resultaba alto y difícil de reducir debido a al alta ocupación y a la fuerte capacidad sindical de negociación. I
En la nueva política económica: se restringió el crédito industrial y el uso de las divisas y se dio una nueva prioridad a las empresas grandes y sobre todo a las industrias de bienes de capital: el proyecto siderúrgico de SOMISA fue reactivado y se procuró iniciar la fabricación de tractores y automóviles. Los contratos colectivos de trabajo fueron congelados por dos años.
En 1953 el gobierno sancionó una ley de Radicación de modificación respecto de los postulados de la independencia posición
Los logros de la nueva política económica fueron modestos: se redujo la inflación y se reequilibró la balanza de pagos, pero no se apreciaron cambios más sustanciales en el agro y la industria. Esa política marcaba un nuevo grupo pero su aplicación fue moderada y tuvo en cuenta la necesidad de resguardar la situación de los sectores populares.
Los comienzos de la crisis económica fueron acompañados de importantes manifestaciones de disconformidad entre dos de los principales apoyos del régimen, los sindicatos y el ejército. Hacia 1948 el estado había logrado estabilizar y controlar el frente gremial. En 1949 en dos ocasiones fue la FOTIA. Luego fueron los bancarios, los gráficos y los ferroviarios, a fines de 1950 y principios de 1951. La proclamación de su candidatura a vicepresidente por parte de Eva Perón, fue en el Cabildo Abierto del Justicialismo el 22 de agosto de 1951, a la que ella renunció días después.
Perón en plena campaña electoral restringió aún más la acción de los políticos opositores y obtuvo un aplastante triunfo en noviembre de ese año, en las primeras elecciones con sufragio femenino, logró la totalidad de los senadores y el 90% de los diputados.
Capitales: suponía una económica y la tercera

Consolidación del autoritarismo
Perón inició su segundo período consolidado por el nuevo plan económico. Hasta la muerte de Evita fue una ocasión para unos funerales convc11idos en singular manifestación plebiscitaria. El fin de la etapa revolucionaria podía hacer presuponer una marcha hacia la pacificación política y una relación más normal con los que disentían, en el marco de un cierto pluralismo. Había otras fuerzas que empujaban al mantenimiento y acentuación del rumbo autoritario.
En los 3 años finales de su gobierno Perón tuvo una conducta errática. Fue evidente la dificultad para llenar el vacío dejado por la muerte de Eva: tanto en la fundación como en el nuevo partido peronista femenino o la misma CGT se advirtió un manejo burocrático y una pérdida de iniciativa. Peón manifestó eiel10 cansancio y menor concentración en el trabajo y la conducción política, se dedicó a exhibirse rodeado por adolescentes de la Unión de estudiantes secundarios (VES) La VES era una de las nuevas manifestaciones de esa vía autoritaria, que procuraba encuadrar todos los sectores de la sociedad en organizaciones, controladas y “peronizadas”. Se avanzó en la “peronización” de la administración pública y la educación, esta peronización llegó a las fuerzas armadas.
En abril de 1953, hubo una concentración y mientras Perón hablaba, estallaron en Plaza de Mayo bombas colocadas por grupos, opositores lanzados al terrorismo y murieron varias personas. La respuesta fue que grupos peronistas incendiaron la Casa Radical, la Casa del Pueblo socialista y el Jockey Club. Como consecuencia de esto hubo una amplia detención de dirigentes y personalidades opositoras. En diciembre una ley permitió liberar a la mayoría. Al año siguiente, 1954; la convocatoria a elecciones para designar vicepresidente derrotó con la tradicional amplitud a Crisólogo Larralde.
El radicalismo había definido su perfil, encontrado un ángulo de oposición posible a un régimen que giraba al conservadurismo y al autoritarismo. Desde 1946 los unionistas estaban jugados a la abstención, la ruptura total y el golpe a esa línea. El grupo de Intransigencia y Renovación insistió desde el comienzo en la lucha institucional e ideológica.
En 1954 ganó el control del partido, cuando Frondizi alcanzó la presidencia del Comité Nacional. Ese año, la fundación del Partido Demócrata Cristiano parecía indicar que la Iglesia se sumaba a esta visión en cierto modo póstuma del régimen envejecido.

La caída
La fundación del partido demócrata cristiano marcó el comienzo del conflicto entre Perón y la Iglesia que rápidamente llevó a su caída. El estado peronista y la iglesia empezaron a chocar en una serie de campos específicos. La Iglesia era sensible a los avances de aquel. en el terreno de la beneficencia, a través de la fundación, y en el de la educación.
El conflicto estalló en septiembre de 1954, cuando en Córdoba compitieron dos manifestaciones celebratorias del día del estudiante, una organizada por los católicos y otra por la VES. En noviembre Perón lanzó su ataque contra la iglesia, el enfrentamiento pareció enfriarse enseguida. El ataque mostró la verticalidad alcanzada en el aparato político oficial: todos a una, con escasas disidencias, descubrieron los tremendos vicios de la Iglesia. Aunque se intentó limitarlo a “unos pocos curas”, fue un ataque feroz, asombroso para una sociedad que desde 1930 había retrocedido tanto en su aprecio por los valores del laicismo. Se prohibieron las procesiones, se suprimió la enseñanza religiosa en las escuelas, se introdujo una sorpresiva cláusula que permitía el divorcio vincular, se autorizó la reapertura de los prostíbulos y se envío un proyecto de reforma constitucional para separar la Iglesia del Estado.
La defensa de la Iglesia no fue menos eficaz y demostró su poder como institución, inundó la ciudad con todo tipo de panfletos. El 8 de junio, el día de Corpus, se celebró una multitudinaria procesión; el jefe de Policía hizo quemar una bandera argentina y acusó de

ello a los opositores católicos. El 16 de junio se produjo un levantamiento en la Marina contra Perón. La intentona fracasó rápidamente y el Ejército demostró otra vez su fidelidad a las instituciones legales. Como en 1953; la primera reacción del régimen fue el terror administrativo: grupos visiblemente impunes incendiaron la Curia metropolitana y varias iglesias de la Capital.
Esta explosión de furia fue seguida de una actitud conciliadora de Perón que, aunque triunfador, había perdido mucho de su libertad de maniobra, y en cierto modo era prisionero de sus salvadores militares. Súbitamente concluyeron los ataques a la Iglesia. Se ensayó, una renovación de los cuadros dirigentes, excluyendo a los personajes más conflictivos y convocando a otros con mayor aptitud para el diálogo, y se llamó a la oposición a negociar.
“Perón declaró que dejaba de ser el jefe de una revolución y pasaba a convertirse en el presidente de todos los argentinos. Los dirigentes opositores fueron invitados a abrir un debate público, utilizando los medios de prensa del Estado. Otros dirigentes pudieron hablar, pero al socialista Alfredo Palacios no se lo autorizó. Por entonces, Perón había concluido que la posibilidad de abrir un espacio para la discusión democrática que lo incluyera era mínima. .
Después, el 16 de septiembre, estalló en Córdoba una sublevación militar que encabezó el general Eduardo Lonardi, un prestigioso oficial, conspirador de 1951. Aunque los apoyos civiles fueron muchos, especialmente en entre los grupos católicos, la unidades del Ejército que se plegaron fueron escasas.
Perón había perdido completamente la iniciativa y tampoco manifestó una voluntad de defenderse moviendo todos los recursos de que disponía; sus vacilaciones coincidieron con una decisión de quienes hasta ese momento habían sido sus sostenes en el Ejército, que sobriamente decidieron aceptar una renuncia dudosamente presentada. El 20 de septiembre de 1955 Perón se refugió en la embajada de Paraguay y el 23 de septiembre el general Lonardi se presentó en Buenos Aires como presidente provisional de la Nación, ante una multitud tan numerosa como las reunidas por el régimen, pero distinta en su composición.


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