I. El ascenso y la intervención de las fuerzas armadas en la política interna no se inicia en la Argentina en un día, un mes o en un año determinado. El proceso viene de lejos y está signado por hechos que hacen a la realidad social y económica del país. El militarismo es una condición profundamente arraigada debido a diversos mecanismos de consentimiento que elabora el poder. Entre 1880 y 1910, los sectores de dominio comienzan a imponer la idea de la nacionalización por intermedio de los más variados cauces.
Las características que definen al militarismo no son expresiones, deseos o aptitudes exclusivas de quienes integran las fuerzas armadas. Señalarlo así constituye una expresión demagógica y falsa que desvirtúa la verdad. El proceso es más complejo. En primer lugar, ya a partir de 1810 se escuchaban en el país voces que condenan el militarismo y la tendencia de las fuerzas armadas a controlar la vida de los ciudadanos por medio de las denominadas “virtudes militares” (jerarquización, simbolismos, obediencia ciega, etc.) o a través de los “objetivos militares” (seguridad interna, reivindicaciones territoriales, etc.). En segundo lugar, la intromisión de los supuestos “valores militares” se observa en otros planos de la vida cotidiana. Podría llamarse influencia estética de la vida militar en la sociedad civil (en el vocabulario, en la vida cotidiana, en el deporte, en las diversiones, juguetes, entretenimientos electrónicos, en las actividades o en el irracionalismo predominante).
Ningún orden social totalitario o autoritario perdura sin cierto apoyo de los más, sea a través de la conformidad sustentada en valores abstractos o en otros seculares, en la esperanza de aspiraciones comunes que asocian al pueblo y a la élite del poder. Los estados totalitarios contemporáneos hacen siempre uso de las más variadas técnicas y métodos para establecer esa coordinación; y para el poder esa coordinación significa conformidad absoluta impuesta por argumentos irracionales que hacen a la estructura económica – social y sostenida asimismo por la fuerza. La conformidad del miedo y el silencio.
II. Paralelamente, en la Argentina, el espíritu militar de ciega obediencia se conforma lentamente amparado por las normas tradicionales y de manera especial por otras importadas de Alemania. Es así que 1899, el Ejército contrata a oficiales de ese origen para desempeñarse como instructores y paralelamente adopta reglamentos y principios teóricos que organizan con mayor irracionalidad que los anteriores la obediencia ciega. En Argentina esta situación se acentúa y adquiere formas extremas. Se suprime y desprecia la razón individual.
De esta manera, en 1900 se inaugura la Escuela Superior de Guerra y dos años más tarde se establece el servicio militar obligatorio. Pocos años más tarde se sanciona la Ley de Residencia, que autoriza al Poder Ejecutivo a expulsar, sin mediación de justicia, a los extranjeros que se consideren indeseables.
El individuo sólo puede desarrollarse plenamente si se subordina a los intereses del Estado. Debe asociarse a unidades amplias; únicamente así, insertándose en las mismas, conformando una igualdad abstracta, desechando toda posible diferenciación (es decir, sin libertad), puede ser útil.
Al analizar la situación de la sociedad a comienzos del siglo XX, la actitud de los trabajadores adquiere entonces una importancia fundamental. El mantenimiento del equilibrio social de los años anteriores sufre cambios bruscos. Ya en 1902, el año de la primera huelga general en el país, los sectores de poder, en defensa de la “seguridad nacional” amenazada por el movimiento obrero, comienzan a estructurar organismos represivos a partir del empleo de la fuerza armada y del espionaje y control policial.
III. Nada interesante!
IV. El proceso que va del reformismo liberal al conservadorismo de las primeras décadas del siglo XX, que deviene en la reacción militar de 1930, se inicia bajo el auspicio de diversas vertientes. La clave para entender los cambios de las ideas debemos buscarla en el variable ambiente social y económico. En la Argentina los hechos nos señalan que a partir de los últimos años del siglo XIX se produce un cambio de los niveles específicos de represión y frecuentes marchas y contramarchas en las actitudes políticas y sociales de los grupos que detentan el poder. La burguesía termina por reconocer, al fin, un enemigo “a su izquierda”. La nueva ideología espera liberar a la sociedad de muchos lazos tradicionales y al mismo tiempo impone otros más acordes con la nueva realidad económica.
La crítica a la democracia liberal, las propuestas antiintelectualistas, el deseo de reafirmar ideológicamente la estructura de la colonia, el neomedievalismo y el racionalismo, comienzan a propagarse en la Argentina. La marea que produce la reacción crece y se reafirma en los primeros años del siglo XX.
V. En 1909 se observan los ataques a las manifestaciones proletarias y los asesinatos de trabajadores huelguistas. La represión va entonces en aumento. Además deben considerarse los acontecimientos de la violencia desatada en 1919 en Buenos Aires contra los obreros en huelga, los fusilamientos de 1920-1922 en la Patagonia, la sangrienta represión de las bandas armadas de La Forestal en sus establecimientos de Chaco y Santa Fe. La actividad de los grupos parapoliciales fueron organizados para perseguir las expresiones de un movimiento obrero, una realidad que cada día obsesionaba más a los sectores conservadores del país. Paralelamente se iba conformando en la Argentina la idea de lo que luego, medio siglo más tarde se denominaría “teoría de la seguridad nacional”. Una y otra vez, se expone la necesidad de que las fuerzas armadas deben intervenir en los conflictos internos para asegurar el “orden” y la “paz” alterados por las agitaciones sociales.
VI. A partir de la segunda década del siglo XX la escena y los métodos cambian; se organizan en el país otras formas ideológicas, políticas y sociales a través de las cuales los grupos de poder conforman el denominado “espíritu público” e imponen en el pueblo el consenso al orden nuevo. Todo poder de dominación se compone de dos elementos que hacen su fuerza: la violencia y el consentimiento.
Es así que en las primeras décadas del siglo XX, con plena conciencia de lo que hacen, perfeccionan las fórmulas más sutiles de control social (psicológicas y concretas) teniendo como intermediarios a los denominados “canales de comunicación de masas” y los espectáculos deportivos masificados, realidades que facilitan la planificación del odio y la evasión de la realidad.
Los sectores nacionalistas insisten poco antes de la revolución de 1930 en tres propuestas autoritarias similares a las sostenidas por las corrientes contra-revolucionarias europeas del siglo XIX: orden, autoridad y jerarquía. Nadie puede poner en duda hoy la influencia de Mussolini en un amplio sector del nacionalismo argentino a comienzos de la década de 1930; aunque la mayor parte de los ultra derecha ya habían venido de las fuentes francesas, quienes formularon los principios del nacionalismo integral (que rechaza al liberalismo humanitario y progresista de la Ilustración). A estas influencias debe de sumársele el verticalismo del ejército alemán.
VII. Debido a esos y otros principios que en mayor o en menor grado comparten los autoritarismos y totalitarismos en defensa de la nación y de la “cultura nacional”, todo está permitido: persecución, cárcel, tortura, asesinato y degradación de los opositores pasivos o activos del sistema. A ello se suma la esperanza en el líder carismático y providencial. DUCE, FÜRHER, CAUDILLO, CONDUCTOR, que salvaría al país del imperialismo internacional, del marxismo, de la burguesía, de todos los males, imponiendo el orden jerarquizado y el nacionalismo.
Uriburu el 1 de Octubre de 1930 advierte públicamente sobre las características y los motivos del golpe militar: “Todos comprendíamos que de seguir así llegaríamos a la revolución social”. Tal era el estado de situación que bajo el ropaje abstracto de fórmulas reaccionarias, bajo el común lenguaje autoritario, se percibe el temor de los menos. Recuerda el entonces capitán J. D. Perón “en forma de avalancha humana se desbordó en las calles al grito de ‘viva la revolución’, que tomó la Casa de Gobierno, que decidió a las tropas a favor del movimiento y cooperó en todas las formas a decidir una victoria que de otro modo hubiera sido demasiado costosa sino imposible.
En Diciembre de 1932 grupos parapoliciales atacan a tiros un acto anarquista realizado en el Parque de Patricios por considerar que los oradores “agredían con gruesos calificativos a las autoridades y a los símbolos del país”. Ese año, miembros de la Legión Cívica Argentina habían ingresado con violencia al Centro socialista en momentos en que un grupo de trabajadores deliberaba sobre temas que interesaban a la organización obrera a la cual pertenecían. Destruyeron muebles y dispararon sus armas de fuego en presencia de la policía, pero nadie los detuvo.
VIII. A partir de 1930 encontramos en la Argentina los presupuestos ideológicos y corporativos de Uriburu, asociados los mismos con el paulatino interés y apoyo de las masas. De todas maneras la fecha no constituye un corte histórico preciso. Manuel Fresco, en una conferencia en 1941 advirtió la necesidad de imponer una nueva política económica y social que solucione las dificultades del sistema imperante. La suya era una solución cuasi-fascista, él se autodeclarada militarista, opuesto al imperialismo de la “finanza internacional”, defensor del obrero, degradado y subestimado. Propone un programa similar a los presupuestos nazistas pero adaptado a la idiosincrasia del país.
IX. A partir de 1943 son renovados los principios doctrinales de la Liga Patriótica y de la Legión Cívica. En aquellos pequeños círculos de élite comienzan a despuntar, a partir de 1937, las críticas a un supuesto orden liberal que destruye el orden social establecido; y también mencionan al capitalismo foráneo que ataca a las bases de la nacionalidad.
El nacionalismo argentino en la década de 1940 institucionaliza los festejos conmemorativos de la tragedia de Chicago de 1889, estableciendo el 1 de Mayo como el Día del Trabajo (y no el día de los trabajadores). Nos encontramos con la manipulación de las masas por medio del imperialismo de la palabra y de las frases hechas. Proponen la despolitización del país y definen como revolucionario al nacionalismo.
Se entrecruzan elementos propios del marxismo y de la ideología nazi y fascista en los discursos nacionalistas y conforman una tendencia que se manifiesta en diversos sectores políticos y sociales. Estos hechos se suman al delirio militarista de la derecha, a las expresiones demagógicas populistas y a elogios a la tradición hispano criolla y a la negación política.
X. Con los elogios a las ideologías autoritarias, Cabildo manifiesta con un lenguaje demagógico que debe imponerse en el país la “justicia social”. Tres días antes del estallido del golpe militar del 4 de junio de 1943, que derroca a Castillo, en un extenso artículo editorial el Gobernador de Tucumán incluye propuestas demagógicas, entre otras el interés a la integración social. Se le suma el tema de la justicia social, propuesta que la integran a la necesidad de construir en la Argentina “grupos orgánicos”, variante del corporativismo.
En esa misma línea de propuesta se señala la necesidad de imponer un “sentimiento nacional” inserto en “la patria regenerada y reconstruida, es decir, la patria comunidad indisoluble, integrada por todos los cuerpos orgánicos sin exclusión alguna”. Conformaran al “estado total” los sacerdotes, los industriales, los militares, los hombres de ciencia, los propietarios.
De allí en más, frente a una política destinada a la conformación y uniformidad de las masas, se recurre a la propaganda y a los actos públicos realizados en sitios abiertos que movilizan amplios sectores de la población. Apoyados en los medios de comunicación masivos y en las concentraciones realizadas frente a la Casa de Gobierno (la política del balcón inaugurada por Benito Mussolini) ejercen uno de los modos más sutiles de violencia.
El éxito de los movimientos autoritarios se sustenta en la apelación a los sentimientos nacionalistas (la familia, la virtud, la raza, la pureza del cuerpo y alma, etc.). Están insertos en el discurso tres vértices del lenguaje autoritario: Dios, Patria, Hogar.
Pero eso no es todo. Quien obstaculice la acción será considerado “Traidor a la patria, y, como tal, apartado violentamente del camino de esta cruzada renovadora”. De todas maneras, como la nueva propuesta debe ser aparentemente democrática (en verdad populista), tanto gobernantes como gobernados deben estar motivados por intereses justos y nobles. Es así que oficialmente comienzan a apelar a la “justicia social” y condenan la “mala distribución de la riqueza nacional, que es patrimonio de todos”. La mística religiosa tradicional es reemplazada por la conciencia nacionalista que desvía la atención de los trabajadores.
XI. Poco a poco inculcan formas de pensamiento y de vida de carácter autoritario a la clase trabajadora. La auto represión y la represión social de las relaciones sexuales sustentan y mantienen el dominio sobre los demás. En los días de la agresión de Hitler a Polonia, Francia y Bélgica, la Argentina se opuso a prestar apoyo a los países agredidos por la barbarie Nazi.
En ningún momento tratan de despertar en los obreros el sentido de la libertad y de la responsabilidad social. Recurren a la emoción y al latente sentimiento socio-centrista arraigado en las masas.
Poco después del 4 de julio de 1943 el gobierno de facto establece por un decreto el festejo nacional del aniversario del 6 de septiembre de 1930. El tercer presidente militar del gobierno militar de 1943, Farell, salió “de sus cuarteles para terminar con un alarmante proceso de decadencia interior, resguardar la defensa de los derechos del pueblo, restaurar las instituciones del país, afirmar los principios de la moral cívica y acentuar la recuperación del patrimonio histórico, estimulando el amor y el respeto por la patria, la nacionalidad y sus símbolos inmortales”.
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