Meditaciones de Descartes

DUDA METÓDICA
Es necesario diferenciar entre duda real y duda metódica. La primera es la que utiliza el escéptico que solo duda por dudar. Descartes rechaza este tipo de duda. La segunda es aquella que utiliza el filósofo como medio para intentar averigüar si es posible llegar a algún tipo de verdad absoluta sobre la que no se pueda dudar. Esta es la duda métodica que utiliza Descartes. Al mismo tiempo la duda ha de ser universal, es decir, ha de ser aplicada a toda proposición acerca de la cual quepa la más mínima interrogación. Tambien ha de ser provisional, es decir, deberá ser abandonada desde el momento en que se llegue a descubrir un principio verdadero. Por último, ha de ser teorética. Esto quiere decir que la duda no ha de extenderse a la conducta. En el terreno de la moral estamos obligados a seguir proposiciones meramente probables.
1ª Meditación
PRIMERA EDAD
Se refiere a los estudios y al aprendizaje recibido en su época de estudiante en el Colegio Enrique IV de la Fleche. Para más información sobre esta cuestión es muy ilustrativa la información que Descartes nos ofrece en la 1ª parte del Discurso del Método acerca de las materias en las que fue instruido en ese colegio.
1ª Meditación
DESTRUIRLAS DE RAIZ
La destrucción de la que Descartes nos habla no tiene nada que ver con el ámbito social, moral o político. Sus reformas unicamente tienen una dimensión teórica y, por ello, deberían afectar exclusivamente al terreno de las opiniones. Descartes con sus reformas y destrucciones unicamente pretende ordenarse a sí mismo (y servir de ejemplo a los demás). Por ello, intenta la reforma teórica del pensamiento a partir de la razón y no la reforma social, aunque posteriormente sus ideas tambien alcanzarán este ámbito.
1ª Meditación
REPOSO TRANQUILO
En el año 1619, finalizados sus estudios, decide aprender en el Gran Libro del Mundo. Para ello se enrola en los ejercitos del principe protestante Mauricio de Nassau lo que le permite viajar por toda Europa participando en la guerra de los 30 años. En el invierno de 1619 se encuentra en un cuartel de invierno situado en una aldea de Baviera, Neuburg, con todo el tiempo del mundo para centrarse en sus reflexiones. En la noche del 10 de noviembre de 1619, tal como nos cuenta en la 2ª parte del Discurso del Método, Descartes, tendrá 3 sueños a través de los cuales descubrirá los fundamentos de una ciencia admirable.
1ª Meditación
INDUBITABLES:
Nótes que Descartes parece poner en un mismo plano de igualdad a las cosas que son manifiestamente falsas con las cosas de las que no estamos seguros de su verdad. Esta es la base de la Duda Métodica: considerar como provisionalmente falso no a lo que sabemos que es falso sino a todo aquello de lo que dudamos que sea verdadero.
1ª Meditación
EL ENGAÑO DE LOS SENTIDOS
Descartes expone aquí una de las razones que le llevan a plantear la duda métodica. Es evidente, señala, que los sentidos nos engañan y aunque tal engaño unicamente nos afectara una vez ya sería motivo suficiente para situar en el terreno de la duda todo lo que aprendemos a través de los sentidos. Ahora bien, Descartes, es consciente que no es lo mismo el engaño que nos producen los sentidos en el ámbito de lo lejano y en de lo cercano. Tenemos experiencia de que los sentidos nos han jugado una mala pasada al confundir a lo lejos una cosa con otra; ahora bien, ¿tiene sentido afirmar que los sentidos nos engañan cuando contemplamos de cerca nuestras propias manos o cuando sentimos que éstas se calientan al estar cerca de un fuego? ¿Tiene sentido dudar tambien de estas sensaciones? La respuesta cartesiana es que sí. Pero para justificarla tendrá que introducir el efecto del mundo de los sueños que tanto atraía a los hombres del Barroco.
1ª Meditación
EL MUNDO DE LOS SUEÑOS
Descartes introduce el mundo de los sueños para justificar la duda sobre el engaño de los sentidos en el ámbito de lo cercano. ¿Cómo es posible dudar de que estas manos que veo tan de cerca sean mis manos? ¿Cómo dudar de que es mi cuerpo el que está sentado aquí junto a un fuego? Descartes justifica la duda afirmando que esa misma situación la ha vivido en sus sueños. En mis sueños, afirma Descartes, veía estas mismas manos de cerca y sentía que mi cuerpo estaba sentado junto al mismo fuego. Pues bien, si alguien me preguntara cuales son las manos verdaderas y cual es el fuego verdadero que me calienta, es evidente que respondería que el que se corresponde con el estado de vigilia. Pero ¿dónde reside tal seguridad? ¿en que basamos nuestra creencia acerca de que que el mundo de la vigilia es más verdadero que el mundo de los sueños? Como todo esto produce algún tipo de duda es por que lo que, Descartes, se decide situar tambien en el ámbito de la duda metódica a todo aquello que los sentidos nos muestran en el ámbito de lo más cercano.
1ª Meditación

SOÑEMOS
Es decir dudemos que es verdad todo aquello que aprendemos a través de los sentidos tanto en lo referente a lo lejano como a lo cercano. Esto quiere decir que Descartes sitúa en el ámbito de la duda todo lo percibido por los sentidos, y esto implica dudar incluso que tenemos cuerpo o manos. Al mismo tiempo todas aquellas disciplinas que tiene por objeto la investigación de lo material ( física, astronomía, medicina…. ) quedarían tambien sometidas al terreno de la duda.
1ª Meditación
ARITMETICA
Al llegar a este punto, Descartes, parece haber encontrado una disciplina que parece evadir la duda metódica. Es evidente que la matemática no es algo que dependa de los sentidos y, además, tambien parece evadir el problema del mundo de la vigilia y de los sueños. Y es que me puede ofrecer duda porque es más cierto que las manos del estado de vigilia son más verdaderas que las del mundo de los sueños; sin embargo, cuando sumo 2+3 su resultado es el mismo ya esté despierto ya esté dormido. Por lo tanto, la duda metódica parece no afectar al mundo de la matemática y de la geometría. ¿Se hallará aquí el principio indubitable que Descartes anda buscando?
1ª Meditación
HIPÓTESIS GENIO MALIGNO
Descartes utiliza la Hipótesis del Genio Maligno para justificar tambien la duda acerca de las verdades matemáticas. Es cierto que el mundo de los sueños no plantea dudas acerca de la veracidad de las proposiciones matemáticas ya que siempre que sumamos 2+3 su resultado será 5 ya esté dormido ya esté despierto. Ahora bien, ¿y si existe algún ser todopoderoso, pero maligno, que me impulsa a errar tambien en estas cuestiones? Pùes bien, como esta cuestión le plantea a Descartes algún tipo de duda, es por lo que decide situar tambien como dudoso todo lo aprendido acerca del mundo de la ciencia matemática. Por ello dice Descartes: “creeré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todo lo externo no son más que engaños de sueños… sobre la arimética o la geometría…quizás algún Dios me ha podido dar una naturaleza tal, que yo pudiera engañarme….Permaneceré, pues, asido a esta meditación…….”.
ENGAÑADOR PODEROSO
Se refiere a la hipótesis del genio maligno, presente en la 1ª Meditación, y que habría que situar en relación con una de las tres razones que llevaron a Descartes a plantear la duda metódica.
2ª Meditación
YO SOY, YO EXISTO
Este es el principio indubitable que Descartes andaba buscando. Con el famoso cogito, ergo sum (pienso, luego existo), Descartes, se encuentra con un principio que parece resistir todas las investidas de la duda metódica. Y es que, por lo que se refiere a la duda basada en el engaño de los sentidos, este principio parece no tener nada que ver con ellos. No olvidar que el existo, del que habla Descartes, no se refiere a la existencia como algo corporal sino unicamente como pensamiento. Por ello no tendría sentido afirmar, por ejemplo, respiro, luego existo o camino, luego existo, ya que, para llevar a cabo estas funciones, se necesita del cuerpo y de los sentidos y éstos siguen estando prisioneros de la duda metódica. Tampoco se ve afectado por el mundo de los sueños, ya que esté uno dormido o despierto, la existencia del pensamiento es algo evidente. Por último el genio maligno tampoco puede hacerme dudar sobre mi existencia como ser pensante. Podría, afirma Descartes, hacerme dudar sobre la veracidad de los objetos de mi pensamiento, pero sobre el pensar en sí no puede hacerlo, ya que es evidente que tengo pensamientos.
2ª Meditación
NO TENGO CUERPO
Es evidente que a estas alturas de sus Meditaciones, Descartes, unicamente está seguro de que existe como un ser pensante ya que, ni el más poderoso de los dioses, podría lograr desuadirle de que tiene pensamientos. Pero sobre todo lo demás sigue estando presente la duda metódica. Eso quiere decir que todo lo que percibo por los sentidos, sea en lo lejano o en lo cercano, sigue siendo dudoso. Y es evidente que mi cuerpo es uno de esos objetos al que tengo acceso a través de los sentidos. Es este contexto, por tanto, la certeza sobre los cuerpos sigue estando, de momento, sometido a la duda metódica.
2ª Meditación
ACERCA DEL SENTIR
Lo mismo que se ha dicho sobre el cuerpo vale tambien para todo tipo de sensación.
2ª Meditación
ACERCA DEL PENSAR
En relación con el pensar la cuestión cambia. Descartes es consciente de que está ante una verdad evidente que ni el mayor de los poderosos genios malignos podría hacerle cuestionar. Estoy seguro, señala Descartes, de que tengo la capacidad de pensar.
2ª Meditación
UNA COSA QUE PIENSA
Descartes, despues de haber percibido la certeza indubitable de que existe como algo que piensa, se pregunta acerca de la naturaleza de ese algo. ¿Qué soy yo? En estos momentos de su investigación su respuesta es clara: no puedo decir que sea un cuerpo, puesto que tal certeza sigue aún prisionera de la duda metódica. Unicamente estoy seguro de que tengo pensamientos. Esto le lleva a concluir que, con certeza, es un ser pensante, una cosa que piensa (res cogitans).
2ª Meditación
MODOS DE PENSAR
Más adelante, Descartes, diferenciará entre modos de pensamiento e imágenes de las cosas con el objeto de señalar que sobre los primeros no tiene sentido decir que son verdaderos o falsos. Pues bien, en estos momentos está haciendo referencia a la base que le permitirá establecer tal distinción. La evidendia del pensamiento y la certeza de ser una cosa que piensa, quiere decir que, de lo Descartes está totalmente seguro, es que en él existe una facultad (modo de pensar) que le permite pensar, sentir, dudar, querer, etc. Puede ser que los objetos sobre los que piensa, siente, duda, quiere sean falsos; pero lo que es absolutamente cierto es que posee estos modos de pensar (facultades) que le permiten ejercer tal función.
2ª Meditación
PENSAMIENTOS
Con el descubrimiento del Cógito, ergo sum, Descartes, concibe de modo claro y distinto que es un substancia pensante, es decir, un ser que tiene pensamientos o ideas. Ahora bien, si Descartes finalizará aquí su investigación desembocaría en una especie de solipsismo al tener que reconocer que unicamente está seguro de que piensa pero que sobre los objetos de tal pensamiento sigue la duda. No se puede olvidar que, a estas alturas de su 3ª Meditación, la duda sobre la certeza de las cosas corporeas e, incluso, de las verdades matemáticas siguen estando presente. Como Descartes es consciente de ello, decide seguir sus reflexiones con el objeto de averigüar algo acerca de la certeza de las cosas que no son pensamientos. Lo que sucede es que, para llevar a cabo tal investigación, tiene que partir necesariamente del pensamiento como tal ya que éste es la única realidad con certeza apodíctica. Del pensamiento debe abrirse a las cosas. De ahí que Descartes inicie la 3ª Meditación analizando la naturaleza de los pensamientos o ideas.
3ª Meditación
IMAGENES DE LAS COSAS
Descartes hace referencia a dos clases de pensamientos o ideas. Unos son como imágenes de las cosas, es decir, son los pensamientos que reflejan aspectos de la vida exterior o interior del sujeto. Cuando, despues de ver el sol, pienso en él lo represento, es decir, pienso en él a través de una imagen situada en mi interior. Descartes denomina a estas imágenes de las cosas como Juicios.
3ª Meditación
OTROS PENSAMIENTOS
Otra clase de ideas son las que Descartes denomina como Modos de Pensamiento. Estas ideas o pensamientos son distintos de las imágenes pues no representan a ningún tipo de objeto sino que aquí el pensamiento es considerado como una facultad que nos permite pensar, desear, afirmar o negar. Además esos Modos de Pensamiento no pueden ser verdaderos ni falsos ya que lo es verdadero o falso no es el pensamiento en sí sino los objetos que tal pensamiento considera. Descartes denomina a los modos de pensamiento como voluntades o afectos.
3ª Meditación
LOS JUICIOS
A partir de ahora, Descartes, excluye de su investigación los modos de pensamientos, ya que éstos no son ni verdaderos ni falsos, y se centra en el estudio de aquellas ideas o pensamientos que son imágenes de las cosas (Juicios) y que si pueden ser verdaderos o falsos.
3ª Meditación
ERROR DE LOS JUICIOS
A partir de ahora, Descartes, inicia el análisis de lo que él considera com el principal error de las ideas o pensamientos como imágenes de las cosas, (juicios) y que consiste en dos cuestiones:
1. Creer que las ideas son parecidas a las cosas que representan
2. Pensar que las cosas son la causa de las ideas que representan, es decir, que las ideas,como imágenes de las cosas, proceden de tales cosas.
3ª Meditación
IDEAS INNATAS
De entre los pensamientos o ideas como imágenes de las cosas, Descartes, habla de las ideas innatas. Tales ideas no son aquellas con las que uno nace sino ideas que nos permiten aprehender lo que son las cosas, la verdad y el pensamiento.
3ª Meditación
IDEAS ADVENTICIAS
Otra clase de ideas, como imagen de las cosas, se corresponde con las ideas adventicias, es decir, aquellas ideas que provienen del exterior, como, por ejemplo, oir un estrépito, ver el sol o sentir el fuego.
3ª Meditación

IDEAS FACTICIAS
Son aquellas ideas que representan cosas inventadas por uno mismo, como, por ejemplo, una sirena o un hipógrifo.
3ª Meditación
EXAMEN DE IDEAS ADVENTICIAS
A partir de ahora, Descartes, deja de lado las ideas innatas y las ideas facticias y se centra en el examen de las ideas adventicias, es decir, de aquellas ideas tomadas de las cosas existentes fuera de mí.
3ª Meditación
IDEAS PARECIDAS A LAS COSAS
Tal como queda señalado anteriormente, y, en relación con las ideas adventicias, Descartes, descubre que parece existir una tendencia a dar por hecho que, entre las cosas y las ideas que representan a tales cosas, existe un parecido. ¿Pero es realmente así?
3ª Meditación
LA NATURALEZA
En el análisis sobre el parecido entre cosas e ideas, Descartes, establece una diferencia entre naturaleza y luz natural. Define a la naturaleza como impetu, tendencia o creencia. Esta tendencia natural es la que nos lleva a creer que, como las ideas que tenemos sobre las cosas suceden al margen de nuestra voluntad, entre la idea y la cosa existe un claro parecido.
3ª Meditación
LUZ NATURAL
Descartes identifica la luz natural con la razón y la contrapone a todo aquello en lo que creemos por naturaleza. Ello implica, por tanto, que puede ser que creamos algo por naturaleza y que, sin embargo, se nos revele como totalmente falso cuando, tal creencia, es sometido al tribunal de la luz natural.
3ª Meditación
PROCEDENCIA IDEAS
En la 3ª Meditación, Descartes, no analiza unicamente si existe parecido entre las cosas y las ideas sino tambien si las ideas proceden de las cosas. Y es que por naturaleza tambien tendemos a creer que las ideas que tenemos sobre las cosas tienen su causa en estas mismas cosas. Lo que sucede es que la luz natural nos puede mostrar que tal creencia, basada en la naturaleza, no se corresponde con la verdad.
3ª Meditación
IDEAS Y COSAS NO SE PARECEN
Descartes, sobre la base de la luz natural, analiza ahora si es cierto que existe un parecido entre las cosas y las ideas. Para ello se sirve del ejemplo del sol. Tenemos dos ideas que representan al sol. Una de ellas la recibimos a través de los sentidos y procede de la cosa; la otra la recibimos a través del estudio astronómico y el cálculo. ¿Cuál de estas dos ideas se parece más a lo que realmente es el sol? La respuesta es clara: la que recibimos del mismo sol, como cosa u objeto que vemos, es la que más se aleja del sol verdadero. Es la idea que no procede de la visión del sol, la que más se parece a lo que el sol realmente es.
3ª Meditación
IGUAL REALIDAD EN CAUSA Y EFECTO
Descartes establece, casi como un axioma, el principio que establece que debe haber, al menos, igual realidad en una causa y su efecto. La utilización de este principio le sirve para analizar la cuestión, planteada anteriormente, acerca de si las cosas son la causa de las ideas, es decir, si es cierto que las ideas proceden de las cosas. Sobre la base de este principio es evidente que la respuesta tiene que ser negativa. Si una cosa es la causa de que exista en mi la idea que la refleja, es evidente que tal cosa, como causa, debería tener, al menos, la misma realidad que el efecto (idea). Ahora bien, la idea es una realidad inmaterial. Ello implica, por tanto, que si una piedra es la causa de que exista en mí su idea, y yo soy una substancia pensante e inmaterial, entonces la piedra debería ser tambien una substancia pensante y inmaterial, algo que resulta absurdo defender.
3ª Meditación
CONCLUSIÓN
Despues de haber señalado como la luz natural nos muestra que no está nada claro que exista parecido entre cosas e ideas; y que tampoco es evidente que las ideas procedan de las cosas, Descartes, intenta sacar las consecuencias de todo ello. Una de esas consecuencias es la de intentar averigüar de dónde proceden las ideas que existen en su mente. Por lo establecido hasta ahora, según la luz natural, las cosas no parecen ser la causa de las ideas. Ahora bien, si no son las cosas la causa de las ideas, entonces parece que tal causa es uno mismo. Pero si es uno mismo, entonces unicamente estamos seguros de la existencia del Yo, con lo que desembocamos de nuevo en el solipsismo y la negación de la certeza de las cosas materiales. Ante este dilema, Descartes, cree necesario y esencial intentar descubrir algún tipo de idea, de la cual uno mismo no fuera la causa, ya que nos permitiría poder defender la existencia de una realidad, diferente a uno mismo, y que fuera la causa de tal idea.
3ª Meditación
IDEA DE DIOS
De entre la ideas, que Descartes dice tener, una de ellas representa a Dios. ¿Podría ser uno mismo la causa de que exista en él tal idea?
3ª Meditación
IDEA DE COSAS CORPOREAS
Otra de las ideas que dice tener Descartes se refiere a las cosas corporeas. ¿Podría ser uno mismo la causa de tal idea? Su respuesta es afirmativa. Es cierto, argumenta, que las cosas son algo material y yo soy una substancia pensante e inmaterial, lo que parece invalidar que uno mismo pueda ser la causa de tal idea (por supuesto tampoco la cosa podría ser causa de la idea, tal como hemos visto anteriormente). De todos modos, dado que tanto uno mismo como la realidad material son substancias, no resultaría absurdo pensar que uno mismo, en cuanto substancia, pudiera ser la causa de otra realidad que tambien lo es.
3ª Meditación
IDEA DE LOS ÁNGELES
Descartes afirma que uno mismo podría ser la causa de que en él existiera la idea de los ángeles. ¿Cómo es esto posible, en el caso de los ángeles, y no es posible -como veremos- con la idea de Dios? Descartes señala que uno mismo podría crear la idea de ángel ya que concibe al ángel -al modo tomista- como algo inmaterial, formal e inmortal, pero, al mismo creado, como algo finito, es decir, creado. Pues bien, si uno se analiza a sí mismo se encuentra que como substancia pensante es tambien algo inmaterial. Pero, además, afirma Descartes, tambien tengo en mí la idea de algo puramente inmaterial como es Dios. ¿Por qué no pensar que a partir de la idea que tengo de mi mismo, como cosa pensante e inmaterial, y de la idea que tengo de Dios podría crear la idea de otra entidad (ángel) aunque no hubiera ángeles en el mundo?
3ª Meditación
IDEA DE HOMBRES PARECIDOS A MÍ
Del mismo modo uno mismo podría ser la causa de la idea de otros hombres. Descartes quiere señalar con esto que, a partir de la idea que tiene de sí mismo, no sería absurdo que pudiera crear la idea de otros hombres que se parecieran a él, incluso aunque no existiera hombre alguno en el mundo.
3ª Meditación
¿QUE SUCEDE CON LA IDEA DE DIOS?
A esta altura de la 3ª meditación, Descartes, parece haber mostrado que uno mismo podría ser la causa de que existan en él ideas que se refieren a las cosas corporeas, a los ángeles y a otros hombres parecidos a él. Ahora bien, además de estas ideas, tengo en mí -dice Descartes, una idea que representa a una substancia infinita, independiente, omnisciente y omnipotente. ¿Podría ser yo mismo la causa de esa idea?……….
3ª Meditación
DIOS EXISTE
Se está refiriendo aquí a la Prueba Gnoseológica de la existencia de Dios.
4ª Meditación
CONOCIMIENTO DE OTRAS COSAS
Establecido de modo irrefutable, según Descartes, que Dios existe, sería el momento en intentar averigüar sobre la certeza de las cosas materiales. Y es que no se puede olvidar que, a estas alturas de su Meditación, Descartes, unicamente está seguro que es una substancia pensante y que Dios existe. Sobre las demas cuestiones (mundo de los sentidos y certeza de las cosas materiales) sigue estando presente aún la duda.
4ª Meditación
DIOS NO ENGAÑADOR
Desde el momento en que la existencia de Dios está demostrada, la hipótesis del genio maligno parece desaparecer ya que no pueden ser atributos de Dios ni la malicia ni la necedad. Ahora bien, si Dios deja de ser un genio maligno, entonces, siempre que se vea de un modo claro y distinto, la certeza de cuestiones referidas al mundo de la arimética y de la geometría, la duda debería desaparecer.
4ª Meditación
FACULTAD DE JUZGAR
A partir de ahora se inicia el tema central de la 4ª Meditación, es decir, el análisis sobre el porque nos equivocamos y cometemos errores. Es evidente, afirma Descartes, que existe en nosotros una facultad de juzgar que hemos recibido de Dios. Si aplicaramos esa facultad para pensar unicamente a Dios, no nos deberíamos equivocar. Pero cuando la aplicamos hacia nosotros mismos y las cosas, entonces surgen innumerables errores. ¿Cómo explicar que Dios nos haya creado con una facultad de juzgar que nos lleva a cometer errores?
4ª Meditación
CAUSA DE LOS ERRORES
Para explicar la causa de los errores, aún habiendo sido creados por Dios, Descartes, trae a colación dos cuestiones. La primera hace referencia al hecho de que existe en él una idea positiva de Dios como ser perfecto. La segunda a la cuestión de que, además de esa idea positiva de Dios, tambien existe en él una idea negativa con base en la nada o no-ser. Pues bien, Descartes, como ser pensante, dice situarse como algo intermedio entre el ser perfecto y el no-ser o la nada y que, por tanto, se siente participe, en cierto modo, de la nada.
4ª Meditación
EL ERROR COMO DEFECTO
El que Descartes se sienta como algo intermedio entre la perfección divina y el no-ser de la nada le sirve para justificar que la causa del error no reside en la perfección divina sino en la participación que él, como ser pensante, tiene de la nada. Esta imperfección explica que la causa del error no provenga de Dios, sino de su imperfecta facultad para enjuiciar lo verdadero.
4ª Meditación
EL ERROR COMO PRIVACIÓN
Pero el error, para Descartes, no es unicamente una participación de la nada, es decir, una pura negación, sino que es tambien una privación. Esta idea implica la falta de algo en un ser que no es perfecto y que, en este caso, representa la ausencia de una capacidad de juicio que le lleve siempre a descubrir lo verdadero.
4ª Meditación
HABIL ARTISTA
Descartes vuelve a plantear, con el objeto de analizarlo, algo a lo que ya había hecho referencia anteriormente: ¿cómo es posible que Dios – que se supone un habil artista – haya creado una obra imperfecta, en este caso al ser humano, que comete errores a la hora de juzgar?
4ª Meditación
LOS MOTIVOS DE DIOS
La 1ª respuesta de Descartes a la cuestión de por qué Dios lo ha creado como algo imperfecto le sitúa como un hombre moderno que asume ya el desgajamiento existente entre el mundo de la Filosofía y el de la Teología. No corresponde a la Filosofía, afirma Descrates, investigar acerca de los motivos que llevaron a Dios obrar de un modo u otro.
4ª Meditación
FISICA Y CAUSAS FINALES
Si la primera reflexión cartesiana, acerca del por qué Dios nos ha creado con una facultad de juicio que nos lleva errar, lo lleva a situarse fueran del ámbito de la teología; esta 2ª reflexión es mucho más profunda y demoledora: si no es labor de la filosofía preocuparse por analizar los motivos y los fines del obrar de Dios, ¿qué sentido tiene que la ciencia física postule la existencia de causas finales? Ahora bien, negar la importancia de las causas finales implica cuestionar la filosofía aristotélico-tomista, predominante y prepotente aún en la época de Descartes. No debemos olvidar que toda su formación filosófica en el Colegio de la Fleche tenía su base en Aristóteles y el Tomismo. Tampoco deberíamos olvidar que su contemporaneo Galileo, desde el ámbito de la investigación científica, llegará a conclusiones parecidas. La filosofía moderna se está iniciando.
4ª Meditación
LOS FINES DE DIOS
Descartes deja claro, por tanto, que averigüar la causa del por qué es un ser que comete errores, no puede basarse en el conocimiento de los fines del obrar de Dios. La única vía posible de análisis es el intentar buscar una respuesta a esta cuestión partiendo de sí mismo e investigándose a sí mismo.
4ª Meditación
DOS CAUSAS CONFLUYENTES
Según Descartes, son dos las causas que explican el por qué cometemos errores. Ahora bien, esas dos causas – el intelecto y la voluntad – no hay que considerarlas de un modo separado sino de modo confluyente. Además, la causa del error, como veremos más adelante, no está en el intelecto y la voluntad consideradas como facultadades en sí.
4ª Meditación
EL INTELECTO
Considerado estrictamente, y, en sí mismo, el intelecto es unicamente la facultad que nos permite percibir las ideas. Desde este punto de vista, no se encuentra en él ningún tipo de error.
4ª Meditación
VOLUNTAD O LIBRE ARBITRIO
Del mismo modo que sucede con el intelecto, la voluntad, considerada en sí misma, es unicamente la facultad que nos permite hacer o no hacer una cosa. Desde este punto de vista, tampoco se encuentra en él ningún tipo de error.
4ª Meditación
IMAGEN DE DIOS
Según Descartes, del mismo modo que el intelecto es en uno algo exiguo y finito mientras que en Dios es inmenso e infinito; la voluntad o libre arbitrio parece ser algo inmenso en uno mismo. Y aunque en Dios la voluntda es mucho mayor que en el hombre, lo cierto es que no parece ser mayor formal y estrictamente considerada. Este parecido entre voluntad divina y humana es lo que explicaría, según Descartes, el que estemos hechos a imagen y semejanza de Dios.
4ª Meditación
CAPACIDAD DE QUERER
La capacidad de querer representa aquí a la voluntad o libre arbitrio. Considerada en sí misma no es la causa de nuestros errores.
4ª Meditación
CAPACIDAD DE CONCEBIR
La capacidad de concebir representa aquí al intelecto. Considerado en sí mismo no es la causa de nuestros errores.
4ª Meditación
¿DE DONDE NACEN LOS ERRORES?
Despues de haber aclarado que, aunque la causa de los errores, reside en la existencia del intelecto y de la voluntad pero no considerados como facultades, Descartes, se pregunta en qué sentido son, entonces, la causa del nacimiento de nuestros errores.
4ª Meditación
RETENCIÓN DE LA VOLUNTAD
Uno de los probemas de la voluntad o libre arbitrio es que es más amplia que el intelecto y, por su propia naturaleza, tiende a sobrepasar los limites del intelecto. Por ello hay que retenerla ya que sino se corre el peligro de aceptar por verdadero algo que todavía el intelecto no ha percibido como claro y distinto.
4ª Meditación
MAL USO DEL LIBRE ALBEDRÍO
La causa principal de que cometamos errores reside en el mal uso que hacemos del libre albedrío o voluntad (notar que Descartes utiliza estos término al modo de Tomás de Aquino para el cual ambos conceptos son identificables con la única diferencia de que la voluntad tiende, por naturaleza, al bien en general; mientras que el libre albedrío puede hacerlo hacia los bienes particulares).
4ª Meditación
POR TODO ELLO (CONCLUSIÓN FINAL)
Descartes establece como conclusión final de la 4ª Meditación: siempre que contengamos la voluntad al emitir un juicio, de manera que se extienda tan sólo a lo que el intelecto le muestre clara y distintamente, no puede ser que uno se equivoque.
4ª Meditación

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